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Mar del Plata y la “demonización” de las fiestas electrónicas

Esta semana, el Intendente decidió prohibir la realización de fiestas electrónicas por asociarlas directamente al consumo de drogas sintéticas y para evitar posibles muertes. ¿Es la solución? ¿Qué alternativas hay?

Por Redacción LP

sábado 14 de enero, 2017

El martes pasado, el intendente Carlos Fernando Arroyo determinó que no autorizará la realización de nuevas fiestas electrónicas en la ciudad. Esta decisión se argumentó en asociar directamente a este tipo de evento con el consumo de drogas de diseño. “En los últimos años la realización de estas fiestas aumentó significativamente y cada vez son más las personas que se suman a este tipo de eventos que incorporaron en su modalidad el consumo de drogas sintéticas”, aduce el documento firmado por el Jefe Comunal a través del cual prohíbe la ejecución de nuevas raves en todo el territorio del Partido de General Pueyrredon.

En otro apartado, el decreto sostiene que la “proliferación” de las fiestas electrónicas produjo “fallecimientos provocados por distintas disfunciones originadas por el consumo de drogas de diseño”, despertando la polémica en distintos sectores, quienes aseguraron que esta medida es “inconstitucional” y que en otros lugares del mundo, el Estado “garantiza los controles” en lugar de prohibir.

Por esas razones, entre otras, se definió “no autorizar la realización” de nuevos eventos de este tipo y se solicitó a “todas las Fuerzas de Seguridad” y a las “distintas Secretarías del Municipio” que lleven a cabo “una vigilancia exhaustiva” de las fiestas previstas para este fin de semana, refiriéndose a las que ya contaban con la autorización correspondiente, dado que el decreto no puede ser retroactivo a la fecha de firma, 10 de enero pasado.

La psicóloga Jorgelina Di Iorio, integrante de Intercambios, una Asociación Civil para el estudio y atención de problemas relacionados con las drogas, explicó a El Marplatense que las drogas sintéticas o de diseño son un tipo de sustancias psicoactivas estimulantes que generan determinados efectos asociados a un aumento de la sociabilidad y a una intensificación de las sensaciones emocionales y sentimientos de cercanía hacia los demás.

Si bien no puede afirmarse bajo ningún punto de vista que toda persona que concurre a una fiesta electrónica consume este tipo de drogas, lo sucedido el 1° de enero último durante un evento de estas características en Arroyo Seco, Santa Fe, en la que dos jóvenes de 20 y 34 murieron luego de haber consumido éxtasis, reavivó el debate y continuó con la “demonización del consumo” iniciada luego de que murieran cinco jóvenes que habían consumido drogas de este tipo durante la Time Warp, una rave que tuvo lugar en abril pasado en Capital Federal.

“Todo consumo de sustancias acarrea riesgos, pero en este tipo de drogas el mayor peligro reside en que se adulteran y ‘cortan’ con otro tipo de productos que generar efectos indeseados, y no tener información sobre lo que se consume implica un gran riesgo”, sostuvo Di Iorio, quien ahondó que la mezcla de estupefacientes y la no hidratación puede tener consecuencias fatales.

El peligro de la clandestinización

Según precisó la integrante de Intercambios AC, las drogas sintéticas tienen un patrón de consumo que indica que es habitual que se utilicen en escenarios de este tipo y no cotidianamente, por lo que puede existir cierta asociación, pero, dado que hay “evidencia científica de que las políticas de reducción de daño causado por drogas son mucho más efectivas que las políticas punitivas para pensar el cuidado”, caer en el prohibicionismo no sería la solución.

“Prohibir las fiestas termina generando que se realicen clandestinamente, corriendo el escenario y aumentando los riesgos. Si hay una situación que requiera una intervención sanitaria, más allá de que sea originada por el consumo de droga o no, quizás una ambulancia siquiera pueda llegar”, aseguró la psicóloga, y agregó: “Hay evidencia científica de que la guerra contra las drogas generó más muertes de las que evitó”.

“Afirmar que van a dejar de existir con este tipo de prohibiciones, es una utopía. Vemos a diario la proliferación de nuevas sustancias que así lo demuestran”, indicó la psicóloga.

La articulación, factor clave para la prevención

Por otro lado, Di Iorio sostuvo que, como alternativa a la prohibición, deben confeccionarse políticas de salud que articulen la intervención del Estado, de organizadores e, incluso, de los usuarios de sustancias psicoactivas, para generar acciones de cuidado con el objetivo de prevenir desenlaces no buscados.

Entendiendo que el consumo de drogas es una realidad ineludible, es fundamental crear espacios de contención y asistencia, tales como puestos de información, de hidratación y de descanso donde el asistente pueda oxigenarse y “bajar” de la euforia generada por la música, más allá de garantizar la presencia de agentes sanitarios para intervenir ante cualquier tipo de eventualidad.

En ese sentido, la psicóloga mencionó una actividad que se realiza en otros países del mundo como España o Colombia, donde en el ingreso a este tipo de eventos se realiza un testeo de sustancias a través del cual los consumidores pueden tomar conocimiento sobre su composición y decidir si ingerirlo o no. De este modo, se puede intervenir antes del consumo y hasta evitarlo.

Por su parte, Fabián Messina, responsable de Posada del Inti, indicó a este medio que es necesario “entender que el problema está instalado” para poder “abordarlo desde distintos sectores” para reforzar la prevención y la asistencia. Según adelantó, se encuentran trabajando en un programa de concientización sobre el uso de estupefacientes para minimizar el daño.

“Hay que asumir que existe un consumo y es menester informar cuál es el margen de error para evitar tragedias”, sostuvo Messina.

También debe tenerse en cuenta que en estos encuentros son frecuentados por personas que decide consumir por primera vez este tipo de drogas, dado que, en la mayoría de los casos, el desconocimiento implica un riesgo, ya sea por no saber qué se está tomando o qué efectos genera, o por considerar que el efecto no está llegando y consumir más dosis de las que el cuerpo resiste. Por eso, la falta de información puede considerarse uno de los mayores riesgos que se corren, tal como coincidieron Messina y Di Iorio.


 

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