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PASO: Vidal y “el cambio dentro del cambio”

Por Nicolás Mondino

Por LP

miércoles 16 de agosto, 2017

Y pasaron las PASO, para hacer un juego obvio e innecesario de palabras. La cuestión es que estamos en los días después. Después de conocerse los resultados, aunque algunos parecía que no se iban a saber nunca. Después de tantos ganadores y sólo algunos perdedores. Estamos en el momento post elecciones, puntualmente, post primarias y nada ha cambiado demasiado. Primeras impresiones de la foto completa, primeras caras de rostros cansados ante una noche larga que concluyó otros tantos días largos.

Primero lo primero, decir que hubo muchas ratificaciones. Si algo tuvo de importante estas PASO, fue confirmar la necesidad de una discusión profunda sobre las mismas, su necesidad, su validez y su continuidad.

Tiendo a pensar que toda instancia democrática es valiosa, incluyendo esta, pero viendo lo sucedido es difícil la defensa. El cansancio de la obligación para definir poco, entre quienes representan poco; como viene ocurriendo desde su creación, la baja asistencia a los comicios y, los que fueron, el poco conocimiento sobre qué se votaba y quiénes los representarían mejor; el voto esquivo, más relacionado a los otros que a quienes se vota; la excesiva cantidad de participantes, que en algún caso no llegaron ni a los votos que se necesitaría para integrar una comisión directiva de un club barrial; la veda innecesaria y no respetada; la erogación en economías estatales muy castigadas; todo para obtener resultados que, más menos, sólo sirvieron para que los que sabían que estarían en carrera, ratifiquen o cambien su estrategia de cara a octubre.

En definitiva, una gran encuesta con casos reales que no ha definido casi nada, motivada por la crisis de los partidos políticos y sus disputas internas que ni siquiera se cumplen. Sinceramente, no sé si estoy de acuerdo con la eliminación de las PASO por más costosas que sean, aunque seguramente necesitan una revisión integral motivada de una discusión seria y multisectorial.

Dentro de este sistema, excediendo ya la frontera de las primarias, la metodología de voto también necesita ser atendida. Faltantes de boletas, listas sábanas, autoridades de mesa que no aparecían, suciedad, complicaciones con las clases, largas colas, documentos, papelitos certificados y muchos etcs, nos hacen pensar en opciones no sólo más modernas de elección, sino más efectivas. Como gran vedette de las carencias la demora en los resultados casi inadmisibles en estos tiempos. No, no es de ansiedad, ni porque haya que haberse quedado hasta altas horas para tener un panorama más o menos cercano, sino que todas estas cuestiones dan lugar mínimamente a la suspicacia, para no hablar de acciones presuntamente fraudulentas ya que carezco de pruebas para decirlo.

Hecha esta base de conclusiones, a las cuales entiendo las más importantes, hablemos de los resultados. La gran ganadora de la elección fue Vidal, al menos en esta instancia y, muy probablemente, de cara a futuro. La imparable gobernadora bonaerense se cargó la campaña al hombro y fue desde el timbreo, hasta pelearse con Brancatelli. De todo ha hecho la mandataria para ser la cara visible. No creo equivocarme si digo que la mayoría votó a Vidal, aunque ella no haya sido siquiera candidata testimonial.

Al decir esto, espero se entienda que no estoy emitiendo opinión con respecto si eso es bueno o malo a mi consideración. Simplemente, es lo que es. Hoy, la mandataria bonaerense podría jugar contra Boca en la Bombonera y ganaría el partido. Está, políticamente hablando, en un pico de aceptación y acompañamiento que pocas veces se ha visto hacia algún dirigente en la Argentina. Mucho menos en estos tiempos de poca confianza y falta de credibilidad hacia la política.

En la pelea de fondo no fue Bullrich el que ganó, empató, o perdió por poco margen, lo hizo Vidal. Vidal le compitió a Cristina. Fue una batalla fuerte que necesita muchas lecturas, aunque se trate de un empate técnico.

Empate técnico en la pelea de fondo, Massa como tercera fuerza y Randazzo entrando cuarto, pero llegando a octubre en su pelea a futuro. Ganaron todos, podríamos decir en general.

Cumplieron con sus expectativas. Quizás, hilando finito, Unidad Ciudadana sería el único perjudicado ya que Cristina esperaba una victoria, no sé si cómoda, pero victoria al fin. Claro, no todo está dicho, falta octubre, aunque los votos de Cambiemos sería muy difícil que migren de aquí a las próximas.

No dejo de pensar en 2015 cuando hablo de los resultados. Muy similares elecciones, aunque estas sean legislativas. Paridad en la supuesta polarización y Massa como tercera fuerza. Resultados que, a priori, parecían darle por ganada la contienda a un sector y que, con el correr de las horas, se va a la paridad, incluso ganando quien venía detrás. La gran diferencia fue que no hubo graph que dijiese “Ganó Scioli” en esta oportunidad. Todos nos cuidamos demasiado de no cometer el error que tan mal parados dejó a aquel medio y puntualmente a un periodista o militante, como quieran llamarlo. Hubo mucha cautela esta vez, bienvenida sea.

Y por casa, ¿cómo andamos? Por General Pueyrredon no hubo sobresaltos y casi podría replicar lo que dije recién sobre lo nacional, sólo cambiando los nombres. En Mar del Plata, también ganó Vidal. Es claro que la gran mayoría de los que votaron a Cambiemos no lo hizo para ratificar el rumbo de Arroyo y, me atrevería a decir, que ni siquiera fue un voto directo a Vilma.

Entiendo que en nuestro distrito se votó la nacional y el resto fue arrastre. En esa línea, las urnas eligieron Cambiemos, por más de un motivo que se podría enumerar. El primero de ellos, porque no tenemos una sociedad muy peronista que digamos, así lo marca la historia misma de nuestra ciudad. En segundo término, porque se eligió “en contra de”. Es decir, volvió el voto para que no gane el otro, en este caso Cristina o Pulti, viniendo más a lo local. Hubo mucho de eso, créanme. Y, por último, entre muchas otras que podríamos enumerar, la figura de Vidal. A esta altura, la gobernadora tiene en el electorado marplatense una muy fuerte aceptación. Por estos y otros motivos, es que arrasó cambiemos en Mar del Plata.

Para hacer un análisis un poco más puntual sobre los motivos de esta victoria, teniendo en cuenta el bajo acompañamiento al ejecutivo municipal que es parte de la coalición, yo me voy a quedar con algo que ha dicho Daniel Katz en una nota que le hicimos en Radio Mitre Mar del Plata, “el cambio dentro del cambio”. Aunque se niegue de ambas partes, a Arroyo lo escondieron en la campaña, lo sacaron del medio, se mostró a cambiemos en Mar del Plata como si fuese otra cosa distinta. Como si no tuvieran nada que ver. Se presentó a la lista como una alternativa, siendo que la mayoría de los candidatos estaban relacionados directa o indirectamente a esta gestión. Pero funcionó y me quedo con eso de Katz, “el cambio dentro del cambio”, eligió el marplatense y batánense.

De ahí para abajo, bastante más abajo, las otras fuerzas. Segundo lugar para Unidad Ciudadana, con un candidato poco conocido pero sólido como Marcos Gutierrez y pese a las internas del kirchnerismo, el arrastre lo llevo al segundo lugar del podio.

Tercera fuerza, sí, 1País. ¿Entienden por qué decía que es una réplica de la nacional? Cambiemos, Unidad Ciudadana y 1País. La cuestión es que el massismo con el Gen se mostraron alegres ante los resultados de la PASO, que los ubicó como la tercera fuerza.

Y la pregunta de alguien que está leyendo esto sin saber demasiado sería “che, ¿y las internas?” ah, de eso quería hablarles. La más reñida fue la de Acción Marplatense, donde quizás estuvo lo más relevante de esta elección. Hubo de todo en las huestes de Pulti y ahora también de Bonifatti, porque creo que ahí está el quid de la cuestión. La renovación del partido que planteaban los de “la casa de 20”, se contraponía a las aspiraciones plenamente electoralistas que tenían como objetivo quienes respondían al ex intendente. Con el correr del recuento de votos se pasó de la euforia a la tranquilidad y viceversa. Creo que, como dije antes, hubo mucho voto “en contra de” en esta interna también. No lo digo en desmedro de Juan Rey, sino porque creo que muchos de esos votos fueron pensando en Pulti. No muy bien, por cierto.

De cualquier modo, una pésima elección del partido que supo gobernar la ciudad durante ocho años. Lo que antes era un equipo de punta, hoy lo vemos peleando entre el 8 y el 9%, juntando ambas partes y con algunos votos que podrían migrar debido a que se votó a Rey sólo por la interna.

En el Randazzismo, Maraude se adjudicó la victoria por sobre el resto de sus competidores, de los cuales se destacaba Pepe San Martín y no mucho más. Tanto este sector, como la Izquierda, con el eterno candidato Alejandro Martínez, estarán en octubre pero lejos, por ahora, de alcanzar el 8,33% que se necesita para alzarse con una banca en el deliberativo.

En síntesis, veo que el resultado de la elección nos puede dejar la necesidad de discutir las Paso y la forma de votación. Que en lo plenamente surgido del escrutinio (muy lento, por cierto), se repite el mismo espíritu que en 2015. Pienso en “el cambio dentro del cambio”, como concepto general, tal como lo decía Katz. Se nota la polarización, la importancia del arrastre, la comodidad de la tercera fuerza y la derrota pesada en Acción Marplatense, al menos como la conocíamos hasta el domingo. En política, en un año de campaña electoral, todo puede pasar aún, aunque no creo que se modifique demasiado este panorama en los próximos meses. Y, por último, el mensaje final, el popular, el que importa es el pedido de cambio, aunque eso no necesariamente signifique Cambiemos.

 

Nicolás Mondino – Periodista

 


 

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