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Nahuel Solís, el marplatense que trabaja en la Antártida

En la Universidad Nacional de Mar del Plata conoció los programas de investigación en región antártica. Se interesó, se capacitó y ahora vive en el lugar que captó su atención desde el primer momento. Estuvo cuatro meses sin ver el sol, pero sí pudo observar auroras boreales. También debió soportar vientos de más de 200 kilómetros por ahora, pero con una pasión a flor de piel, que se refleja cuando habla.

Por Redacción

domingo 27 de agosto, 2017

En la Antártida se viven fenómenos climáticos curiosos, como la noche o el día “polar”, donde el sol se oculta o no se esconde por cuatro o cinco meses. Auroras boreales, vientos de más de 200 kilómetros por hora, todo cubierto por la nieve. Este clima, en algunos casos impredecible, no impide la labor científica en las bases argentinas.

Nahuel Solís es un marplatense que se encuentra trabajando en la Base Belgrano II, la más austral que tiene el país, que está más cerca del Polo Sur que de Ushuaia. Con mucho entusiasmo, dialogó con El Marplatense sobre su tarea, el camino hasta llegar allí y la vida en la base.

“Formamos parte de la Dirección Nacional del Antártico, somos tres que hacemos el trabajo científico, dos que hacen de meteorología, y el resto que conforma el personal de 21 integrantes son el ejército, encargados de la logística”, detalló Nahuel en comunicación con este medio. “En el laboratorio, tenemos distintos proyectos que formarían partes de disciplinas de ciencias de la tierra, estudio de la atmósfera, y tenemos un total de 16 equipos”, agregó.

De Mar del Plata a la Antártida

Nahuel asistía a la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde se enteró de los trabajos científicos en la Antártida. “Yo estaba estudiando Ingeniería Electromecánica y me recomendaron entrar a la pagina de la Dirección Nacional del Antártico para informarme más”, comenzó a narrar.

“Justo se abrían las convocatorias y ahí arranca un proceso de selección. Yo me postulo por mail, mandando un currículum, y eso te habilitaba a rendir un examen que incluía una parte electrónica y parte informática. Cuando pasé, arrancó el segundo proceso de selección, que es un examen psicofísico y arrancan las entrevistas con el personal de psicología de la base”, añadió Solís al respecto.

Está claro que no fue un recorrido fácil. Después de superar los exámenes, debió someterse a otras capacitaciones y hacerse a la idea de que es un trabajo por un año, sin posibilidad de volver al continente.

“Partimos el 16 de diciembre. Esta base es la más complicada de llegar, tuvimos que tomar un avión a Ushuaia, ahí esperábamos que se abra una ventana climática para llegar a un campamento intermedio”, describió Nahuel, ya que el avión no puede aterrizar en la base Belgrano. Tras un par de días, llegaron al “Glaciar Unión” y de ahí tomaron otro vuelo en una avioneta, que podía acercarlos a su lugar de trabajo. La vuelta al continente será por esa misma fecha.

Un trabajo y una aventura

Nahuel Solís se describe como un joven inquieto. Es por eso que “estar un año en una base alejada, a veces encerrado sin poder salir por condiciones climáticas, con vientos que superaron los 200 km por hora”, es considerado “una aventura”. “Cuando me confirmaron que podía llegar a venir, no lo dudé ni un segundo. Como costar, costó, pero cumplió todas mis expectativas y aún más”, aseguró.

“Lo que seria el trabajo técnico, esta yendo espectacular. Hacemos el trabajo operario, mantenimiento e interpretación e resultados de los equipos. Hay mucha gente que está usando nuestra información para hacer publicaciones y es un incentivo gigante”, explicó Solís.

En referencia a los cuatro meses sin sol, pensó que “iba a ser un golpe más duro, pero aún en plena oscuridad salíamos a buscar cosas para hacer”. Gran parte de esto son sus compañeros, a quien conoció en noviembre y se convirtieron en su familia.

La Antártida es un lugar por demás interesante, que captó la atención de este marplatense que lo eligió como su lugar de trabajo, y de vida, durante un año. La motivación por lo que a uno lo apasiona, a flor de piel.

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