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A 30 años de las últimas risas del “Negro” Olmedo en el Tronador

El 5 de marzo de 1988 Mar del Plata y el país se vestían de luto ante la despedida precipitada y sorpresiva de uno de los capocómicos nacionales más trascendentes. El Marplatense rememora aquella jornada y las últimas temporadas del rosarino en “La Feliz”. “Metíamos 1500 personas por función”, recordó la vedette Beatriz Salomón.

Por Redaccion

lunes 5 de marzo, 2018

Fue una caída que pocos entendían. Fue una muerte que nadie esperaba ni pretendía aceptar. Claro, el protagonista, era el más amado por todos los argentinos, era cuerpo y alma de una infinidad de personajes y chistes que sólo buscaban nuevos cómplices de su risa incurable. Y abandonar a su público de manera semejante, con un salto al vacío involuntario desde el piso 11 del Maral 39, sólo parecía un acto que respetaba las líneas de un guion improvisado, tan trágico como absurdo. Inexplicable.

Alberto Olmedo se despidió a sus 54 años, por última vez, el 5 de marzo de 1988, alrededor de las 8.30. Era una mañana en la que predominaba un gris turbio. El sol aún no mostraba su rostro, pero tampoco lo haría en ese sábado: le faltaban fuerzas para hacerlo. El cielo, se puso a tono con la tristeza que inundaba a Mar del Plata y el país.

– ¡Me caigo, mamita, me caigo! ¡Agarráme la pierna! ¡Agarráme!

Fue el pedido desesperado del “Negro” a Nancy Herrera, su pareja, que poco pudo hacer, minutos antes de la caída que iba a sentenciar su muerte. El rosarino estaba de festejo: en el reencuentro con su mujer, se había enterado de que iba a concebir un hijo. Y salió con euforia hacia el balcón del departamento de la imponente torre que se encuentra sobre Boulevard Peralta Ramos al 3600. Sólo vestía un jean y unas botas negras, el último atuendo con el que después ilustraría las portadas de los diarios y revistas.

Las circunstancias repentinas e inefables que envolvieron a la muerte de Olmedo, también dieron lugar a especulaciones e hipótesis de todo tipo. Pero la investigación que llevó adelante el juez Pedro Hooft no dejó margen para la duda y concluyó que se trató de un accidente.

“Lamentablemente se fue así y nos dejó a todos un vacío enorme. Él estaba en el momento cúspide de su carrera”, afirmó a El Marplatense Beatriz Salomon, la vedette que formó parte del elenco de “Éramos tan pobres”, la última obra con la que el “Negro” rompía taquillas en el icónico Teatro Tronador, ubicado sobre Santiago del Estero al 1746.

La modelo consideró que el capocómico era una persona “inolvidable” y “muy querible” que “siempre va a estar en el corazón de los argentinos”. “Dejó una huella en el espectáculo. Pasaron 30 años y parece que fue ayer, porque siempre está presente. En Buenos Aires, todos los días me tomó cuatro o cinco taxis y me recuerdan constantemente el amor y el afecto que sentían por él”, graficó, y remarcó: “Cuando falleció, a los argentinos se les fue la risa”.

Adriana Brodsky, que en 2016 se sumó al homenaje al rosarino que realizó en los teatros Martin Bossi con “Bossi Big Bang Show” para reencarnar a “La Bebota”, también lo recordó como un “ser muy especial, particular y único”. “Al ‘Negrito’ lo recordamos con felicidad y muchísima alegría. Cada vez que nos acordamos de él esbozamos una sonrisa”, señaló la actriz, en diálogo con este medio, y concluyó: “Sabemos que está vigente. Es increíble, pero está vigente. Nos ha regalado su alma, su corazón, su don de gente y tantas otras cosas más. No hay ni habrá otro como Olmedo”.

La desaparición física de Alberto Olmedo llegó en una época de oro para el turismo en Mar del Plata. En la temporada de 1986/87, la ciudad logró recibir el mayor caudal de turistas, que alcanzó los 3.558.794 visitantes. Y el “Negro” también figura como hacedor de otro de los récords de ese período: con su anterior espectáculo “El Negro no puede”, en el Teatro Neptuno, se vendieron más de 760 mil entradas, una cifra inédita para la actividad teatral en “La Feliz”.

El empresario Carlos Rottemberg, que junto con Guillermo Bredeston se hizo cargo de las producciones de los últimos espectáculos teatrales del capocómico, confesó sentir “admiración” por “ese gran predicamento popular que tuvo como artista”. “Fue una figura que siempre supo adaptarse a los cambiantes códigos del humor de cada época”, destacó, a El Marplatense.

Salomón, por su parte, recordó las funciones que tenían lugar en los veranos marplatenses de fines de los ‘80 como “maravillosas”. “Metíamos 1500 personas por función. La gente compraba las butacas y parte de los escalones, y hasta se ponían sillas”, graficó, y agregó: “Cuando Olmedo entraba, la gente se paraba y lo aplaudía de pie. Por eso es un ser irrepetible. Esto no pasa con ningún artista hoy”.

Con el reconocimiento de sus colegas, y el amor y la devoción de su público, Olmedo se despidió rápido y sin aviso pero con un legado propio e insuperable, que lo convierten hoy en un prócer del espectáculo nacional. En la mañana fatídica que protagonizó el 5 de marzo en Mar del Plata, el “Negro” dio, sin saberlo, un salto a la eternidad para inmortalizarse en el corazón de los argentinos.

EL PROMETEDOR PRESENTE DE LA SALA QUE VIO SUS ÚLTIMOS PASOS

A tres décadas de la muerte del humorista rosarino, el Teatro Tronador, fiel testigo de sus últimos éxitos de temporada, se encuentra como protagonista de una reconstrucción integral de sus instalaciones, que permitirá albergar a 900 espectadores, y que le dará nueva vida a la emblemática sala que se hizo un lugar en la historia de Mar del Plata. “El Tronador siempre ha sido uno de los teatros más importantes que tuvo Mar del Plata, y yo puedo decir que tuve el honor de poder trabajar ahí”, resaltó Beatriz Salomón.

Será también escenario de un hecho cultural histórico, al convertirse, en breve, en la primera subsede en el país que tendrá el Instituto Superior de Arte (ISA) del Teatro Colón de la Ciudad de Buenos Aires. En sus salas de ensayo, construidas bajo los parámetros que establece la prestigiosa institución, se ofrecerán clases de Danza, como también de Academia Orquestal, Caracterización, entre otras áreas, que estarán a cargo de los mismos profesores que son responsables de la exigente formación en Capital Federal.

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