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Día Mundial del Glaucoma

Cada 12 de marzo se recuerda esta enfermedad. La ciencia apunta a seguir logrando avances en su tratamiento y estar alertas para detectarla en forma temprana.

Por Gimena Rubolino

lunes 12 de marzo, 2018

Se trata de una afección ocular que daña el nervio óptico del ojo. De acuerdo con la American Academy of Ophthalmology generalmente se produce cuando se acumula fluido en la parte delantera del ojo. El exceso de fluido aumenta la presión en el ojo.

Existen dos tipos de glaucoma, el abierto y el cerrado.

El primero se produce gradualmente, cuando el ojo no drena el fluido tan bien como debería (similar a una drenaje atascado). Como resultado, la presión del ojo aumenta y empieza a dañar el nervio óptico. Este tipo de glaucoma no es doloroso y no causa ningún cambio en la visión al inicio.

Por su parte, el cerrado  se genera cuando el iris de una persona está muy cerca del ángulo de drenaje en el ojo. El iris puede bloquear el ángulo de drenaje. Esto es similar a si un trozo de papel quedara sobre el drenaje tapando el lavabo. Cuando el ángulo de drenaje queda bloqueado completamente, la presión ocular aumenta rápidamente. Esto se llama ataque agudo.

Se trata de una verdadera emergencia ocular y debe llamar al oftalmólogo de inmediato; de lo contrario la persona que lo sufre quedarse ciega.

¿Cuáles son los síntomas?

De acuerdo con la Sociedad Argentina de Oftalmología si el glaucoma no es atendido, las personas empiezan a notar que ya no ven como antes. Sin tratamiento, los pacientes con glaucoma pierden lentamente su visión lateral (periférica).

Es como si estuvieran viendo a través de un túnel. Con el tiempo, la visión central (hacia al frente) también puede disminuir hasta que se pierde por completo. El glaucoma se puede desarrollar en un ojo o en ambos.

Los principales factores que predisponen a padecerlo son:

  • Presión intraocular elevada.
  • Antecedentes familiares de glaucoma.
  • Edad: es más frecuente en personas de edad avanzada.
  • Miopía.
  • Diabetes.
  • Tratamientos prolongados con corticoides.
  • Enfermedades cardiovasculares.
  • Traumatismos o intervenciones quirúrgicas oculares.

 

Tratamientos 

Existen diversas alternativas para abordar esta afección. La mayoría de los casos se controlan mediante el uso de medicamentos bajo la forma de gotas que se colocan en el ojo. Algunos pacientes requieren un tratamiento con láser y otros requieren cirugía.

Puede suceder también que sea necesario usar una combinación de estas técnicas, por ejemplo, que un paciente operado o a quien se le realizó láser requiera tratamiento médico. Asimismo un paciente puede requerir más de una medicación.

La mejor forma de diagnosticarlo a tiempo es consultar al oftalmólogo, quien puede detectar cambios tempranos en la visión periférica, en el nervio óptico y en la presión intraocular.

 

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