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A 23 años de los Juegos Deportivos Panamericanos de 1995

Por Ernesto Gallardo

Por LP

martes 13 de marzo, 2018

El legado

Cuando el 1 de abril de 2015 en el Polideportivo, el ex Intendente Gustavo Pulti y el otrora Presidente de la Cámara de Diputados Julián Dominguez proclamaban a viva voz que Mar del Plata se candidateaba para los Juegos Deportivos Panamericanos de 2023, significaba apostar al futuro con parte de la infraestructura del pasado “aggiornada”. El legado que dejaron los Juegos Deportivos Panamericanos de 1995 en materia de infraestructura afirmaban esa teoría. Se pensaba en una segunda oportunidad con el legado de antaño. Las cuestiones políticas hicieron que esa postulación primeramente interna a nivel país se fuera diluyendo. Los actuales gobiernos municipal y provincial agobiados de viejas deudas y parte importante de desidia, no pelearon esta candidatura y en febrero de 2017 se esfumó como arena de la Bristol entre los dedos. No se peleó. En esa época donde el ex intendente se esforzaba para captar al electorado ante inminentes elecciones que venían complicadas, el proyecto se mostraba tentador. Mar del Plata y su legado de obras, basamentaban la idea. No era un tiempo ideal para pensar sino para ejecutar en el momento particular del gobierno de Pulti, pero sabía que ese evento que marcó un antes y un después en el deporte de la ciudad generaba en la población un efecto positivo, de recuerdos felices, de historias fabulosas, de vasos comunicantes, de anécdotas emocionantes.

El ex Intendente de Mar del Plata, Don Angel Roig y un entusiasta grupo de dirigentes deportivos locales como Juan Carlos Derosa, Esteban Macchi, Fernando Rodriguez Facal, Rubén Aguilera, Carlos Palumbo, Juan José Cáceres, Jorge De la Canale, martinez Viademonte y Vicente De la Colina entre otros armaron el primitivo Copan. La idea era aspirar a postularse como candidato nacional para “pelear” la plaza de los Juegos Deportivos Panamericanos de 1991. Eso se gana por goleada internamente. El tema era apuntarle a La Habana, principal candidato a quedarse con la candidatura para el 91’. Para esos momentos Cuba era potencia, por detrás de los Estados Unidos. En Barbados, reunión de la ODEPA en 1986, Mar del Plata adopta la postura de “bajarse de los juegos” y dejar que la mejor posicionada, La Habana, se perfilara a la organización de los juegos en solitario. Ese renunciamiento hizo que la figura de Argentina, de Mar del Plata y de Roig crecieran exponencialmente. Casi tres años después y por aclamación, Mar del Plata obtiene unánimemente el apoyo de América toda.

Con Menem como Presidente de la Nación, Mario Roberto Russak como Intendente elegido democráticamente y con el controvertido Livio Forneris en la Secretaría de Deportes de la Nación, empezaron a solidificar la idea de Mar del Plata Panamericana en el 95’. Primeros tiempos de intrigas, de promesas, de un Fernando Galmarini que desde la función pública hacía todo lo posible para ningunear a la ciudad, la corrupción que hacía daño y frenaba la infraestructura. Problemas, hasta que apareció la plata y la obra tomó vértigo y color. Allí en Gascón y la costa se erigía una de las casas del Copán 95’. Por ahí desfilaban dirigentes de toda América y de todos los deportes. Se lo veía a Francisco Mayorga en un plano supremo junto al enigmático Marcelo Picayo. El díscolo riojano Forneris venía con sus tiradores a cuestas a ver como venía la cosa. Mientras tanto el Doctor De la Canale, Alejandro Bolgeri y Federico Maidana se cargaban la previa de los juegos en sus espaldas. Pero el monitoreo general e importante venía desde México. El magnate Don Mario Vazquez Raña, Presidente de la Organización Deportiva Panamericana supervisaba todo. Sus llegadas a la ciudad venían cargadas de reclamos, de apuros, de temores. Recta final fuerte en el último año y Mar del Plata que adoptaba una fisonomía diferente, “en obra”. Natatorio nuevo, Polideportivo nuevo, Minella maquillado, Chapadmalal con lifting, nuevo estadio de gimnasia en la villa panamericana, pista atlética de primer nivel, velódromo mejorado, patinódromo adaptado a las nuevas normativas internacionales, cancha de hockey a estrenar, Parque Municipal de Deportes convertido en un bello paseo, Laguna de los Padres limpia y preparada, Once Unidos con nuevo gimnasio, aeropuerto acondicionado, Mar del Plata con hotel 5 estrellas, Miramar y su vivero presto a recibir el mountain bike, Paraná preparado para recibir el softbol, Buenos Aires que también acopiaba deportes, 44 años pasaron para que Argentina tuviera un Panamericano.

La vorágine imperaba en el ambiente, los tiempos se venían impiadosos. Canal 7 se debatía entre sus problemas internos y su conflicto con la OTI. Se sabía que la televisación no sería de excepción y así lo fue. Pobre. La prensa capitalina atacaba descarnadamente la gestión de Mayorga, la de Forneris, la corrupción comenzaba a olfatearse por los costos de las obras. Temas recurrentes en cada realización deportiva continental o mundial. Mar del Plata y su gente hacían esfuerzos denodados para terminar cada detalle que quedaba suelto. Desde poner panes de pasto en los espacios verdes del Parque de deportes a pintar puertas, poner números, banderas o carteles. A la Argentina, a último momento, con la lengua afuera. Esa lluvia caprichosa que desnudó falencias estructurales 48 horas antes de la Ceremonia Inaugural. Ya estábamos jugados, el tiempo se empezaba a consumir pensando en el tan deseado 11 de marzo. La espera, los nervios, la presión, las dudas, quedaban atrás. Era la hora de la verdad.

Estadio “José María Minella”, Ceremonia Inaugural. Lleno como pocas veces. América presente. El gran Lalo Shifrin, Valeria Lynch y Jairo. Voces y batuta privilegiadas en la apertura. Silbidos para Russak, Pelé sí Maradona no en los palcos. Impactante momento, sublime instante donde Nora Vega encendía el pebetero en las alturas del estadio. El éxtasis nos invadía. Las lágrimas de emoción marcaban ese instante donde el reloj se detuvo. Ahora era el tiempo de competir.

Panamericanos con 5144 deportistas de 42 países, tres nuevos deportes (karate,squash,triatlón), los panamericanos sin los Curuchet, marginados por la déspota familia Alexandre que manejó por mas de una década el ciclismo nacional a su antojo, el emocionante oro de Nora Vega en los 300 metros contrareloj, fue el estandarte local que nos distinguió, oro en deportes de conjunto como el vóley, el básquet, el fútbol, el comienzo de la era de “Las Leonas”, la presencia del hombre que desafiaba las alturas, el cubano Javier Sotomayor, el veloz chileno Sebastian keitel, etc, etc.

Argentina cuarto en el medallero (40 oros, 45 platas y 74 bronces), 159 en total, por detrás de Estados Unidos, Cuba y Canadá.
Pero esos son números que sirvieron para el deporte nacional y la reelección de Carlos Menem, el cual durante los juegos tuvo la peor noticia, la trágica muerte de su hijo.

Fríos números que a la hora de comparar o dimensionar quedan casi en un segundo plano. Los Juegos Deportivos Panamericanos son el equivalente a la gente que llenó cada escenario. Los Panamericanos fueron la imagen de lo que brindaron sus VOLUNTARIOS. Ese movimiento generado a partir del gran objetivo deportivo y social de la historia de la ciudad se tradujo en ellos. Ellos fueron las verdaderas figuras. Se los veía por todos lados. Generosos, laboriosos, educados, orgullosos de portar la indumentaria que los identificaba. Indumentaria que hoy todavía se ve en alguna campera, en algún buzo, en alguna remera. El éxito de esa gestión derivó durante años en grupos que estuvieron presentes en otras realizaciones importantes. Ellos fueron el espíritu de los juegos. Siempre quedará en el recuerdo su entrega incondicional, titánica, conmovedora. En todas las áreas, en todos los escenarios, en cada hotel, en cada obra, en cada ceremonia, en cada aeropuerto…los voluntarios, los héroes anónimos de esta justa deportiva inolvidable.
El legado a 23 años: ellos y las obras que les quedaron a los marplatenses. Un capital humano y estructural que no tiene precio.

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