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Opinión - Por Roberto Garrone

Argentina Exporta…¿y Mar del Plata?

El plan lanzado por el Presidente pretende multiplicar las empresas exportadoras y las divisas hasta el 2030. La pesca podría sumar valor y mano de obra pero no tiene incentivos. El puerto, otro desarrollo. Pero está Merlini. Por Roberto Garrone.

domingo 14 de octubre, 2018

Con la ambivalencia de un dólar calmo y una Lilita virulenta, y antes que se desate la próxima tormenta, esta semana el Presidente de la Nación pareció recuperar parte de la iniciativa perdida tras guarecerse del temporal de aquel fin de semana de septiembre, plagado de rumores de cambios en el gabinete, que terminaron confirmando casi a los mismos.

El jueves el presidente Mauricio Macri presentó en sociedad el plan “Argentina Exporta”, una iniciativa que busca multiplicar tanto las empresas que comercializan sus productos en el exterior como las divisas generadas en el comercio internacional.

El plan oficial parece invadido de un optimismo sin mucho fundamento. El objetivo es pasar de 9500 firmas exportadoras a 40 mil dentro de 12 años, según precisó el Presidente en el Centro Cultural Kirchner. Con ese número la generación de divisas debería triplicarse.

El año pasado la cantidad de empresas que exportaron fue menor a 6 mil, por lo que el primer propósito ya parece bastante complicado. Alcanzar el piso desde donde multiplicarse representa ampliar la lista un 50% en apenas dos años.

“Aspirar a un crecimiento de las exportaciones a un ritmo de 10% acumulativo anual durante más de 10 años parece exagerado para un país que está en recesión, que permanecerá así por varios meses más, que tiene una tasa de inversión bajísima y en retroceso, que no cuenta con una clase capitalista propensa a salir a competir al mundo, y que desde 2011 ha venido reduciendo sus ventas al exterior casi ininterrumpidamente, bajando desde 83.000 a 58.000 millones de dólares en 2017”.

El refutador del relato oficial es el colega Marcelo Zlotogwiazda, y quedó expuesto en una columna de opinión que publicó el viernes en el portal Infobae. La industria pesquera el año pasado aportó 2 mil millones de dólares, el máximo número que entregó el sector en su historia, de la mano de una sobreabundancia de langostino que nadie apuesta a que se mantenga vigente hasta el 2030.

Macri estuvo acompañado por los ministros de Producción y Trabajo, Dante Sica, y de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie, quienes detallaron los lineamientos de esta estrategia. El presidente señaló que menos del 1% de las firmas exportan.” Es muy poco”, lamentó.

Más allá de un grupo de empresas integradas con flotas diversas y otras como filiales de grupos chinos o españoles, la industria pesquera se sostiene con este tipo de empresas. Tal vez no puedan crecen en número, pero sí en la generación de mano de obra en tierra para incrementar su valor y de ese modo, crecer en la generación de divisas. Justo a lo que apunta el plan oficial.

Claro que para eso, desde el Gobierno debería mover algunas fichas en el tablero. Porque más allá del dólar apreciado, no hay incentivos para generarle trabajo al langostino en tierra, ni tampoco a la merluza, que debe competir con el filet congelado a bordo de buques factoría, capitales satélites del descontrol a bordo. Pescan y declaran lo que se les ocurre.

Son tibios los intentos de la Subsecretaría de Pesca por obligar a las empresas a reprocesar el langostino en el tierra y no exportar cola en bloque a terceros países. Perú es un claro ejemplo de este fenómeno. En los primeros siete meses del año se enviaron a ese destino 6454 toneladas de cola de langostino congelada en bloque de hasta 10 kilos. Esa carga generó algo más de 37,3 millones de dólares, a razón de 5,5 dólares por kilo.

Si esa materia prima alimentara plantas argentinas, ocupara a obreros argentinos, el langostino no saldría con un reproceso mínimo, sino pelado y desvenado en bolsas de 2 kilos, listas para la góndola de los supermercados. Y las divisas podrían duplicarse.

Tal vez, si se alivia la presión impositiva ese langostino que se desembarca en puertos patagónicos podría llegar en camión a Mar del Plata y despertar de la siesta a muchos frigoríficos dormidos por la falta de merluza. A la ciudad llega el marisco en cuentagotas. Si existieran las condiciones podría ocupar a más trabajadores.

El Gobierno parece haber puesto el carro delante de los caballos. Porque mientras anuncia estas cifras optimistas en la práctica revela que conformará mesas de trabajo sectoriales para analizar el potencial existente.

Parece chiste que toda la estructura del estado: nacional, provincial y municipal, cada área con Ministerios, Secretarías o Direcciones de la Producción, no sepan a esta altura la capacidad productiva de cada economía regional para apurar el despegue. Lo mismo el trabajo en las Embajadas. Que Que no tengas agregados Agrícolas activos buscando clientes, que no haya estudios sobre las demandas potenciales que puede satisfacer nuestra industria.

Esta próxima semana Mar del Plata será escenario de uno de estos encuentros que se desprendieron de la presentación presidencial. Otra vez habrá que escuchar las bondades de la pesca como valor estratégico para el desarrollo de la ciudad, pero mientras tanto no bajan ingresos brutos, sellos y subieron todos los aranceles de los servicios sanitarios.

Otra vez habrá que escuchar bondades de la potencialidad del puerto como puerto de salida de toda ese incremento de carga desde el “supermercado del mundo” como le gusta decir al Presidente.

Mientras tanto, ayer se cumplieron 200 días desde que Nación le entregó a la Provincia el predio de 4 hectáreas donde están los silos y el elevador de granos para que el Consorcio llame a licitación y entregue en concesión el área para la construcción de una terminal multipropósito de ultramar sobre el muelle 3.

El crecimiento del comercio exterior necesita de puertos que estén a la altura de esas demandas. La administración que encabeza Martin Merlini ni siquiera ha publicado los pliegos en este tiempo. Ahora lo sacude un papelón internacional: Mar del Plata acaba de perder el código de seguridad certificada PBIP de las Terminales 2 y 3.

Quien debería conducir el proceso de transformación acaba de ponerse al puerto de sombrero.

 

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