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Marplatense deportado: “Me despedí de mi hijo, como un delincuente”

Un agente de Migraciones encontró la billetera que Flavio Musmanno había perdido. Y él terminó expulsado del país adonde vivió los últimos 18 años.

Por Redacción

jueves 18 de octubre, 2018

Las últimas horas de Flavio Musmanno en territorio estadounidense no fueron como él las soñó.Luego de pasar 18 años viviendo allí, donde también se casó y tuvo un hijo, fue capturado y deportado a su Mar del Plata natal. Las autoridades migratorias lo atraparon mediante una trampa: Flavio había perdido su billetera en un viaje laboral a Ohio y fue encontrada por un oficial de policía. El hombre -sin decirle que era agente- lo llamó y le habló en un perfecto español. Lo citó en una esquina para devolvérsela y cuando Flavio llegó se encontró con un operativo policial listo para detenerlo.

En el año 2000, los padres de Musmanno tenían un mercado de barrio con un buen número de cuentas de fiado que fue necesario cerrar porque el negocio no estaba funcionando bien. Una noche —Musmanno cree que en represalia por esa decisión— alguien incendió el local intencionalmente. No les quedó nada. Había trabajado como carpero en balnearios, también en un campo de golf; con el desempleo a tope ese año en Mar del Plata resolvió irse del país. “Fue la alternativa que encontré para ayudarlos a mis padres”, le cuenta a este diario. Tenía 26 años.

Llegó a Miami y consiguió su primer empleo en una fábrica de ropa. Allí conoció a Fabiana, hoy su esposa, cordobesa. “Un tiempo después estábamos viviendo juntos, pero ella no estaba bien. Yo veía que no estaba satisfecha del todo, que algo le pasaba, y un día le pregunté: me contó que en Córdoba habían quedado sus tres hijas”, recuerda.

Las nenas tenían entonces 6, 12 y 15 años, y Musmanno emprendió una campaña que rápidamente dio resultado. Entre argentinos y uruguayos que trabajaban en la fábrica, incluidos los dueños cubanos, hicieron un pozo con el que pagaron los pasajes de las chicas y de su suegra para llevarlas a Miami. Fueron días de emociones fuertes aunque difíciles también. Nació Francisco, el hijo de ambos, que este jueves 18 de octubre cumple 16 años. En 2006 la pareja se separó. “De todas formas, siempre mantuvimos una excelente relación”, explica Musmanno. De hecho, años después volvieron a estar juntos y en enero de 2017 se casaron.

Fabiana es masajista terapéutica, todos sus hijos son estudiantes, y Flavio hace trabajos de remodelación en obras. “Como en Miami hay mucha competencia, está más difícil, se paga menos, por eso busqué en otros lugares y me fui a Ohio”, relata. El 28 de agosto, después de la jornada de trabajo en la construcción de un mercado, él y su compañero venezolano se detuvieron a comer en un parador de la ruta, “una plaza”, lo llama Musmanno, que en casi dos décadas allí adquirió un español con acento latino.

Al retomar la ruta recibió un llamado. “¿Estoy hablando con Flavio Musmanno? Porque tengo su cartera, la he encontrado en…”, oyó en perfecto español. “‘Todavía hay gente buena’, pensé, y arreglé con esa persona para encontrarnos en el mismo lugar”, recuerda. Cuando llegó, Musmanno fue emboscado, el hombre que lo había llamado era un agente de Migraciones y lo acompañaba un Policía. Cuatro horas después, fue trasladado a la cárcel del condado de Seneca, en Ohio, donde pasó un mes y medio.

Le permitieron hacer una llamada a su familia, que enseguida comenzó los tramites para sacarlo de allí. “Pero una abogada, tras cobrar U$S 2.500, nos estafó, no hizo nada”, explica. Contrarreloj, contrataron a otra abogada, que aunque les cobró U$S 5.000, nada pudo hacer contra la decisión que al parecer ya había tomado el agente que llevaba la causa. “Quería mi pasaporte. Lo usual es retenerlo hasta que uno regulariza su estatus, y dio su palabra de que era lo que iba a hacer. Pero cuando lo tuvo en sus manos, me deportó”. Musmanno no tiene antecedentes de ningún tipo, su mujer e hijo son ciudadanos estadounidenses y él es sostén de familia. Nada de eso fue tomado en cuenta.

“Fue terrible la última semana, cuando ya sabía que me deportaban; lloré mucho, no dormí, me arrancaban de mi familia. No me dejaron ni siquiera despedirme de mi hijo: fue con un teléfono y con un vidrio de por medio. Como si fuera un delincuente”, se lamenta. Aclara que durante la detención no fue maltratado, como se publicó, y que está agradecido al país que eligió con su mujer para criar a sus hijos: “Eso no lo cambia la decisión errada de ese hombre que me arruinó la vida”. El trámite para regresar legalmente puede llevarle dos años y costarle unos U$S 15.000, una campaña en el sitio “gofundme” lleva reunidos U$S 3.600.

En Mar del Plata, en un barrio de la periferia del puerto, según explicó Clarín, vive con su mamá que tiene 80 años y dos hermanas. “Tengo un nudo acá, así”, y arma con sus manos una bola en la boca del estómago. “No me puedo quebrar, no me acomodo, sueño con mi hijo, con mis nietos, y con llegar al aeropuerto de Miami y ver ahí a toda mi familia esperándome. Sueño con ese abrazo”.

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