Peleando por un sueño

El marplatense Javier Ganín cumplió su meta de llegar a la UFC, a través del reality The Ultimate Fighter. Un premio a una vida dedicada a las artes marciales mixtas

Por Redacción

domingo 21 de agosto, 2016

El marplatense Javier Ganín saborea un sueño cumplido. Llegó a su meta a los 33 años, luego de un largo recorrido en las artes marciales mixtas,  y lo vive con plena consciencia. Lo disfruta y no piensa mucho más allá de la próxima pelea adentro de la jaula. “Para el peleador no hay nada más arriba que la UFC. Es como jugar un Mundial para un futbolista. Estar y pertenecer a la franquicia es lo máximo que podes anhelar en tu carrera”, le explicó a El Marplatense, como para que todos tengan dimensión de lo conseguido.

Ganín es el campeón del barrio Don Bosco. Ese pibe que iba a la Escuela 15 de Tierra del Fuego y San Martín y que, mientras sus amigos iban a la matinee, salía a correr por las calles de Mar del Plata. Empezó con el Taekwondo, pasó por el Jiu jit su y se nutrió de las mejores herramientas para ser reconocido en las artes marciales mixtas. Su carrera es todo talento, esfuerzo y constancia. Para costearse su entrenamiento, llegó a hacer masajes y hasta vendió ensaladas de fruta.

El sueño fue siempre llegar a la UFC. Y se cumplió este año, cuando quedó seleccionado en el casting para ser uno de los 16 peleadores de Latinoamérica que participan en el reality The Ultimate Fighter, que se emite los viernes a las 23 por Crónica TV. Los peleadores, divididos en dos equipos liderados por dos leyendas como Chuck Lidell y For”rest Griffin, conviven durante un mes y muestran sus habilidades adentro de la jaula. “No escuchás música, no podés leer. Sólo podés interactuar con tus compañeros. Es una situación que genera ansiedad y no tenés como canalizarla. Pero estuvo bueno, es donde yo quería estar”, contó Ganín sobre la grabación del reality, que reunió a los 16 peleadores más encumbrados del continente.

-¿Qué podés contar de la convivencia con los peleadores en la casa?

-Fue una experiencia muy linda, enriquecedora, con choque cultural, con las costumbres de otros peleadores. Aprendés valores y también influye el hecho de estar aislados e incomunicados. Ahí tenés que ver como reacciona tu mente, porque en un momento empezás a pensar todo el tiempo, ya que lo único que hacés es entrenar, comer y pelear. No escuchás música, no podés leer. Sólo podés interactuar con tus compañeros. Es una situación que genera ansiedad y no tenés como canalizarla. Pero estuvo bueno, es donde yo quería estar. Ahora quiero disfrutar de algo mucho más grande que un TUF, que es llegar a la UFC. No sé que va a pasar en el futuro, pero mientras esté el programa lo voy a disfrutar porque es algo que esperé en toda mi vida.

-O sea que cumpliste un sueño con sólo ingresar…

-Era uno de mis sueños personales. El sueño mío era llegar a la UFC y no sabía si iba a llegar a través de un TUF (casting) o de manera directa, algo que veía muy complicado por la edad, porque ya un peleador de 33 años es considerado un veterano en la UFC. Los peleadores que recién comienzan su carrera en la UFC tienen entre 20 y 25 años. El resto pasa por un TUF.

-¿Cómo es el día a día del reality?

-Los peleadores se entrenan, conviven, arman sus dietas… Lo que muestra el reality es una competencia filmada. Tenemos que dar un peso, pelear y hay eliminación directa. Pero te quedas conviviendo en la casa con tus compañeros. Le digo a la gente que mire el reality, porque van a ver historias de vida muy interesantes. Hay gente que se va a sentir muy identificada con los peleadores, porque han hecho mucho sacrificio. Igual, había buena onda con los peleadores. Yo admiraba la historia de varios de ellos, algunos hasta estuvieron en cana…

-¿Te sorprendió el nivel de los rivales?

-A algunos los conocía. Ninguno me llamó la atención específicamente, no había ningún invencible. Yo hice campamentos en Estados Unidos y entrené con grandes figuras, entonces no me sorprendí con el nivel de los peleadores del reality. Eran todos buenos, pero yo estaba a la par de cualquiera.

-De todos modos, tu especialidad es el Jiu jit su…

-Es mi especialidad, pero yo me completé mucho. Cuando yo me fui a vivir a Buenos Aires entrené mucho boxeo, mucho Muay Thai. Además hice 15 años de Taekwondo en mi infancia, entonces pude aplicar todos los condimentos que necesitaba para desarrollar mejor mi striking. Cuando empecé Jiu-jitsu, me dedicaba solamente a someter a mis rivales. Después me empecé  a profesionalizar en el striking, que es lo que la UFC quiere ver. También empecé a boxear más. Una vez un entrenador me dijo que en relación peso – potencia, hay algo que yo tengo que los demás no tienen. Los demás son más altos, pero en mi estructura ósea y en la pegada tengo una ventaja. Pese a ser bajo, tengo una pegada de una persona de 85 kilos.

-¿Qué te llevó a evolucionar?

-Es que mi meta era la UFC, no solamente ser campeón de Ju Jit su. El Ju jit su empezó a quedar relegado entre los requisitos para ser luchador de UFC. Las formas de someter cambiaron, entonces decidí ir por lo que se está usando, que es tratar de dominar al oponente. También traté de aprender a golpear de pie. La gente no quiere ver a dos tipos amarrados en la jaula, la gente quiere ver golpes. Y yo viajé a aprender eso.

Los inicios, con Bruce Lee y Chuck Norris

-¿Cómo empezaste a interesarte por las artes marciales?

-A los 8 años miraba películas de Bruce Lee y de Chuck Norris. A la bata negra que mi mamá me daba para irme a dormir, yo la usaba de kimono. La ajustaba frente al espejo y hacía luchas imaginarias frente al espejo. Empecé a los 8 años en un club de barrio pero después no me podían llevar. Hasta que a los 12 años agarré la bicicleta y empecé en el club Quilmes. Ahí me formó Alejandro Quadro y pasé por la Selección Argentina de taekwondo, competí en China, Corea, Panamericanos en Uruguay. Pero yo quería ser campeón de algo más. Por eso incursioné en las artes marciales y soy un pionero no sólo en Mar del Plata, sino en la Argentina. Yo iba y peleaba contra peleadores más pesados, más grandes. Pero el Jiu jit su me daba la posibilidad de someter al rival y, si iba perdiendo, daba vueltas las peleas con esa técnica.

-No debe haber sido fácil conseguir recursos para afrontar la carrera…

-Tengo una cara de piedra, viví siempre de ayuda externa. Para este deporte necesitás eso, porque yo conocí muchos talentos que se dedicaron a atender un quiosco porque te dicen: “Yo no me banco no tener un mango”. Yo pasaba períodos así, pero salía a pedir auspicios y siempre alguien me apoyaba. Nunca solté el deporte, ni siquiera cuando agarré un trabajo en el que ganaba mucha plata. Trabajaba todo el día y a la noche me iba al gimnasio. No quería dejar mis sueños, no me veía trabajando 8 o 10 horas en una empresa. Acá no hay estructura, los peleadores se forman a puro huevo, porque no hay un gimnasio para aprender artes marciales mixtas.

-En una vida con tanto esfuerzo, ¿a esta edad te das algún permiso con las comidas? ¿Podés comer un asado en medio de tanta dieta?

-Hoy sí, a esta edad sí. Hice esfuerzos toda mi vida, me maté a dietas e hice cosas extremas con el cuerpo, como bajar 10 kilos casi de un día para el otro. Hoy vivo más distendido. Trato de hacer un campamento de seis semanas si tengo una pelea, pero el resto de los días me relajo. Me como un asado, me tomo una cerveza…

 -¿Y ahora cómo sigue todo?

-Esta oportunidad me llega medio de grande. Tengo ganas de hacer unas peleas más. Yo antes te decía que quería ser campeón, hoy sé que no me da la edad para proyectar y decir “quiero estar top ten”. Es un camino muy riguroso, pero quiero pelear en UFC. Me pongo objetivos un poco más realistas, yo ya me la jugué hace tres años cuando vendí hasta mi gimnasio para ir a Buenos Aires. Hoy ya tengo un hijo, paso una cuota alimentaria y tengo que tener los pies sobre la tierra. No puedo gastar toda mi plata en un entrenamiento en Estados Unidos. Ahora voy paso a paso, pelea por pelea.

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