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El orgullo de jugar para el barrio

El torneo de fútbol barrial nuclea a 2600 chicos y chicas de General Pueyrredon. Informe especial de El Marplatense sobre una invalorable herramienta de inclusión

Por LP

domingo 11 de septiembre, 2016

Mariana se levanta con ilusión y va derecho hacia su mochilita de tela. No es un día cualquiera. Por lo menos esta mañana de sábado no habrá que copiar consignas del pizarrón, ni escuchar un dictado. Tampoco habrá que resolver problemas de matemática ni esforzarse para recordar el significado de esa complicada palabra en inglés. Hoy Mariana se levanta de buen humor, mira el sol por la ventana y se encuentra con sus tres amiguitas en la vereda. Como si fuera una línea de cuatro, una al lado de la otra recorren las cinco cuadras que las separan de la canchita donde son felices por un rato.

Mariana llega con las zapatillas rotas, pero tiene otras peores, guardadas especialmente para jugar al fútbol. Hasta hace pocos meses no tenía su documento. La “profe”, una delegada barrial que se encarga de casi todo, le gestionó el DNI luego de firmar varias veces como su tutora. También le consigue zapatillas para que pueda jugar en los torneos barriales. Por esas cosas, Mariana espera toda la semana la llegada del sábado. Cada viernes a la noche pide un deseo: que al otro día no llueva. Para vestirse del color de su barrio y divertirse corriendo atrás de una pelota. Aunque para ella el fútbol es mucho más que eso: es su ámbito de contención.

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FOTO: Gentileza Emder

El torneo de fútbol barrial nuclea a 2600 chicos y chicas de General Pueyrredon. Las canchas del Tiro Federal y Los Juncos ponen en juego cada sábado el orgullo de representar al barrio. Desde las 9,30 hasta las 18, la jornada tiene diferentes colores, pero mantiene siempre la alegría de los chicos. El alma se les empieza a llenar cuando el delegado reparte las camisetas. También es especial el momento del pitazo inicial del árbitro, ese hombre de negro que trata de que, al menos en ese lugar, no haya injusticias. La gran mayoría de esos chicos y chicas no pueden pagar una cuota y jugar en un club. Por eso, ese ritual organizado por el Ente Municipal de Deporte y Recreación, representa todo un acontecimiento.

La escena de cada sábado se completa con el color de la gente. Cada barrio tiene su hinchada. Hay bombos, banderas, mucho aliento y hasta puestos de golosinas. La fiesta es completa cuando va la murga. Y ni hablar de la ilusíón que genera jugar las finales en el estadio José María Minella. Ante semejante propuesta, no resulta difícil entender la motivación que representan los barriales para los chicos.

La inclusión, el trofeo más importante

El torneo de fútbol barrial no soluciona la vida de cada participante. Pero sí ayuda como espacio de inclusión y representa una alternativa saludable para aquellos chicos y chicas que viven una realidad difícil. “Tuvimos un caso de un chico que terminó la primaria gracias al fútbol barrial, porque no andaba tanto en la calle. Tiene un hermano con problemas de drogas, otro que roba… Era un nene que no se juntaba con nadie pero cuando se apartó de los hermanos, empezó a hacer amigos y lo incluyeron: lo invitaban a cumpleaños, lo hacían sentir parte…”, le contó a El Marplatense un delegado barrial.

El aprendizaje de los valores es otro de los puntos importantes del deporte social. Santiago Rojas es referente del barrio Gloria de la Peregrina y, en diálogo con este medio, marcó un punto positivo de los barriales en comparación con los torneos federados. “Tenemos muchos nenes bolivianos, ya que sus padres trabajan en la zona de Sierra de los Padres. Se acoplaron muy bien. A veces, cuando chicos bolivianos compiten en la Liga Marplatense de Fútbol, los pibes del equipo rival, de mejor posición económica, los discriminan. Eso en el fútbol barrial no pasa”, explicó.

Para Rojas, la esencia del torneo barrial es distinta a la de una liga federada. “Se vive más relajado que en la Liga. A mí, en lo personal, no me interesa que los chicos ganen. Yo quiero que cuando sean grandes, puedan jugar. Algunos quieren ganar como sea, pero yo prefiero la formación”, remarcó. “Pese a que hay chicos que se destacan, no hay tanto nivel. Antes era más competitivo. Lo que pasa es que este año se han jugado menos partidos, entonces varios chicos eligen irse a un club para jugar más seguido. El que puede pagar la cuota, se va”, indicó.

FOTO: Gentileza Emder
FOTO: Gentileza Emder

El crecimiento del fútbol femenino

Cada vez más mujeres juegan al fútbol en General Pueyrredon. En los barriales, las chicas compiten en el Tiro Federal. Desde las más pequeñas (9 años), hasta las más grandes, divididas en infantiles, menores, cadetes y libre femenino. En algunos casos, los equipos se entrenan en los terrenos baldíos de los barrios más vulnerables. Allí, la seguridad la otorga un grupo de padres que acompañan y colaboran con la profesora, siempre pendiente de que entrenen en las mejores condiciones posibles.

“Las condiciones sociales de las chicas no son buenas. Está bueno trabajar en la contención, que es lo más importante en estos casos. El trabajo que se hace con las chicas va mucho más allá del fútbol”, explicó Nancy Díaz, jugadora y entrenadora del equipo del barrio Cerrito Sur, que juega en los barriales desde 1993. “Las más grandes siempre fueron el sostén de las más chicas, desde lo social y lo económico. Nos constituimos en una familia y logramos un sentido de pertenencia”, agregó.

Nancy realiza día a día un trabajo de hormiga. Y desde hace varios años que lucha para que las mujeres tengan su lugar dentro del mundo del fútbol. “Nosotras jugábamos en Banfield y luego pasamos al club Mar del Plata, donde armamos todas las categorías. En 1997 había que luchar mucho para que los clubes incorporen el fútbol femenino. Ahí sentamos las bases, formamos una comisión y logramos un orden”, recordó. No obstante, siempre hubo piedras en el camino: “Intentamos competir en Buenos Aires, pero no pudimos porque tuvimos muchas trabas. Nos pidieron avales y los conseguimos, pero igual no nos dejaron competir”, señaló.

Después de un largo camino recorrido, Nancy encontró en el fútbol barrial un espacio para desarrollar su pasión. “Seguimos y apostamos a los barriales, con una base de jugadoras grandes. Varias somos de Cerrito Sur y por eso adoptamos el nombre, porque además la sociedad de fomento siempre nos apoyó. Yo dirijo desde que nos quedamos sin técnico, porque siempre fui referente y hoy, con 46 años, soy la más grande”, remarcó. “Nos involucramos mucho en lo social. Sabemos que son parches, pero al menos estamos. Hay chicas que no tienen documentos y nosotros se los gestionamos. Además, tenemos un bolso con zapatillas para que puedan entrenar y jugar”, indicó.

Por su parte, Celeste González Bracciale, que juega y dirige en el equipo “Uni”, valoró la continuidad del torneo barrial. “Nunca se cortó pese a los cambios de gobierno. Creo que ese es un gran logro. Es cada vez más participativo y hay buena predisposición, tanto de los equipos como de los organizadores”, puntualizó. “El fútbol barrial femenino es muy lindo, muy agradable, nos conocemos todos. Es competitivo pero en un marco de respeto”, contó.

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Foto: Gentileza Emder

Profesores que contienen y se capacitan

Cada vez son más los profesores y profesoras que se capacitan para darles las mejores herramientas a sus jugadoras. El Emder ofrece capacitaciones gratuitas, aunque también hay quienes se inclinan por perfeccionarse y realizar el curso en la Asociación de Técnicos del Fútbol Argentino.

Para Nancy Díaz, es importante ser específico en la preparación de las chicas, sobre todo para evitar lesiones. “Estoy haciendo el curso de entrenadora me quiero especializar en cancha de 11. Creo que hay que ser específico en esto, porque los que están a cargo de los grupos a veces no toman conciencia de que hay chicas que físicamente no están preparadas para determinada modalidad. Una cosa es jugar en cancha de 11 y otra es el futsal, la preparación es distinta. Estamos viendo muchas lesiones de ligamentos”, advirtió

“Nos cuesta un montón sostenerlo, pero seguimos”

Alejandra Urquía, directora de Deporte Social, está al frente de los torneos barriales desde sus inicios, en el año 1987. En diálogo con El Marplatense, valoró la continuidad del programa pese a las dificultades actuales. “Este año nos cuesta un montón llevar adelante el programa. Los delegados están esperando su bolso con elementos (NdeR: pelotas, conos y otros elementos para entrenar) y quizás demoremos un poco más en entregarlo”, reconoció.

Pese a los beneficios que genera el programa en cuanto a lo social, Urquía recordó que tuvo que pelear para sostenerlo. “Hubo años en los que tuvimos que fundamentar bastante para que los torneos sigan. De hecho, en algunos años no se jugaron por cuestiones económicas”, recordó.

Con respecto a las facilidades que brinda el Emder para que los chicos y chicas puedan competir, Urquia señaló que “la idea es colaborar con los delegados barriales, que hacen todo Ad Honorem. El Emder pone dos micros por mes, pero en los otros dos fines de semana cada equipo paga su transporte hasta la cancha”.

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Foto: Gentileza Emder

Al momento de profundizar sobre las características de los torneos, Urquía apuntó a corregir aspectos relacionados a la inclusión de jugadores federados, un problema que se presenta a menudo. “La mayoría son chicos que no tienen el acceso a un club. Muchos porque no pueden y otros porque no quieren, porque si son federados, no pueden representar al barrio. Igualmente, nos pasa que hay chicos federados que juegan, con alguna irregularidad a la hora de presentar el documento. Creo que a los grandes nos falta darle al torneo la importancia que tiene en cuestión de valores. Acá lo importante no es ganar, sino los valores que se transmiten”, resaltó.

No son pocos los delegados que se quejan por la actual forma de disputa de los torneos barriales. Los responsables de los equipos consideran que se juegan pocos partidos por año. “Es difícil llegar a un consenso con los delegados sobre el armado del torneo. Cuando armamos zonas grandes, se quejaban de que jugaban mucho… Este año hay una copa de oro y una de plata. O sea que por más que no clasifiquen, no dejan de jugar”, respondió Urquía. “De todos modos, este año hago un mea culpa, porque no tuvimos más reuniones que las iniciales. En otros años, se hacían reuniones periódicas”, admitió.

No obstante, la directora de Deporte Social se mostró esperanzada en cerrar el 2016 en armonía. “Nuestra ilusión es poder culminar un torneo lindo y cumplir con el bolso deportivo, porque los delegados lo necesitan y se lo merecen”, concluyó.

 


 

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