La Paz siempre nos da una lección

Por Ernesto Gallardo

Por Redacción

martes 6 de diciembre, 2016

El pádel es una excusa. Es una colectora, es un atajo para generar amistades. Detrás de una pelota bien jugada, de un remate estremecedor, de una paralela, de una buena bandeja, hay una historia que une a personas, se generan encuentros. Detrás de una pelota hay reuniones donde la comida y la bebida generan una comunión tan cercana y humana que nos hacen creer que ese es el camino. Tertulias populares y genuinas donde el empresario se funde con el voluntario, con el periodista, con el jugador, intercambiando vivencias al influjo de unos pescados propios del lugar. O en lugares como Guillón Pádel donde a través de este deporte el dueño del complejo hace un culto de la amistad y el arte culinario. Con que poco se puede ser feliz!!!.

Ese fenómeno lo viví en 2015. La sensación inicial aparentaba que era un grupo de hombres y mujeres, jóvenes y mas veteranos, con un objetivo claro: vivir en función del pádel mas allá de sus ocupaciones rentadas. Como concepto, como filosofía de encarar nuestro vertiginoso pasar por este mundo terrenal no está nada mal. Muchas veces se necesita un escaparate para salir de la monotonía y la rutina. Eso está claro. Pero ese concepto en 2016 se reafirmó, incluso ya puedo pensar con un poco mas de autoridad que esta gente está completamente loca. Incluso me agarro de las palabras del presidente de un club que organiza todo esto y él mismo lo dejó entrever en la entrega de premios.
El calor abrasador no fue obstáculo nunca. Incluso creo que el sudor reflejado en rostros y brazos lo hace mas heroico. Esta tropa de soldados alineados hacia un objetivo troncal, sigue directivas con una entrega encomiable sin renunciar jamás a principios mamados en sus casas y consolidados en el club. Los mismos son tan básicos que no deberían llamar la atención, ocurre que en las grandes metrópolis, en los inmensos conglomerados de gente esos preceptos parecen haber quedado abolidos. En el interior del interior ese tesoro tan preciado sigue estando a flor de piel a cada paso, en cada apretón de manos, en cada gesto, en cada palabra, en cada mirada a los ojos. Una treintena de voluntades sin renunciar jamás a una sonrisa, a un saludo afectuoso, a una palmada en el lomo, a recibir una sugerencia con hidalguía, dar, dar, dar, el verbo mejor conjugado por estos lados de la Mesopotamia Argentina.

Siempre hablar de las Islas Malvinas y el conflicto bélico de 1982 nos hace reflexionar y emocionar. Miles de historias contadas desde distintos ángulos nos provocan sensaciones ambiguas y heridas que quizás no cierren nunca. Pérdidas evitables de seres humanos, de compatriotas que dejaron su vida por el país tras una determinación demencial de un dictador influenciado por el alcohol y su sed de perpetuarse en el poder de facto. Por eso, que un club de pádel lleve ese nombre tan movilizador, tan caro a los sentimientos y a la historia de nuestro país, merece un capítulo aparte. Sin haberlo preguntado ¿Qué habrá llevado a este grupo de entusiastas padeleros entrerrianos ó paceños a utilizar este nombre para identificarlos?. Sin saber esa respuesta supongo que habrá motivos más que válidos para sustentarlo. Pero yo desde afuera observo que también se lo puede visualizar en el espíritu que engloba a todo lo que tenga que ver con la gesta malvinense: la entrega, el valor, la valentía, el cooperativismo, la ayuda, la solidaridad, el amor, sí el amor ante todo, en grandes dosis, emanado a raudales, en cataratas, sin pedir nada a cambio. Me parece que ese es el ADN de este Pádel Club Malvinas Argentinas.

Allí se hizo un torneo profesional de pádel de la asociación de jugadores profesionales, el segundo en su corto historial como entidad padelera. La organización hecha de manera artesanal compensa cualquier error o dificultad que pudiera presentarse. El recurso humano suplió cualquier carencia que se hubiere presentado con amabilidad y esmero, sin malas caras ni contestaciones fuera de lugar, con paz y en La Paz.
Se luchó contra el tiempo y el reloj. Hubo momentos en este año tan particular de reacomodamiento general luego de la fiesta que duró más de una década, que hizo dudar de la realización de este torneo. En primera instancia, las lluvias caídas a principio de año generó una tremenda inundación en La Paz, media ciudad estuvo bajo las aguas. Allí el club padelero brindó su colaboración, la misma que brota de sus poros. A pesar de eso, la “locura”los llevó a embarcarse en una nueva aventura.

Los fríos números dirán que ganó el binomio número 1 del país Chingotto-Tello vencieron en la final a Aguirre-Gutierrez.Pero la estadística dirá que Martín Di Nenno jugó su primer torneo grande luego del fatídico accidente que lo dañara fuertemente, a un año que ganara la primera edición con Stupa.

Sensaciones fuertes volviendo a casa después de muchas horas de viaje. Creo que me traigo a Mar del Plata una porción enorme de amor puro, de ese amor que se da sin condicionamientos y otra parte de locura bien entendida, bien aplicada, locura por algo que se ama, que es una pasión y las pasiones son eso….no hay que buscarle mucha explicación ni abordajes psicológicos, son pasiones. El pádel, siempre el pádel. El pádel y sus historias. El periodismo, la conducción, me han llevado nuevamente a orillas del Paraná. Aquellos camalotes que llevaban todo a su paso el año anterior lamentablemente presagiaban la gran inundación, hoy sin la bravura de otrora, las aguas prosiguen con su cauce normal, en paz. La Paz, ya te estoy extrañando.

Ernesto Gallardo - Periodista


Aclaración: los conceptos vertidos de quienes opinan son absoluta responsabilidad del firmante.


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