Desperdicio de alimentos: la inconsciencia de quienes no sufren hambre

En nuestro país se desechan 16 millones de toneladas de alimento por año. El 10% lo aportan los hogares. En este marco, se realizan diferentes campañas para lograr un mayor aprovechamiento de la comida que, a su vez, representaría un beneficio tanto económico como ecológico.

Por Redacción LP

domingo 12 de marzo, 2017

El panorama es desalentador: 795 millones de personas sufren hambre en el mundo. En América Latina, 34.3 millones de habitantes están subalimentados.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 30% del volumen total de alimentos producidos en el mundo se pierden o desperdician, lo que se traduce en 1.300 millones de toneladas de alimentos. El 6% de esa cifra se desecha en América Latina y el Caribe, donde a la vez se pierde el 15% de lo que se produce.

En el caso argentino, según datos de la Dirección de Agroalimentos, dependiente de la Subsecretaría de Alimentos y Bebidas, se estima que se desechan 16 millones de toneladas al año, un 12,5% de la producción agroalimentaria. De esa cantidad un 90% es considerado pérdida y un 10% desperdicio. En el informe se resaltan las altas pérdidas de hortalizas (42,1%) y frutas (29,8%).

Por su parte, la FAO estima que en el mundo se pierde o desperdicia el 45% de la producción de frutas y hortalizas, el 45% de raíces y tubérculos, el 30% de cereales, el 30% de pescado y productos marinos, el 20% de lácteos y el 20% de carne vacuna.

En este marco, es importante hacer foco en los hábitos de los consumidores y de los integrantes de la cadena agroalimentaria para mejorar el aprovechamiento de los alimentos. En este sentido, se podría reducir la pérdida de alimentos que no llegan a la venta por no cumplir el estándar de calidad o por algún inconveniente en el proceso de producción. Asimismo, se aconseja evitar el desperdicio en los hogares y en comercios minoristas.

Desde un comunicado de la Dirección de Agroalimentos aseguran que “disminuir la pérdida y el desperdicio de la producción le permitiría al país fortalecer el acceso y la disponibilidad de alimentos, generar mayores saldos exportables, fomentar nuevas aplicaciones tecnológicas, entre muchas otras implicancias que se alinean con la misión de ir hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles”.

A su vez, sostienen que “las pérdidas y desperdicios de alimento reducen la disponibilidad local y mundial de alimentos, repercuten en la seguridad alimentaria y nutricional, impactan en la sostenibilidad de los sistemas alimentarios y tienen un impacto negativo en el ambiente”.

Frente a esta coyuntura, en 2015 se creó el Programa Nacional de Reducción de Pérdida y Desperdicio de Alimentos que proyecta diversas acciones a futuro, dado que reconocen “la necesidad de desarrollar procesos alternativos para productos perecederos y la necesidad de concientizar a la población y a los actores productivos respecto de la importancia de las pérdidas, los desperdicios y la reutilización de los excedentes”.

“Tenemos una capacidad para alimentar a más de 400 millones de personas y somos apenas 41 millones, y calculamos que en cinco años más, está capacidad va a aumentar a 600 millones. Creemos que además de esto, si no se distribuye la riqueza en el mundo, nuestra capacidad para mitigar el hambre de 600 millones de personas va a ser exitosa en cuanto a políticas de Estado en la Argentina para producir más, pero el éxito se corona con que realmente 600 millones de personas puedan acceder a esos alimentos”, señaló la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner el 8 de junio de 2015, luego de ser recibida por funcionarios de la FAO.

Por otra parte, el Programa de Acción contra Desperdicios de Recursos (WRAP, por sus siglas en inglés) afirma en un informe que el 60% de los desperdicios hogareños surgen de productos perecederos no consumidos a tiempo.

En esa línea, el Ministerio de Agroindustria de la Nación elaboró un manual orientado a concientización de la problemática, en el cual difunde una serie de recomendaciones para que los consumidores alcancen un mayor aprovechamiento de los alimentos en sus hogares.

Planificación en las comidas, organización en las compras, la conservación de las sobras y el armado de viandas, entre otros, son algunos de los consejos. En relación a la organización, una buena opción es calcular la cantidad de comensales y las porciones a servir.

Asimismo, se aconseja respetar la cadena de frío de los productos alimenticios y la conservación de alimentos en el freezer. En este sentido, un alimento cocido puede ser congelado y recalentado una sola vez. Un alimento crudo se puede congelar en una oportunidad y, luego de cocinarse, puede congelarse otra vez. A la hora de guardar las sobras se recomienda la utilización de envases herméticos para evitar el contacto con alimentos crudos.

En lo que respecta a las comidas en restaurantes, actualmente es habitual que los clientes se puedan llevar una vianda con las sobras del almuerzo o la cena, para ser ingerido en otro momento del día. Lo mismo sucede luego de reuniones concurridas y celebraciones familiares, donde los comensales se dividen las sobras.

Otra alternativa es tomar los restos de basura orgánica para transformarla en abono natural, en un proceso que recibe el nombre de compostaje para plantas y huertas.

En definitiva, un porcentaje considerable de los alimentos que se desechan cotidianamente están directamente asociados al desperdicio en el hogar. La toma de conciencia, el hábito responsable y el aprovechamiento de los alimentos contribuirán a reducir la cantidad de comida que termina en la basura y traen consigo un beneficio tanto económico como ecológico.

Manual “Valoremos los alimentos”

http://www.alimentosargentinos.gob.ar/HomeAlimentos/ValoremoslosAlimentos/pdf/manual-aprovechar.pdf

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