Clase ’62, una categoría signada por Malvinas

Muchos de los hombres que nacieron en 1962 fueron a la Guerra de Malvinas. Para sus familiares y aquellos jóvenes que no combatieron, una pregunta se repetía constantemente: ¿Dónde están los pibes?

Por Redacción

domingo 2 de abril, 2017

La clase ’62 estuvo marcada por los jóvenes que debieron ir a la Guerra de Malvinas. Desde el continente, sus compañeros y familiares aguardaban novedades con desconcierto. Una pregunta se repetía constantemente: ¿Dónde están los pibes?

Daniel nació el 12 de marzo de 1962 y, como muchos de su clase, cumplió el servicio militar obligatorio en el año 1981. Tras nueve meses de servicio, fue dado de baja en diciembre y pasado a reserva como “soldado”. Por este motivo, no se encontraba en el ejército en el momento de la Guerra de Malvinas. Pero sus amigos, sí.

Se hizo común la incertidumbre y el desconcierto que sintieron aquellos que vivieron la guerra desde su ciudad, pensando en sus amigos, compañeros, familiares o conocidos, maldiciendo a la suerte que dejó a unos de un lado y a otros allá.

El servicio militar

“Se hacía un sorteo de acuerdo a los tres últimos números de documento te tocaban tres números aleatorios, por una lotería en la radio. En 1980 el sorteo me involucró a mí, estábamos en el colegio y lo escuchamos por radio”, recordó Daniel en dialogó con El Marplatense. “Me tocó el 617, nadie se olvida su número”.

En el sorteo, quienes sacaban del 0 al 500, aproximadamente, eran los que se llamaba número bajo y no debían cumplir el año de servicio. “Se decía la frase: ‘Me salvé por número bajo’. Era me salvé, porque éramos civiles, casi nadie quería ser militar”, indicó Daniel. Por otra parte, los números medios iban al ejército y los más altos a fuerza aérea o marina. “La marina eran dos años, recuerdo a varios golpeando la pared cuando les tocaba”, apuntó.

La clase ’62 realizó su revisión médica en 1980, donde te decían si eras apto o no para las fuerzas armadas. “En mi documento decía AA (Apto absoluto), pero otros, con algún problema físico les daban el DAF (Deficiente Aptitudes físicas). Algunos también festejaban eso, era contradictorio porque celebrabas algún problema”, señaló.

Al año siguiente, se fueron incorporando al ejército a medida que llegaba la cédula a su domicilio. Las mismas eran a partir de marzo. A Daniel le tocó ingresar al GADA 601 el 12 de marzo. “Nunca festejé mi cumpleaños 19”, dijo. Muchos todavía tenían 18 años, y empezaron su instrucción militar.

El ejército tenía diversas etapas de bajas. La primera  fue en noviembre, la segunda en diciembre y después tenías marzo (donde se incorporó la clase 63) y junio. En diciembre de 1981, Daniel pasó a ser “Reseva: Soldado”. “Me devolvieron mi documento y volví a la vida de civil, pero si había una guerra y necesitaban soldados, podrían llamarme”, indicó.

El 2 de abril

“El 2 de abril, por televisión, veníamos que la plaza de mayo estaba llena de gente festejando porque habíamos recuperado las Malvinas. Y Galtieri, exaltado, gritaba desde el balcón que si venían los ingleses les íbamos a presentar batalla. No entendíamos un carajo, los pibes no sabíamos si ponernos contentos o no”, rememoró Daniel sobre aquel día.

Luego de que fuerzas comando tomaran las islas, todos los jóvenes fueron enviados a fortificar la defensa del territorio. “Desde acá nos enterábamos muy poco, lo que decía la televisión: que las fuerzas estaban bien preparadas, alimentadas y con la moral alta.
Después nos enteramos que todo era mentira”, aseguró Daniel.

Por televisión fue que reconoció a la “hormiga” y a varios de sus colegas. “El 1º de mayo arranca la guerra, ahí nos enteramos que los ingleses habían bombardeado Puerto Argentino y habían recuperado las Georgias porque no podían defenderse. Ahí estaba un amigo, que lo único que pudieron hacer fue rendirse”, señaló.

Las cartas que dejaron de llegar

Para Soldado clase 62, José García, guarnición militar Malvinas, Puerto Argentino.

Remitente Daniel…

Daniel recuerda los momentos previos al inicio de la guerra, en el que sus amigos ya se encontraban en las islas. “Cuando los pibes fueron para allá, que todavía no había empezado la guerra, nos podíamos comunicar, mandábamos cartas. Después te contestaban a la semana: ‘nos estamos cagando de hambre, hace frío’ pero nada más”, recordó mientras pensaba todavía en el aire de inocencia que reinaba en muchos de ellos, sin esperar lo que se venía.

“Muchos alumnos de primaria mandaban sus cartas a los soldados. ‘Querido soldado argentino, gracias por estar ahí’, indicó. Asimismo detalló la cantidad de veces que gente enviaba guitarras porque les pedían en las cartas, o los famosos chocolates que nunca llegaron.

“Cuando empezó la guerra, fue un descontrol y se terminó toda comunicación”, afirmó mientras se lamenta por no conservar ninguna de esas cartas.

¿Dónde están los pibes?

Cuando empezó la guerra, “acá seguíamos sin entender nada, ni los pibes que no fuimos ni las familias”, ya que “la información que nos llegaba era todas las noches, a las 8, se paraba todo el país para ver “Telenoche”. Asimismo, había una incertidumbre que reinaba sobre todos los que habían realizado el servicio militar, cada vez que sonaba el timbre o el teléfono, había miedo de ver si era el llamado de guerra.

En el noticiero, todo llegaba al revés. “Ahí nos decían que estábamos ganando, que derribamos tres aviones… Sí, los derribamos pero mientras nos seguían haciendo mierda. La guerra siguió avanzando, nos enteramos que hundieron el Belgrano y murieron un montón de pibes. No sabíamos quien había muerto, no nos enterábamos”, afirmó Daniel.

La incertidumbre fue ganando terreno para convertirse en tristeza. “El padre de un amigo le había comprado un Peugeot 505 para cuando vuelva. Y no vino, pero el tipo no sabía. Cuando se enteró que estaba muerto, casi prende fuego el auto”, recordó, a punto de quebrarse.

Para enterarse mejor de lo que sucedía, algunos sintonizaban Radio Colonia (Uruguay) que decía la verdad, y otros, con radios más grandes, la BBC de Londres. “Un día prendimos la televisión, cuando la guerra estaba avanzada, nos estaban haciendo mierda y acá no lo sabíamos. Estaban los periodistas de siempre hablando de que el gomero de la recoleta estaba deprimido… Todo el programa hablando boludeces porque les habían dicho que no dijeran nada. Así por unos cuantos días no se supo nada. Un tío que vivía en España llamó para darnos las condolencias de que perdimos la guerra. ¿Perdimos la guerra, cuando?”, recordó, con bronca y angustia.

“Los pibes volvieron en tren y los fuimos a ver a la estación. Ahí veíamos quien bajaba y quién no, y estaban los padres, esperando a ver si bajaba su hijo o no… A veces los mismos pibes les decían. Y después estaba el que bajaba, pero con un brazo menos”, narró.

La postguerra

Víctor Carra se bajó del tren y se reencontró con su madre.

Momentos más duros se vivieron en los tiempos posteriores al conflicto en Malvinas. La euforia inicial y el festejo con los que volvieron, pasaron a convertirse en calvarios para muchos. Algunos quedaron mal física o mentalmente y la tasa de suicidios fue muy alta.

“Al principio, en la sociedad, la pasaban muy mal, eran ‘los locos de la guerra’.
De los primeros que vi hacer pelea era Gustavo Schroeder, que lo conocía de jugar al vóley. Tenía razón en todo lo que decía”, indicó. Años después, el reconocimiento y la historia a los veteranos de guerra se hizo mayor.

Sin embargo, los que volvieron y los que se quedaron concuerdan en una misma cosa: “Los milicos fueron unos cagones allá, mandaban al frente a los pibes, no cuidaban a ningún soldado”. Incluso, los combatientes “se volvían locos” cuando se enteraban que la televisión mostraba que “estábamos ganando”.

35 años después, los combatientes de Malvinas son ratificados como héroes. El próximo paso es la identificación de los caídos cuya tumba reza “soldado argentino sólo conocido por Dios”. Los caídos y los que volvieron, representan una historia que no debemos olvidar.


 

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