“Zona Roja”: Prostitución, violencia y narcotráfico, una realidad inmutable

Pese a los esporádicos cambios de protagonistas, poco ha cambiado la tónica en la “Zona Roja”. Los vecinos de distintos barrios siguen denunciando zonas liberadas y que la oferta sexual es sólo una excusa para vender estupefacientes. Radiografía de una problemática histórica e irresuelta por las autoridades.

Por Redacción

domingo 16 de abril, 2017

El narcotráfico en Mar del Plata se ha instalado hace años. No es noticia. Progresivamente peligrosas bandas han elegido a la ciudad como un punto clave para sus fines de comercialización a través del crecimiento de sus barrios periféricos. La densidad poblacional en las afueras de General Pueyrredon significó una ventaja para estos grupos, que suelen situarse en grandes capitales del país, con el objetivo de no ser identificados, o al menos con mayor dificultad que si fuera en alguna ciudad más pequeña.

Las modalidades delictivas que rodean a la venta de drogas son diversas. Cambia en todo momento, pero al menos se identifican dos o tres que son bien características y lamentablemente conocidas por el público. Existe la modalidad delivery, los famosos bunkers y también mediante aquellas personas que se encuentran en algunas esquinas específicas para comercializar. Acerca de este último caso, el ejemplo también es tristemente conocido: las personas travestidas ubicadas en la Zona Roja.

Que hay prostitución en la Avenida Champagnat, Luro y otras arterias tampoco es novedad. La profesión más antigua de la historia se encuentra presente en determinadas zonas de Mar del Plata hace muchos años, sin demasiados reparos por las autoridades ante la falta de normas que establezcan sus alcances. De esta forma, la actividad vinculada con la prostitución en la calle se ha desarrollado impunemente. Ahora, hay un asunto aún más preocupante y que sí envuelve a lo delictual. Independientemente al trabajo que debería realizar el Estado para reinsertar laboralmente a las travestis, hay una realidad que golpea a las autoridades. Se trata de la venta de droga, un flagelo que llegó a este mercado con total producción y eficacia.

Es decir, además de la tradicional oferta sexual, hay un nuevo servicio para lo que, las travestis, llaman “clientes”. Optando, o no, por el servicio sexual, se ofrece droga, ya sea marihuana como también cocaína. Ambos se disponen con sus respectivos envoltorios y precios acordes a la demanda. Sus formas de exhibirse constan en una serie de procedimientos que intentan disimularse ante las esporádicas presencias policiales. En la vestimenta, cartera o en algún árbol. Cualquier posibilidad se analiza para vender los estupefacientes.

En poco tiempo, la prostitución quedó relegada como principal actividad en la “zona Roja”. La filas de autos o transeúntes por las Avenidas Champagnat y Luro no eran por obtener un servicio sexual. Ya era por la compra en vía pública de droga, generalmente en cantidades para el consumo personal, con un fraccionamiento simple pero fácil de transportar.

De todas formas, la exhibición es el punto débil para este eslabón, el último que existe en la cadena de responsabilidades, según remarcan los funcionarios judiciales. Sin embargo, los controles policiales han mostrado claras deficiencias. En los últimos años la justicia logró comprobar la acción u omisión de los policías que, mediante sus correspondientes patrullajes, no actuaban en la zona roja, o incluso lo hacían buscando bolsas o mochilas con dinero. ¿Por qué será no?. Quizás la pregunta es algo ingenua pero recalca sobre una problemática que también contiene corrupción, corrupción incluso del poder Ejecutivo y Legislativo. ¿Cuántas veces se ha observado preocupado al Municipio o al Concejo Deliberante? ¿Nada se puede hacer?. Por desinterés o por tentaciones, no hubo desde hace años hasta el presente ninguna respuesta del Estado, salvo lo que es pertinente a la labor judicial. Generalmente en estos casos interviene la Fiscalía especialidad en estupefacientes, aquella que interviene en los delitos vinculados con la venta al menudeo de estupefacientes, con bandas que son de menor sofisticación. En la fiscalía, a cargo del fiscal Leandro Favaro, se cuenta con una importante cantidad de operativos, muchos de ellos con resultados muy positivos. Son centenares ya las causas que se llevan a cabo. Pero esos procedimientos, en muchos casos, resultan estériles. Se detecta la droga, se las reduce, se los traslada a la comisaria y, en la mayoría de los casos son liberados. Es una situación que suele repetirse semana tras semana, aunque también hay que destacar algunas excepciones y que significa dificultoso a las autoridades contar con todos los elementos probatorios para sostener una calificación que sustente una cadena de comercialización y no una simple venta ocasional y pequeña de marihuana o cocaína. No siempre lo ya popularmente conocido es válido para la justicia. Así lo afirman los fiscales pero en especial lo marcan las leyes.

Al respecto, el doctor Favaro, aseguró que existe una disminución en la venta, aunque reconoció las limitaciones para llevar adelante efectivos operativos en la zona Roja

En tanto, Favaro respondió acerca de cómo se llevan a cabo las causas judiciales en contra de las travestis, muchas de ellas peruanas, y otras personas que intervienen en el comercio en vía pública. A su vez, opinó sobre la labor policial:

Por su parte, el fiscal Rodolfo Moure reconoció, a diferencia de Favaro, que la situación se ha complejizado, enfatizando que es necesaria la tarea de investigación a los principales eslabones de estas organizaciones:

A su vez, el fiscal brindó mayores detalles acerca de la confección de estas bandas, muchos de esos integrantes residentes en estos delitos.

A  su vez, Fernando Telpuk, secretario de Seguridad Municipal, arremetió contra la tarea de la Policía, asegurando que existen fallas y complicidad que permiten que la venta de droga permanezca. También comentó los estragos que genera la droga en los chicos:

Además de los menores que son atraídos por estos flagelos, hay otras víctimas que sufren de este delito. Son los vecinos que viven en distintos barrios donde se ubica esta conocida “Zona Roja”. Padecen día a día la prostitución frente a sus hogares y desde hace años se le sumó la venta de droga, con decenas de autos que noche a noche se hacen presentes, generando un contexto de total hostilidad para ellos. Al respecto, tenemos declaraciones de algunos vecinalistas.

Por un lado, el titular de la Sociedad de Fomento del barrio, Juan Ziegemann, dijo:

En tanto, Carlos Basta, vicepresidente de la sociedad de fomento del barrio 9 de Julio, expresó:

A su vez, Jorge, vecinalista del barrio Los Andes, señaló:

La realidad que rodea a la venta y el posterior consumo de droga en la Zona Roja también contempla un contexto aún más grave. Al tratarse de un mercado fértil para la actividad narco, hay muchos sujetos interesados en ser parte, en obtener el territorio. Hay intereses de todo tipo ya que el botín económicamente es importante, difícil de calcular. Para los periodistas que cubren la faceta policial y ni hablar para los investigadores ha resultado normal ajustes de cuentas seguidas generalmente con la muerte de personas que se desenvolvían en ese ámbito. Ha ocurrido con travestis y en especial con aquellas personas que suelen protegerlas, y esto se dice entre comillas. Hubo salvajes ataques a tiros en plenos barrios Los Andes, San Cayetano y otros cercanos, donde existieron persecuciones, tiros, sangre y mucho temor de sus vecinos. La marca de la zona roja no tiene límites visibles.

La policía y la justicia tienen mucho para resolver aún, lo marca la realidad y no un simple texto periodístico. Ahora. ¿Lo intentan hacer? ¿Alguien sabe si realmente lo están haciendo? ¿Por qué no se comunica?. ¿Por qué la fiscalía federal aún no informó nada sobre si está llevando adelante investigaciones tras lo realizado por la órbita provincial? ¿Acaso no hay eslabones más importantes que es donde se provee esa droga?. Muchas interrogantes y pocas respuestas. Sin un trabajo consensuado por todos los poderes del Estado, la problemática de la venta de droga en la zona roja persistirá. Y vale una aclaración que han explicado fuentes judiciales a este medio. Por más complejo que resulte la situación de la zona roja, la realidad es que se trata de un tema que, en comparación con otras investigaciones narco, es un asunto menor ya que está identificado y se observa sin demasiados escollos diariamente en la calle, con horarios y personas ya determinadas. ¿Y aún así no se puede resolver? ¿Qué queda para las causas de mayor preocupación, de aquellas que se necesita un mayor nivel de profundización?.

La problemática de la droga está lejos de ser una sensación en Mar del Plata. Es una realidad que pisa fuerte y que avanza sin piedad sobre una sociedad, que cada vez más padece sus estragos.

 


 

Comentarios