El fútbol callejero, una contención para los jóvenes más vulnerables

El programa Pasión de Barrio incluye a chicos y chicas de entre 15 y 21 años, que juegan a la pelota en la calle y acceden a oportunidades bajo la órbita del Estado. "Es una forma de tener un abordaje cuerpo a cuerpo, personalizado e integral", explicó Laura Hernández, titular de la Dirección de Niñez y Juventud.

Por Redacción

domingo 7 de mayo, 2017

Los jóvenes de los barrios más vulnerables de Mar del Plata encuentran un refugio en el fútbol callejero, a partir del programa Pasión de Barrio, esa iniciativa que vuelve un poco más visibles a los chicos y chicas de entre 15 y 21 años que viven en Monte Varela, Pueyrredon, Las Heras, Villa Evita y Parque Palermo.

El deporte funciona como excusa para que esos jóvenes ingresen en la órbita del Estado. Juegan con equipos mixtos, ponen sus propias reglas (el gol de la mujer vale doble) y reflexionan en un tercer tiempo. Pero lo más importante es que son escuchados, acceden a un control sanitario y hasta pueden llegar a conseguir trabajo. “El programa está desde 2015 y los jóvenes han tenido una evolución. Hoy estamos en una segunda etapa, que es el trabajo en el proyecto de vida del joven y que ellos puedan acceder a las diferentes cosas que tiene el estado, principalmente el empleo. La idea es que ellos vean que tienen oportunidades y que pueden aspirar a algo más”, explicó Laura Hernández, titular de la Dirección de Niñez y Juventud, en diálogo con El Marplatense. “Tenemos mucho apoyo de la Subsecretaría de Juventud de Nación y pudimos obtener materiales para cada uno de los equipos. Este año, lo que se hizo fue que cada uno de los equipos pueda diseñar su propia camiseta. Con la colaboración de ellos, nos pudimos hacer de ese material”, agregó,

-¿En qué aspectos positivos se refleja el éxito del programa?

-Hoy en día se han hecho amistades entre los barrios. Los equipos en algunos casos se juntan fuera del horario de entrenamiento y eso ha sido muy positivo. El fútbol es lo convocante para que cada uno de los jóvenes que están en estos lugares se acerquen a trabajar. Lo del fútbol es una excusa para abordar a cada uno de los jóvenes en las diferentes áreas, como educación, salud, empleo. Estamos fortaleciendo mucho lo que es la empleabilidad, se está trabajando en conjunto con la oficina de empleo y algunos jóvenes ya entraron a algunos entrenamientos laborales.  Lo que ha generado eso es que cada uno de ellos adquiera la cultura del trabajo. Para nosotros ha sido muy productivo, porque en poco tiempo se han encontrado muy buenos resultados, principalmente en lo que es empleabilidad. En el barrio Las Heras y Pueyrredon hay jóvenes que han podido entrar en el mercado laboral.

-En este caso, el deporte abre puertas que a veces parecen cerradas para estos jóvenes…

-Sí, a veces no hay un dispositivo en el barrio para que el joven se pueda acercar en lugar de estar en una plaza o en un lugar en situación de ocio. Acá se convoca y el joven se acerca para poder jugar al fútbol. Ahí los operadores empiezan a hacer un abordaje integral y personalizado con cada uno de los jóvenes para trabajar las distintas problemáticas que puedan llegar a surgir.  Se trabaja mucho en la regulación de la palabra, porque al no tener reglas, los mismos chicos ponen las normas.  En el campeonato, los partidos se dividen en tres tiempos, con un tercer tiempo de reflexión para ver si se cumplieron las reglas que los chicos pusieron.  En el caso de que no se cumplan, se evalúa por qué no se cumplieron y los mismos chicos hacen esa evaluación. Hay dos entrenamientos semanales y se juega jugando cada 15 días en las canchas de los diferentes barrios

-¿Cuál es la respuesta de los jóvenes ante este programa?

-Se trabaja mucho con el referente barrial, que es el que nos da el apoyo para la convocatoria de los jóvenes y para que el joven confíe en los operadores y en el equipo de trabajo. El referente tiene un papel muy importante para que el joven pueda acercarse al espacio y vea que uno quiere realmente ayudarlos. Los jóvenes hoy en día tienen un índice de desconfianza y de desilusión muy grande, más que nada por las circunstancias familiares que viven.  Ellos se fueron acostumbrando al programa y hoy en día hay un aporte muy positivo por su parte.  Lo que necesitan estos jóvenes, que están en situación de vulnerabilidad, es apoyo, compañía y esta es una forma de tener un abordaje cuerpo a cuerpo, personalizado e integral. En los mismos entrenamientos, los chicos ven que hay una presencia del Estado. Si alguno tiene un problema de salud, se lo acompaña a la salita del barrio. Cosas que antiguamente hacía la familia, hoy lo hace algún referente del programa.

 


 

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