Facundo Alvanezzi, docencia y fútbol desde Mar del Plata a Europa

Desde hace una década, se desempeña en las divisiones juveniles del FC Basilea (Suiza). A lo largo de su trayectoria como entrenador, ha visitado los estadios y los complejos de entrenamiento de los mejores clubes europeos. Con modestia, revela sus aprendizajes, sus experiencias y sus conocimientos aplicados al deporte.

Por Redacción

domingo 21 de mayo, 2017

“Comprobé últimamente que algunos países como Alemania, España, Francia e Italia, por citar unos pocos, han sabido reinventarse para llevar adelante un proceso en la formación del futbolista, que los ha colocado en la cima del progreso y el desarrollo en la élite mundial. Crearon nuevos y estimulantes proyectos donde la pelota y los jóvenes valores son la prioridad para mejorar jugando al juego que más les gusta... El fútbol”. La anotación corresponde a Facundo Alvanezzi. Dedicado a la formación de futuros futbolistas, este marplatense por adopción no abandona la docencia en ningún ámbito de su vida.

Nacido en Bragado, provincia de Buenos Aires, el 9 de octubre de 1965, tuvo una temprana vinculación con el fútbol. A los 13 años ya había jugado en la primera división de Sportivo Bragado. Paralelamente se trasladó con su familia a “La Feliz” y el “10” desplegó su talento en instituciones locales. Vistió los colores de Kimberley y de Deportivo Norte, con un fugaz paso por Ferrocarril Oeste en el medio. Luego de casi una década en el fútbol marplatense, Alvanezzi fue a probar suerte en el viejo continente y se quedó en Europa hasta su retiro. Militó en el Livorno de Italia (1989-1990) y en tres instituciones suizas: FC Locarno (1990-1993), FC Tressa Monteggio (1994-1995) y FC Caslano (1996-1998).

Mientras transcurrían los últimos años de su carrera futbolística, Facundo inició el curso de entrenador en Suiza y comenzó a entrenar a los más chicos para foguearse con los métodos de entrenamientos utilizados en el proceso de formación de jóvenes futbolistas. Luego de su retiro, retornó al país por un problema familiar. En 2001, en sintonía con la crisis económica y social que vivía Argentina, creó su propia escuela de fútbol. Debido a su gran trabajo y la cantidad de alumnos su escuela tomó notoriedad. Más tarde se desempeñó un año en Cadetes de San Martín y luego pasó a las divisiones juveniles de Aldosivi.

Tras su experiencia como formador en Mar del Plata, Alvanezzi viajó nuevamente hacia Europa. Participó de un campo de perfeccionamiento en Suiza y autoridades del FC Basilea observaron detenidamente cómo se desenvolvía y le ofrecieron un contrato laboral para trabajar en la institución.

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En la actualidad, Alvanezzi lleva diez años en el FC Basilea, donde asegura que ha vivido “una década de trabajo y de desarrollo evolutivo y personal”. Su trabajo le ha permitido visitar distintos países del mundo, conocer los estadios y los complejos de entrenamiento de los mejores clubes de Europa y ponerse en contacto con grandes entrenadores. Sin embargo, apasionado y calmo revela con modestia sus aprendizajes, sus experiencias y sus conocimientos aplicados al fútbol.

En este sentido, el entrenador explicó a El Marplatense: “Las personas que hacemos docencia cumplimos un rol muy específico porque abarcamos muchos espectros. Mayoritariamente, el futbolista se forma en el seno de la familia, también en el seno escolar y por decantación en el seno deportivo, aunque con un tiempo mucho más reducido. Hablamos de un espacio de dos horas, tres horas diarias como mucho, cuando antiguamente nosotros jugábamos al fútbol por espacio de siete u ocho horas sin tener ninguna formación de academia”.

-¿De qué manera aplicás tus conocimientos para la formación del joven futbolista?

-Yo siempre parto de una base y de una consigna. Nosotros tenemos como parámetro uno de los triángulos didácticos de oro, que está constituido por la educación de la familia, la educación deportiva y la sociedad donde se desenvuelve. Ese triángulo didáctico comienza con la educación principal y fundamental que es la familia, para recaer a posteriori en la formación deportiva y luego se decanta en la sociedad.

-¿Qué particularidades exige el rol de formador?

-Hay que ser docente y decente. La docencia implica necesariamente la decencia para transmitir un mensaje porque no nos olvidemos que estamos tratando con seres humanos. Hay que tener un diálogo abierto y fluido y ser muy frontal.

-¿Cómo se planifica el proceso de desarrollo de un futbolista en un club de élite?

-Los 12, 13 y 14 años son las edades de base fundamentales desde la pedagogía, la metodología y la psicología de la persona para llevarlo por un camino deportivo, donde se puede establecer con un parámetro de tres a cuatro años para qué puede estar y para qué se puede desarrollar, siempre y cuando los parámetros de la sociedad y deportivos estén bien encaminados y bien encauzados con los límites propios para saber hasta dónde se puede desempeñar el chico.

-¿Se viven contextos muy distintos en las academias y clubes de Europa y Argentina?

-Yo veo tanto en Argentina como en Europa que esos parámetros se están perdiendo mucho. Si la familia está bastante dañada y el aspecto educativo, en lo que se refiere al colegio, también está bastante complicado, nos recae mucho sobre la educación cultural, humana y deportiva en nuestra tarea formativa del fútbol. Entonces, podemos aportar infinidad de cosas, pero a veces no tenemos el material suficiente para poder desarrollarlo. Se ha universalizado. Suiza tiene un contexto social distinto, pero hoy los parámetros han cambiado. Mi diversión de chico era la pelota, la diversión hoy de los chicos es el celular, la computadora, los auriculares. El aislarse, el no hablar, el no comunicar fluidamente lo que a uno le está pasando y ni imaginarnos si tienen que hablar de lo estrictamente deportivo y de lo futbolístico. Si no hay una gran contención del formador, en este caso deportivo, para poder nutrir a los futbolistas con muchos conceptos y para poder comunicarle que entre ellos tiene que haber una relación fluida, todo eso después se traslada al campo de juego en forma individual, pero no en forma colectiva. Es todo un trabajo bastante complejo y arduo.

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Facundo no es sólo un entrenador, es un profesor y él mismo valoriza el rol docente que exige su trabajo. “Más allá del entrenamiento puntual, técnico, táctico o específico, estoy a veces hablando con los jugadores a nivel individual y colectivo por espacio de una hora”, describió. En este sentido, reconoció: “Puedo decir con mucha satisfacción personal que tengo la riqueza y el reconocimiento más grande de los futbolistas por lo que les he dejado en la parte humana. El rapport humano va a continuar para toda la vida. Me pasa con muchísimos jugadores que hoy están dispersos por todo el mundo y sigo manteniendo contacto, es lo que me permite tener el ancla a mí en el piso para decir que las raíces y las esencias que yo estoy plantando son las más apropiadas y de mayor sensibilidad hacia la persona, hacia el futbolista”.

En relación al paso del fútbol formativo al deporte profesional, indicó que “hay una gran estadística que se hizo en Europa que, sobre el arco de diez mil jugadores, llegaban cinco, sobre cinco se podían afirmar tres y de esos tres podía llegar uno solo al máximo nivel. ¿Qué hacemos con los 9.999 jugadores restantes?”. En este contexto, consideró que se debe tener “una formación puntual, acabada y correcta” y fomentar que los jóvenes “tienen que seguir estudiando y perfeccionándose”.

Frente a las estadísticas frías, Alvanezzi sostuvo que el formador “necesita estar muy informado, muy constituido y muy construido para poder enseñar, tarea que no es nada sencilla si uno no tiene los conocimientos apropiados para poder volcárselos al futbolista en desarrollo”.

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-¿Qué nos podés contar de tu experiencia en el FC Basilea?

-Hoy Basilea es el club más importante de Suiza, es el club que juega Champions League y Europa League, donde vienen jugadores de los tres cantones, más jugadores serbios, croatas, alemanes, de Sudamérica, de África. Hay un conglomerado tan importante y de culturas tan diferentes que hay que tener una capacidad muy amplia de desarrollo y de comunicación para que la idea sea clara. El trabajo me insume muchos viajes, muchas pretemporadas. Yo hago trabajos puntuales y específicos con las diversas categorías. Tengo pretemporadas en diferentes regiones europeas, torneos internacionales y nacionales. Es un trabajo muy apasionante y muy rico.

“Es algo que había empezado a hacer acá en Mar del Plata, en Aldosivi, con el atenuante que nuestra idiosincrasia no nos permite desarrollarnos. Se considera que el trabajo individual es más importante que el trabajo en equipo y yo lo considero al revés. Si el trabajo en equipo es importante va a resaltar el individuo, en este caso el futbolista. Por esa cuestión tuve que migrar para poder desarrollarme en equipo y empezar a ver los pequeños errores, los pequeños detalles, observar muchísimo y logrando estos puntos puedo corregir al futbolista. Voy detrás de él como un corrector de errores para todo lo que tenga que ver con la enseñanza”, confesó sobre su experiencia en Argentina y su visión formativa.

De visita por Mar del Plata, Alvanezzi aprovecha sus vacaciones para descansar y pasar tiempo con su familia y sus amigos. Es la ciudad que eligió en 1982 y que recuerda con nostalgia. “Para mí es hermosa a nivel mundial, en todo sentido. Sigo regresando como siempre. Nunca me he ido”, afirmó.

Si de definiciones y reflexiones se trata, otra de sus anotaciones resume, a modo de conclusión, su vocación y su profesionalismo: La formación es mi vida, siendo un aspecto relevante al cual le he dedicado muchos años de investigación, horas de entrenamiento, perfeccionamiento y partidos disputados, a nivel Nacional e Internacional, que me permiten expresarme con cierta autoridad debido a la gran cantidad de datos que poseo y experimento cotidianamente”.

 


 

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