El oficio de brindar herramientas a los menores detenidos

Mariano Ditonto brinda un taller de lutería y carpintería a los chicos que se encuentran privados de su libertad en el Instituto de Menores de Batán. Afirma que es un espacio ideal para la reinserción del joven en la sociedad. Además, músicos famosos tocaron los instrumentos que ahí se realizaron.

Por Redacción

domingo 28 de mayo, 2017

Los jóvenes que se encuentran privados de su libertad en el Instituto de Menores de Batán tienen la posibilidad de acceder a ciertos cursos y talleres, además de realizar los institutos primarios y secundarios obligatorios.

Mariano Ditonto, es docente y técnico mecánico. Comenzó a dictar un taller de lutería para los menores presos, pero ahora lo derivó a uno de carpintería convencional. Habla de su trabajo con pasión y convencido de que brindarles herramientas a esos chicos es el camino de su correcta reinserción en la sociedad.

Desde su taller, Mariano intenta inculcarles una cultura del trabajo. Después, asegura que es una responsabilidad de la sociedad aceptar a estos jóvenes como gente de oficio, dejando atrás su pasado.

“Van casi todos los que estaban ahí, que normalmente son 40, y los sacás de a grupos de a cuatro. No están obligados, en educación lo obligatorio como en cualquier ámbito del país es la primaria y secundaria, tanto adentro o afuera. Lo nuestro son talleres especiales, que a ellos les suma el comportamiento. Los jueces consideran más al joven que hace talleres al que no hace nada, por una cuestión de conducta. Por eso todos acceden ahí, a algunos tal vez le bajan más de seis meses la condena. Pero después siguen yendo porque les gusta”, explicó en un mano a mano con El Marplatense en su taller de lutería.

Los menores tienen la posibilidad de hacer talleres de teatro, carpintería, cerámica, cocina, mozo y peluquería. En enero de 2014, Ditonto empezó con la lutería, se dedicaba a enseñar cómo fabricar guitarras eléctricas y, un compañero, hacía lo propio con las criollas. Luego, decidió dar carpintería.

“Me di cuenta que capaz no era tan productivo, porque un chico tenía condena de seis meses y por ahí no terminaba la guitarra. Además, me tenía que poner a enseñarle a medir o hacer cosas muy básicas, cuando estamos haciendo uno de los trabajos más difíciles dentro de la carpintería”, explicó.

Sin embargo, la lutería dejó varios frutos y visitas especiales. Los chicos conocieron y entregaron instrumentos armados por ellos mismos a referentes de la música como Gustavo "Chizzo" Nápoli, guitarrista de La Renga, Zeta Bosio quien fue a la inauguración del taller, los Les Luthiers, Skay Beillinson, guitarrista de Los Redondos, Ciro Pertusi de Attaque 77 y Abel Pintos.

Mariano cuenta que llegó un momento en el que “los chicos ya se habían empezado a aburrir de no terminar las guitarras, el taller se transformaba en mitad laburar y mitad mate y truco”. Allí decidió hacer otra cosa para no quitarles las ganas de trabajar, porque “Ya de por sí son chicos que no están acostumbrados a trabajar”.  Además, al no ser reconocida como una materia dentro del Sistema Educativo, no le podía entregar un certificado de lutería válido a los chicos “El pibe sale de ahí diciendo que sabe hacer guitarras, pero no tiene ningún papel que lo pueda confirmar. Siendo sinceros, ¿quién le cree a un chico que salió de la cárcel que sabe hacer guitarras?”, contó.

El docente aprovechó que estaban llegando al penal palets de madera para armar una huerta y los utilizó para la carpintería. “Se desarmaron 10 en una tarde, trabajaron con pilas”, recordó. “Saqué el modelo de una silla simple, y empezamos a hacerlo. El pibe venía de estar ocho meses en una guitarra, y en una clase salía con un banquito. Ahí todos querían hacer el curso”, agregó. Desde ese momento se hizo oficial el curso de carpintería y reciclado de materiales.

Ahora, los jóvenes encontraron una nueva motivación para seguir aprendiendo y compartir las sillas de madera para niños que hacen. “La Provincia nos dio como tarea obligatoria a todos los cursos hacer una actividad que sea a beneficio de otra institución, para que los chicos trabajen la empatía y la preocupación por el otro. Vino una maestra del jardín de infantes del penal de mujeres porque faltaban sillas, y las empezamos a hacer nosotros”, describió Mariano.

Después, todos querían tener una silla, parientes o trabajadores del penal.  “Ahí comenzamos a cobrar los trabajos, así podemos reponer los materiales y a los chicos le damos un poco. No los podes hacer laburar gratis porque si le querés inculcar la cultura del trabajo, les tenés que dar una remuneración”, afirmó Ditonto.

“A ellos la plata adentro no les sirve, pero deciden si la guardan para cuando salgan o si quieren comprar fiambre, gaseosa o algo se les trae. La última vez, entre dos chicos juntaron mil pesos e hicieron un asado para todos. La idea es que ellos tengan ese incentivo para trabajar”, añadió el docente.

El docente y el psicólogo

Mariano asegura que no es juez para dictar una condena ni decir si está bien o mal lo que hicieron a sus alumnos. En ocasiones, considera que no actuaron correctamente, pero prefiere no caer en prejuicios ni juzgar. “Más allá de lo que hayan hecho son seres humanos, la comunicación la tienen. Algunos no saben leer escribir, pero saben hablar, no estás con una pared”, afirmó.

En este sentido, contó que nota “muchos perfiles psicológicos, porque algunos que parece que hablás con un hermano menor y otro que hablas con un par de edad por la maduración que tienen en la cabeza”. Además, añadió: “Hay chicos que entraron por un robo a mano armada y otros porque tienen 6 homicidios encima, pibes que saben lo que es 2+2 y otros que no saben lo que es un 2. Es una ensalada cultural. Pero comparten un mismo patrón, el hecho de las familias que tienen, que no son familias. Hay pibes que los padres son chorros, los abuelos también, otros padres que venden droga, otros que los padres son laburantes pero no están nunca y se crían en la calle, en barrios donde puede haber mala junta. Hay chicos que a los 9 o 10 empiezan a hacer cagadas”.

Por estos motivos, muchas veces debe cumplir una segunda función, la de brindar apoyo.  “Ellos a veces me cuentan mucho lo que hacen, el laburo la mitad es oficio y la otra es psicología. Si lo ves mal, le preguntás que le pasa, entran en confianza y te cuentan”, aseguró.

Para él, este trabajo es un desafío, pero le gusta aprender de la gente. Asegura que nunca entró con miedo y confía en las capacidades de su trabajo para brindar herramientas a un joven que nunca tuvo oportunidades. Su deseo, seguir haciendo esto hasta jubilarse.

 


 

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