Procrear: el drama de las familias que quedaron con la casa a medio hacer

Cientos de familias marplatenses vieron derrumbado el sueño de la “casa propia” a partir de la inflación y la consecuente desactualización de los fondos entregados por el Gobierno. Testimonios que retratan la incertidumbre que se sostiene con el paso de los años.

Por Redacción

domingo 28 de mayo, 2017

Cientos de familias marplatenses que entre 2014 y 2015 se transformaron en beneficiarios del Programa Crédito Argentino del Bicentenario para la Vivienda Única Familiar (PRO.CRE.AR) compartían una misma ilusión: tener, de una vez por todas, la tan ansiada “casa propia”. Sin embargo, las demoras en las entregas de los créditos, el cambiante rumbo de la economía, la inflación y su consecuente impacto en todos los costos, derrumbaron ese sueño en tan sólo meses.

Después de dos años de que el Gobierno nacional hiciera entrega de los primeros fondos, la problemática persiste en el día a día para esos cientos de familias. Es que además de las mismas dificultades económicas para afrontar el pago de los créditos, se suma la incertidumbre que genera la escasez de recursos para poder ponerle fecha de vencimiento a la construcción de una vivienda que parece “interminable”.

Marcos encarna uno de esos tantos relatos que se ven atravesados por estas problemáticas. En diálogo con El Marplatense, comentó que tiene un terreno en Sierra de los Padres pero dijo que “momentáneamente” vive en otra casa prestada por su familia ya que la vivienda que se propuso construir con los montos asignados por el Procrear todavía “no es habitable”. “Dios sabe cuándo la terminaremos”, expresó.

“Podría decir que está construida en un 75 por ciento. Tiene lo básico. Pero no está terminado el baño, no tiene ningún revestimiento y al techo tampoco se la ha podido hacer el tratamiento que corresponde. No es habitable pero en un caso de extrema necesidad lo usas como sea“, explicó.

Al puntualizar sobre las carencias del hogar, se refirió también a las situaciones de precariedad que otras personas debieron afrontar. “Hay familias que se han mudado con aberturas tapeadas con tablones porque no llegaban a cubrir lo básico, o con niños pequeños y problemas de salud y tenían que mudarse en forma apresurada y sin tener calefacción ni agua potable”, ejemplificó, y agregó: “No estamos hablando de comodidades ni de locuras, sino de servicios básicos”.

Pero el caso de Rocío es distinto. Ella también tiene una casa construida con un avance del 75 por ciento, según sus estimaciones, pero debe vivir ahí: en el mismo terreno que compró en el barrio Santa Elena. “No tengo cerámicos en los pisos, no tengo cielo raso, los muebles son prestados, el baño me lo hizo mi hermano, y tuve que sacar otro crédito más de 60 mil pesos a nombre de mi mama, para terminar de pagar la mano de obra”, enumeró, sobre los trastornos.

“Al momento de sacar el crédito, era obvio que la plata no alcanzaba. En 2015 me dieron 476.800 pesos y con eso tenía que comprar el terreno y construir. Ellos tomaban como parámetro de que vos tenías que comprar un terreno de hasta 150 mil pesos y la realidad es que ningún terreno valía eso”, recordó.

Al referirse a la principal problemática del plan nacional, la joven hizo hincapié en la forma en que el Gobierno nacional dividía la entrega de los montos, que se tornaban insuficientes para cubrir luego todos los costos de la obra. “Ellos te dan la misma cantidad de plata en los anticipos y en los desembolosos, pero eso está mal dividido y es un problema”, aseveró.

“Con la primera parte de la plata que te daban llegabas bien, porque sólo era para abrir los cimientos y otras cosas más, pero en el segundo tramo te dan el mismo monto y en esa instancia ya tenías que llegar a hacer prácticamente hasta el techo, y es imposible hacer con el mismo dinero cuatro veces más. Esa fue la parte donde mucha gente se quedó”, explicó.

“Yo tuve la suerte de que un amigo me prestó 50 mil pesos y con esa plata pude llegar a lo que me exigían para darme el resto, y ni bien cobre le devolví a mi amigo lo que me prestó y no llegue a terminar la casa después. El hecho de que sea soltera y de que vivía con mi madre, me ayudó a que no tuviera que pagar el alquiler o afrontara otros gastos”, indicó.

Andrea es otra de las beneficiaras marplatenses del Procrear que vive en Acantilados, en una casa que, según le contó a este medio, “se encuentra absolutamente sin terminar”.

“No hemos puesto los pisos ni el techo, y está todo sin pintar. La vivienda la tendré construida en un 60 por ciento y la terminaré si algún día logró juntar un peso”, expresó.

El complementario que no ayudó o que excluyó

Ante los inconvenientes que se vieron reflejados en Mar del Plata y distintos puntos del país con el crédito inicial, desde el Gobierno nacional se impulsó un “beneficio complementario”, de entre 50 y 200 mil pesos, para ayudar a muchas familias a concluir su hogar. Sin embargo, además de ciertas dificultades en el acceso a los fondos a partir de los requisitos y las condiciones exigidas, los testimonios recogidos coincidieron en las críticas por los escasos montos que significaba y los mecanismos de pago.

Andrea también tuvo la posibilidad de acceder a ese beneficio pero reconoció que desde la asunción del Subsecretario de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Nación, Ivan Kerr, quien está actualmente al frente del Procrear, el Gobierno se “puso mucho más firme” e imposibilitó el ingreso de más familias.

Me otorgaron un crédito complementario de 120 mil pesos y ellos consideraron que con eso podía terminar la vivienda. Lo único que pude hacer es poner la calefacción y cerrar el terreno. Hoy, la mano de obra está 800 pesos por día”, afirmó, y agregó: “Hoy está todo congelado. No hay ningún avance y no se puede esperara nada para los próximos meses”.

Por su parte, Marcos comentó que también logró acceder al beneficio complementario pero puntualizo que por “cuestiones personales”, no pudo volcarlo a la construcción de su casa en Sierra de los Padres. “Hasta que lo obtuve, transcurrió casi un año y volvió a pasar lo mismo que con el crédito inicial: se asignó un monto, se depreció la moneda y después no alcanzó para nada“, explicó.

“Hay mucha gente que está con problemas en la vivienda y ahora con el complementario está sufriendo porque tienen la tasa variable, que se suma a la misma incertidumbre que siempre genera la economía en este país”, añadió.

Rocío, en cambio, señaló que decidió no pedirlo porque le pareció “usurero”, a partir de la sujeción de la tasa de interés a los índices inflacionarios. “Hay personas que no tuvieron tanta suerte como yo, y como tenían el piso de barro, aberturas en la casa, y se encontraban pagando un alquiler en otra vivienda, además de pagar el crédito, no tuvieron mas remedio que solicitar el complementario”, dijo.

“Pero no es conveniente sacarlo porque, en base a la economía que tenemos acá, si la inflación sube podés terminar pagando más del complementario que del crédito inicial. Esto no fue una ayuda. Fue un parche porque se estaba haciendo mucha presión pero no fue una solución real”, consideró.

“No hay nada más lindo que llegar a tu casa”, reza el slogan del Procrear, en los diversos carteles de obra que se montaban sobre las viviendas inconclusas. Sin embargo, para Marcos, Rocío, Andrea, así como para cientos de familias marplatenses y otras miles en todo el país, ese camino aún es incierto.

 


 

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