Editoriales independientes, una renovación cultural en Mar del Plata

En los últimos años surgió un grupo de sellos locales que hoy representan un nuevo espacio para editores, lectores y escritores, cuyas publicaciones circulan por la ciudad y distintos puntos del país.

Por Redacción

domingo 4 de junio, 2017

“El apocalipsis del libro en papel ya pasó, el libro sobrevivió”. La afirmación le pertenece a Esteban Prado, referente del movimiento de editoriales independientes de la ciudad, quien dialogó con El Marplatense sobre el impulso de una generación que autogestionó un espacio de producción y circulación literaria desde Mar del Plata.

Se trata de un grupo de personas de entre 27 y 35 años que crearon las editoriales Letra Sudaca, La Bola y Puente Aéreo. Entre 2011 y 2013 salieron al mercado con sus primeras publicaciones y se instalaron en la escena cultural, que tenía producciones de distribución artesanal, pero sin una gran presencia en librerías.

La Bola se caracteriza por la producción de fanzines cuidados de terminación artesanal y se destaca por sus colecciones de narrativa y poesía joven. Por su parte, Letra Sudaca ofrece opciones de narrativa, que abarcan la ciencia ficción y el género policial, y ensayos, entre otros. En tanto, Puente Aéreo publica colecciones de narrativa de escritores locales y cuenta con ediciones de Encuentro con mujeres notables, del japonés Izumi Kyöka, Vida, del brasileño Paulo Leminski, y la historieta ¡Marc!, del escritor argentino Osvaldo Lamborghini y del ilustrador Gustavo Trigo.

“El surgimiento fue bien de irresponsabilidad”, recordó Prado sobre el inicio de Puente Aéreo, que creó junto a su socio Esteban Quirós, cuyo perfil, al igual que el de las otras dos editoriales mencionadas, es independiente y conlleva “un vínculo con los escritores que no ponen guita para publicar y un intento de profesionalización para llegar a algunos lugares nodales como La Plata, Buenos Aires, Rosario, Bahía Blanca y Córdoba”.

-¿Qué lugar ocupan estas editoriales independientes en la escena cultural marplatense?

-En lo que respecta a libros, implica un espacio en el que se puede publicar con estas condiciones que decíamos y que era algo que no estaba. Muchos escritores de la ciudad encontraron un lugar para leerse entre sí, para publicar, para llegar y entrar en el circuito de los nichos editoriales independientes en las diferentes ciudades del país. En cuanto a la movida más amplia, sentimos que hubo un poco de movimiento de avispero con la generación que ahora tiene entre treinta y cuarenta, con la que se quedó en 2001 y pudo establecerse en la ciudad sin tener que irse a otras ciudades o países. Creo que hubo una generación que empezó a armar grupos de producción independiente.

-¿Qué valor tienen estas editoriales para la movida cultural de la ciudad?

-El valor respecto de la ciudad es que haya y que se generen espacios de circulación de la literatura, del pensamiento, del ensayo. También una literatura un poco más suelta, sin toda la cuestión del gran libro, como los fanzines que hace La Bola. Espacios de intercambio entre escritores, lectores, editores. De algún modo, somos todos un poco escritores y lectores. Sí se nota para la ciudad esta cosa de un modo de producción más joven que implica la necesidad de explicar y de reeducar consumidores.

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“Pensar la negación del mainstream sería un absurdo. De hecho, nosotros como lectores, o consumidores culturales en general, también estamos totalmente inmersos en el mainstream. Algunos consideran la publicación independiente como un modo de paso hacia el mainstream, otros como un modo alternativo completamente”, explicó Prado sobre la convivencia entre las editoriales independientes y las publicaciones de gran tirada de los sellos nacionales e internacionales.

-¿Qué diferencia hay entre la editorial independiente y la gran editorial en cuanto a la producción y la distribución?

-Tiene que ver con la vinculación que tiene el editor con el libro. No está tan serializado, no está tan compartimentado. Es decir, el que selecciona el libro, el que arma el contrato con el escritor en cuestión, el que lo corrige, el que lo maqueta, el que después va y coordina con la imprenta siempre en la editorial independiente o alternativa es casi el mismo. Es raro que una editorial independiente tenga más de dos o tres personas en su equipo. Eso quiere decir que lo hacen todo. Y lo hacen con cierto grado de compromiso porque la vinculación con la marca, con la editorial, es bien fuerte. En el otro caso, al ser más grande, al ser más parecido a cualquier otro sistema de producción de gran escala, cada uno cumple su rol. Siempre el grado de pertenencia y vínculo con el objeto final es otro. A mí me gusta pensar que las editoriales independientes tienen ese vínculo de estar en todo el proceso, desde la corrección con el escritor hasta la salida de los libros de la imprenta.

-¿De qué manera convive una nueva editorial que produce libros en formato papel con todos los formatos que nos proporciona la tecnología?

-Conviven sofisticándose. Si ves una editorial como Barba de Abejas, sus textos circulan libremente en la web, pero en este caso implican una nueva traducción, un trabajo artesanal. Estamos hablando de un editor que invirtió en una impresora que le permita hacer los libros que quiere en su casa, que se entrenó y formó como encuadernador, los arma con talento y los libros tienen una serie de souvenirs que están directamente vinculados con el libro, desde ilustraciones, señaladores, pequeños cuadritos. Eso nunca va a tener un sustituto digital. Obviamente, los libros que descuidan lo material, cualquiera va a poder sustituirlos por el soporte digital. Si nos ponemos a revisar los libros que tenemos, todos vas a ver que tienen algún plus, un cuidado en la realización del libro. Muchas editoriales tienen la política de sacar el libro en formato papel y en uno o dos años liberan el archivo digital. Hay una puesta de divulgación y no sólo de circulación del objeto. La editorial independiente y alternativa también tiene que ver mucho con repensar los derechos en el plan copyleft. La mayor parte de nosotros va y vuelve de un soporte a otro. El libro que no podés conseguir en papel, lo vas a leer en el soporte digital porque lo querés leer igual. Si después te lo cruzás, por ahí lo compres porque lo querés tener en tu biblioteca. Para las alternativas todos los desarrollos tecnológicos que hubo multiplicaron sus posibilidades de existencia, desde las impresiones más chicas hasta la divulgación del conocimiento en términos de aprender a maquetar a partir de tutoriales.

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En su intento por formalizar un grupo de editoriales locales, años atrás se creó Papel, que ofrecía un catálogo de venta online de Letra Sudaca, La Bola y Puente Aéreo. Asimismo, en 2015 participaron por primera vez con un stand en la Feria del Libro de Mar del Plata, donde convocaron a otros siete sellos independientes.

También tuvieron presencia en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires cuando la Municipalidad tenía stand propio y en otras oportunidades a través de un colectivo integrado por veinte editoriales independientes nacionales.

En marzo de este año, el vínculo entre los sellos locales se materializó con la apertura de El gran pez (Hipólito Yrigoyen 1992), donde sus publicaciones tienen una sección destacada.

Las producciones locales, autogestionadas y en muchos casos con terminación artesanal, se instalaron en la escena cultural marplatense para quedarse. Circulan por distintas librerías de la ciudad y representan una renovación generacional y cultural.


 

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