Gasparri, el luchador de Sporting que se acerca a su mejor versión

El “Cachorro” recupera de a poco su mejor nivel, luego de superar una lesión que lo mantuvo dos años sin continuidad. No obstante, reconoció que no mezquina intensidad: “No puedo jugar más liviano porque iría en contra mío”

Por Redacción

miércoles 7 de junio, 2017

Lucas Gasparri sabe que no podrá volver el tiempo atrás, pero también es consciente que con 22 años, le falta mucho camino por recorrer y que al menos podrá recuperar el nivel que lo llevó a ser convocado para Los Pumitas en el Mundial de Italia 2015. En eso anda el potente tercera línea que luego de aquella experiencia inolvidable sufrió la fractura del radio en su brazo izquierdo y estuvo dos años sin continuidad.

El ” Cachorro” está afianzado en el 15 titular de un Sporting que domina el Regional Pampeano A y que cumplió una gran actuación en el Nacional de Clubes B, con triunfo sobre el poderoso Alumni de la URBA incluido. “Después del Mundial con Los Pumitas, jugué tres partidos y en un entrenamiento me quebré. A un compañero le costó controlar la pelota y fui a tacklearlo sin estar bien armado, como regulando, y me comí un rodillazo en el antebrazo, donde hay muy poco músculo. Fue en la semana previa al clásico con “Mardel”. Me operé a los pocos días y estuve cinco meses hasta que me dieron el alta para volver a entrenar en diciembre de 2015″, contó Gasparri sobre el principio de aquella mala racha que ha quedado atrás.

“Cuando volví estaba joya, pero después empecé a sentir una pequeña molestia arriba del dedo gordo, en la muñeca y al tiempo no podía ni hacer el movimiento para apretar algo. Pensábamos que era la placa, la sacamos, pasó un mes, volví a jugar y seguía sintiendo un dolor tremendo, hasta que no pude más. Entonces hicimos una nueva resonancia y salió que todavía tenía el hueso quebrado”, describió el autor de dos tries en la victoria clave y sufrida contra Sportiva de Bahía Blanca 17-10 el último fin de semana.

– ¿Nunca se armó de nuevo el hueso?

– No, se me hizo un callo hipertrófico, por afuera, que cubría la fractura, pero el hueso no estaba consolidado.

– ¿Cómo no lo vieron?

– Es que en las placas salía todo liso, pero cuando se buscó más a fondo, con una resonancia desde distintos ángulos se vio que adentro estaba hueco.

– ¿Entonces tuvieron que volver a operarte?

– Claro, la segunda fue en mayo de 2016. Consulté con varios médicos y todos coincidieron en que había que operarme de vuelta, poner otra placa e injerto de hueso. Me operé con Rafael Augier, porque fue el que más confianza me dio, además de haber operado de la clavícula a “Juani” Cecive, que es mi amigo, y no tuvo ningún problema.

– ¿Y hubo otra?

– Sí. La tercera y definitiva que fue el martes 13 de septiembre del año pasado. Ahí me pusieron los ´fierros´ nuevos.

– ¿Te duele a veces?

– Dolor siempre tengo, más que nada en la muñeca. Y mucha sensibilidad en la cicatriz. Si me apretás fuerte el antebrazo siento dolor porque está el callo. Por suerte no me impide jugar.

– Jugás a 200 kilómetros durante todo el partido, ¿no sería mejor regular pensando en lo que te pasó?

– No, no puedo. Cuando entreno o juego me olvido que estuve quebrado y tengo el antebrazo medio débil. Me doy cuenta cuando me golpeo fuerte y me duele. No puedo jugar más liviano porque iría en contra mío.

– Contra Alumni en Buenos Aires te quebraste el dedo meñique. ¿Eso también fue por tu forma de jugar?

– No, no, eso fue una pavada. No fue un golpe. Me enganché de la camiseta de uno, nada más. Además ese dedo se quiebra de nada (risas). A los pocos días ya estaba recuperado.

– ¿Tenés mala suerte o asumís muchos riesgos?

– No lo sé. Puede ser un poco de todo, pero antes de quebrarme el radio venía de varios años sin tener ni siquiera un desgarro y siempre jugué igual.

– ¿Pensaste en dejar el rugby en esos dos años de inactividad en los que no encontraban la solución al problema en el brazo?

– No, pero el médico me dijo que era una posibilidad si no se consolidaba el antebrazo. Me tiró la posta, si operábamos e iba bien podía seguir, pero si debíamos volver a operar era un lío más importante. Si iba a tener un problema de por vida, iba a optar por dejar de jugar, obviamente. Ahora tengo dolor pero se aguanta.

– Aquella lesión te privó de seguir en el Plan Nacional de la UAR. ¿Creés que podrás volver?

– No sé. Aunque esté o no esté dejo lo mejor de mí. Entreno igual, me alimento igual, voy al gimnasio, como antes de ir al Mundial. Espero que los entrenadores confíen en mí de nuevo. Tengo la esperanza.

– ¿Cuál es tu objetivo individual para este año?

– Aunque parezca chiquito, es jugar el clásico contra Mar del Plata Club. Desde que subí al Plantel Superior que no puedo jugar. Por cosas buenas o malas siempre me lo perdí. Es algo pendiente que me come la cabeza, así que espero estar bien para el 8 de julio.

– Con respecto al equipo, tienen un plantel con muchos jóvenes. Eso da la pauta de que el presente es bueno pero el futuro puede ser mejor.

– Sí. En el pack somos más jóvenes que mayores, cosa que antes no pasaba. La ventaja que tenemos es que los más chicos estuvimos en el CIAR y en los Seleccionados Juveniles e hicimos las cosas bien. Nos quedan muchos años por delante y le vamos a dar lo mejor a Sporting.

– Mencionaste al CIAR, donde tuviste a Eduardo Etcheto quien ahora es el head coach en Sporting.

– Sí. Lo conozco hace un montonazo de años. Cuando dijeron que iba a estar en la Primera de Sporting me puse muy contento porque la tiene muy clara en todo lo que es juego. Los entrenamientos son más específicos, te da ejercicios diferentes por posición. Le tengo muchísima fe. Tengo una relación excelente con él y con todos los entrenadores. Con Eduardo siempre charlo sobre el juego, de cómo me sentí, de lo que tengo que mejorar. Siempre está encima mío para marcarme lo que hago bien y sobre todo lo que hago mal para corregirlo. Eso me ayuda un montón.

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