Mes de la fertilidad: “Nos creen menos mujeres si no somos madres”

La periodista Luciana Mantero reunió en el libro “El deseo más grande del mundo” su testimonio y el de varias mujeres que deseaban tener hijos.

Por Redacción

sábado 17 de junio, 2017

En junio en todo el mundo se conmemora el mes internacional del cuidado de la fertilidad, y en 2013 fue sancionada en Argentina la Ley Nº 26.862, de “Acceso integral a los procedimientos y técnicas médico-asistenciales de reproducción médicamente asistida”. Esto posibilitó que parejas que luchaban por ser padres y no contaban con los medios para acceder a un tratamiento, pudieran obtenerlo a través de las obras sociales y empresas de medicina prepaga.

La periodista Luciana Mantero, al ser diagnosticada con menopausia precoz, pensó que no podría tener un segundo hijo junto a su marido, el actual jefe de Gabinete, Marcos Peña. Pero no se rindió y comenzó su búsqueda para realizar tratamientos de fertilización. Todo ese proceso, junto a las vivencias de otras mujeres, lo reflejó en el libro “El deseo más grande del mundo”.

Durante esta búsqueda se viven “esperas dilatadas, tratamientos de fertilidad, desencuentros con sus parejas, intentos de adopción, remedios que parecen mágicos y las propias dudas sobre el deseo”, según describe a El Marplatense, Mantero.

Una experiencia personal de la autora fue el disparador de consultas con especialistas y el surgimiento de los miedos, las frustraciones, pero por sobre todo, el hecho de saber que no estaba sola y que muchas otras mujeres estaban viviendo de una u otra forma lo mismo.

“Surgió primero como una idea de una nota para un concurso de periodismo narrativo. Se necesitaba una buena historia para contar. Historias reales, con las herramientas de la literatura. Como si fuera una novela o un cuento, pero que son verdad. Estaba embarazada de 7 meses, de mi hijo Joaquín, y no podía salir a reportear, pero me di cuenta que tenía una buena historia entre manos. Y era la mía. De la búsqueda de mi hijo, que me había costado tres años de lucha”, recuerda.

A la vez, Mantero sentía que “era un tema de importancia social”, ya que a partir de la aprobación de la Ley de fertilización asistida, se duplico la cantidad de tratamientos en el país.

“Pero como soy periodista, también trato de hacer un reflejo de la realidad lo más fiel posible. No quería conformarme con mi propia historia. Y salí a buscar otras 9 personas que me contaran qué les había pasado en su búsqueda por la maternidad”, relata.

Las experiencias son muy diversas y particulares. “Algunas hicieron un montón de tratamientos para lograr tener un hijo, otras terminaron adoptando, y hay historias de parejas que se separan porque no pueden sostener lo difícil que es esta búsqueda que no llega”, describe. En esos momentos se pone la vida propia “entre paréntesis”, y se somete al cuerpo a tratamientos médicos invasivos.

-¿Cómo fue su caso en particular?

A mí me diagnosticaron menopausia precoz a los 33 años, y yo ya tenía un hijo, Lucas, pero sentía que tenía que volver a ser madre. Había un deseo muy profundo y me encontré con esta cachetada, esta piña en el estómago. Las mujeres venimos con esta fantasía idealizada que la maternidad va a ser el resultado de una noche de amor y de placer. Pero de repente, nos encontramos inmersos en un diagnostico negativo, y nos dicen que es muy probable que no podamos ser madres. En mi caso, no podía hacerlo con mis propios óvulos.  Pase tres años de búsqueda de médicos, de poner el cuerpo, de intentarlo, de recibir respuestas negativas, y de búsquedas espirituales. Y finalmente, cuando acepté lo que me había pasado, con mi pareja sentimos que la maternidad era más fuerte que la genética. El deseo era profundo, el cuidado, el amor y la verdad sobre su origen iban a ser lo primero. No iba a ser fácil, pero valía la pena. Estábamos dispuestos a seguir este camino.

Quedé embarazada naturalmente contra todos los pronósticos de los médicos. No tengo muy claro que paso en mi caso, pero se que la potencia de esta historia me despertó la necesidad de contar esto que a veces vivimos de puertas para adentro. Lo vivimos con cierta vergüenza y todavía sigue siendo un tema tabú, porque la sociedad tiende a relacionar la maternidad con la femineidad. Como si no pudiéramos ser madres fuésemos menos mujeres o en el caso de los hombres, la fertilidad, con la virilidad por no poder concebir.

¿Qué repercusión tuvo a partir de la publicación del libro?

Desde que se publicó, recibí miles de mensajes de mujeres que dicen que se sienten más acompañadas, menos solas, que no están locas, que no son las únicas que atraviesan con tanto dolor esta situación. Esperando ese hijo que no llega postergamos nuestros proyectos. La idea no es quedarnos atrapadas en ese dolor, sino seguir adelante. contar lo que nos pasa, y encontrar otra opción. Cada una sabe cuál es el límite, pero también está la adopción.

Hay muchas mujeres atravesando esto, más de las que uno piensa. Y esto se vio reflejado en las historias y el éxito del libro.

 


 

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