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Ayelén Tarabini y la lesión que le cambió la cabeza

Tras la rotura del tendón de Aquiles en 2015, la gimnasta se tomó la recuperación con paciencia, bajó la exigencia y priorizó el cuidado de su físico. “Traté de no hacer locuras y aprendí a ser más profesional. Ahora escucho a mi cuerpo”, le dijo a El Marplatense

Por LP

sábado 5 de agosto, 2017

Octubre de 2015. La gimnasta Ayelén Tarabini es la número uno en el ranking mundial de viga y suelo. Hace mucho tiempo que se destaca y tiene una colección de medallas en torneos internacionales. Pero desde 2014 viene afilada. El sueño de estar en los Juegos Olímpicos está cerca de concretarse. No puede parar: en lo que va del año lleva 56 competencias. Hasta que en Escocia su tendón de Aquiles le dice basta y se rompe. No habrá Río. Al igual que en la previa de Londres 2012, hay que volver a empezar.

A menos dos años de aquel golpe, Tarabini volvió a competir. Los resultados siguen de su lado. Sin embargo, su cabeza cambió. Hay una mayor consciencia en el cuidado de su cuerpo: incorporó métodos de prevención de lesiones, realiza tareas de recuperación, acude al psicólogo, trabaja la visualización y, sobre todo, ya no corre detrás de la cruel exigencia del calendario. “Estoy escuchando al cuerpo”, le dijo a El Marplatense.  Y explicó: “Después de la última lesión, dije: ‘Listo, acá paro. Vamos a hacer las cosas bien de verdad’”.

Tarabini, de 25 años, tiene una meta clara: Tokio 2020. Y también sueña con estar en Paris 2024. La proyección a largo plazo le sirve para bajar la ansiedad. Mientras tanto, demuestra que su talento está intacto y ya prepara su viaje para el Panamericano de especialistas que se disputará esta semana en Perú.  “Voy tranquila, estoy haciendo bien mi trabajo. No es que estoy al cien por ciento. Quiero hacer las cosas bien para estar óptima el año que viene. Por ahí alguno mira estos resultados y dice: ‘Ya volviste con todo’. Y no. Estoy haciendo las cosas bien y se me dan justo en el momento de competencia”, explicó.

-En las competencias te mostrás intacta…

-Sí, pero también hay un poco de suerte. Uno puede entrenar y entrenar pero capaz que tuviste un mal día y chau… A veces hay que tener suerte.

-¿Vos tenés en cuenta a la suerte? Hay quienes dicen que no existe y que todo es producto del esfuerzo y el talento…

-Sí, existe. Hay veces que se te dan las cosas. Yo, estando operada de un hombro, a los cuatro meses ya estaba compitiendo y quedé primera. Ahí te das cuenta que no es todo entrenamiento. Hay un poco de suerte…

-Mientras tanto, ¿seguís cuidando el tendón de Aquiles?

-Se sigue tocando, de vez en cuando, cuando se carga mucho. Depende también la época del año. Si hay competencia, o si hay que aumentar más la preparación física, se sobrecarga bastante rápido. Pero está súper bien. Solamente que cuando se sobrecarga empieza a doler. Y hay que parar un poquito.

-Eso de parar, también lo fuiste incorporando de a poco…

-Sí, lamentablemente sí. Por ahí no es lo mejor o no es lo mismo que antes. Por ahí molesta un poco que yo pare, pero bueno, estoy escuchando al cuerpo.

-¿Te das cuenta rápido cuando tenés que parar?

-Si, por lo general es cuando termino las competencias. El cuerpo se pasa de rosca: no se si es por la falta de costumbre o qué. Pero trato de ir despacio.

-Luego de la última lesión, ¿tuviste que hacer un ejercicio mayor de paciencia?

-La última fue la peor. Yo cuando estaba tirada en la pedana, dije para adentro: “Bueno, acá son 8 meses”. Y también sabía que tenía algo en la espalda, así que sabía que era un poquito más para rehabilitar todo lo que no había podido rehabilitar. Porque yo me operé el hombro y a los cinco meses estaba compitiendo. Se rehabilitó bien, pero no estaba del todo fuerte. Después me saqué el codo y a los cuatro meses ya estaba compitiendo en el exterior. Después me pasó lo de la columna, que eso mucha gente no lo sabe. Y después lo del Aquiles.

-¿Cómo llevaste el día a día?

-Traté de no hacer locuras. No quería volver rápido al gimnasio, porque iba a quemar etapas. Entonces, me propuse que haya no estar bien no iba a ir al gimnasio.

-Hiciste parte de la rehabilitación en Rosario y dijiste que te sirvió mucho, ¿qué aprendiste?

-Aprendí a ser un poco más profesional con el tema del cuidado del cuerpo, más allá de lo que es la alimentación. Me traté con un fisioterapeuta que trabajó mucho para el Comité Olímpico chino. Trabajó con gimnastas y me dijo que me tenía que cuidar sí o sí. Me dijo que en China a las gimnastas las cambiaban enseguida , pero que acá en Argentina no hay. Y lo mismo me dijeron los médicos y los kinesiólogos. Me decían: “Ya sos grande. Empezá a respetarte. Si querés llegar, escuchá al cuerpo”.

-¿Se referían a no forzar cuando te sentís cargada?

-No, el tema es siempre tratar de entrenar, de hacer cosas, pero de otra forma. Y dedicarle tiempo a la prevención de lesiones, que es algo que falta incluir en el entrenamiento general. Para eso también voy a un preparador físico, hago kinesiología, hago cámara hiperbárica, voy al psicólogo… Son métodos que te exige la alta competencia.

-O sea que tras la última lesión hiciste un cambio notorio…

-Sí, yo creo que fue la gota que rebalsó el vaso. Es como que dije: “Listo, acá paré. Vamos a hacer las cosas bien de verdad”.

-¿Esta nueva forma de encarar tu carrera es algo positivo dentro de todo lo malo que representa una lesión así?

-Sí, lo que pasa es que yo no podía frenar porque siempre había competencias, había que estar y no podía parar por más lesión que hubiera. Creo que este año es fundamental para mí, para poder ponerme en órbita. El año que viene están los Juegos Sudamericanos, está el Mundial. En 2019 están los Panamericanos. Mi meta son los Juegos Olímpicos de Tokio, pero tengo que competir en esos torneos.

 

 

“NO ME ARREPIENTO DE LO QUE HICE”

Cuando recuerda la exigencia a la que se sometió hasta 2015, Ayelén Tarabini no se arrepiente. Los resultados le marcan que tanto entrenamiento y tanta competencia valieron la pena. “No me arrepiento, porque hice bastante historia en lo que es la gimnasia”, señaló. No es para menos: en su currículum aparecen, entre otros trofeos, la medalla de plata por equipos en los Juegos Odesur 2006 y de bronce en los de Medellín en 2010 (viga y salto). También ganó medallas de plata y bronce en España 2008 y de oro y bronce en Eslovenia 2014.

-No sólo pensás en Tokio 2020, sino también en París 2024. ¿Apuntar lejos te sirve para calmar la ansiedad?

-Sí, puede ser. Voy en el día a día, tranquila. Antes no era así. Miraba el calendario, veía cuántos torneos había y hacía todos los selectivos de clasificación… En 2015 tuve 56 competencias, sin darle descanso al cuerpo. Eso generó agotamiento, estrés… No me arrepiento, porque hice bastante historia en lo que es la gimnasia. Estuve en finales, traje medallas, tuve roce internacional, que es lo que siempre se pidió y ahora gracias al Enard se puede. No me quejo porque crecí mucho como gimnasta y como persona.

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