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Violencia en las escuelas: “No se está trabajando para prevenirla”

Lo afirmó a El Marplatense la investigadora del CONICET, Yamila Silva Peralta, que reflexionó sobre el rol de las familias y las instituciones educativas ante los contextos de violencia que se presentan en las aulas. “Hay que capacitar el docente para que tenga estrategias y pueda empatizar con el alumno que sufre o provoca la violencia”, sostuvo.

Por Redaccion

domingo 20 de agosto, 2017

Los contextos de violencia, muchas veces naturalizados, de los que son protagonistas niños y adolescentes en las escuelas, son el reflejo de una problemática compleja con la que los alumnos deben aprender a convivir y enfrentar a diario.

Sin embargo, los especialistas indican que son también el reflejo de las carencias y falencias que atraviesan a los jóvenes que caen presos de círculos violentos. El entorno familiar y social, en primera instancia, y la posterior presencia de los actores educativos en cuanto al abordaje y contención de estas circunstancias, aparecen como los principales nudos a desatar para entender las consecuencias que luego se exponen en las aulas.

En diálogo con El Marplatense, la investigadora local del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Yamila Silva Peralta, que también se desempeña como profesora adjunta de la cátedra de Psicología laboral en la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) brindó una reflexión sobre estas cuestiones, en la que descubre la gran cantidad de tareas que aún quedan pendientes para atender esta problemática.

Al insistir en la “complejidad” y la necesidad de un abordaje “interdisciplinario” para dar respuesta a las situaciones de violencia, la licenciada resaltó el rol que deberían cumplir las escuelas, y cuestionó la falta de trabajos a “nivel preventivo”. “Hay que capacitar el docente para que tenga estrategias y pueda empatizar con el alumno que sufre o provoca la violencia”, sostuvo, y agregó: “Acá no hay buenos o malos. Hay que reflexionar sobre lo que le pasa al otro”.

– ¿Cómo se puede entender esta problemática desde la óptica de la psicología?

– La violencia, en principio, es una problemática global y que requiere de una comprensión integral, interdisciplinaria, de intercambio de saberes, de involucrar a todos los protagonistas, y en el caso de las escuelas puntualmente podemos hablar de directivos, maestros, alumnos, familias, equipos de orientación escolar. Cuando lo analizamos desde la psicología el tema de la violencia, tenemos que considerar distintos ámbitos.

Se debe analizar el rol de la familia porque es el agente educador primario. Y algunas de las preguntas que yo me haría es qué pasa en los entornos familiares, si conversan sobre la violencia con los niños, si son ambientes en los que se genera violencia, si hay vínculos de confianza como para contar las cosas y visibilizar la violencia.

Lo que suele ocurrir, y en Argentina lo veo mucho, es la naturalización de la violencia. Hay una sobreinformación, y los medios tienen una responsabilidad muy grande en este sentido. Hay tanta denuncia que se visibiliza, fundamentalmente en la última década pero sobre todo en este lustro, en estos últimos 5 años, que probablemente esta sobreabundancia de información haga que se atenúen ciertos comportamientos.

– ¿Qué es lo que está pasando en las escuelas para que se reproduzca la violencia?

– La escuela tiene un papel fundamental en las situaciones de violencia para que no se reproduzcan. Lo que habría que preguntarse es si la escuela es un escenario o un espacio en el cual se reproduce este tipo de cuestiones a nivel social, de la detención del poder, de manipular al al otro, de controlarlo, si se considera un lugar seguro o no. Pero me parece que hay que analizar caso a caso.

No se debe generalizar por la complejidad misma que implica la problemática. Hay que sumergirse y bucear en cada institución educativa y ver qué es lo que ocurre a nivel de equipo directivo, de maestros, de orientación escolar, y en los casos que ocurren también ver qué es lo que pasa en los hogares. Por eso insisto en que requiere un abordaje interdisciplinario.

– ¿Los niños o los adolescentes son las poblaciones más vulnerables en cuanto a la recepción o la manifestación de la violencia?

– Creo que en los más chicos hay más inocencia y flexibilidad para expresarse en determinadas situaciones. Están menos contaminados de muchas cuestiones sociales macro vinculadas con la sociedad de consumo, el exceso de la información o la crisis de valores.

Pero estos últimos aspectos afectan de una manera más directa a los adolescentes, lo anestesian en muchos casos, lo avasallan, y eso les dificulta procesar distintas estrategias de enfrentamiento de estas situaciones. Hay mecanismos de violencia muy instaurados y arraigados en el curso, el grupo, entre los pares, y entonces no se terminan de visibilizar.

– ¿Las escuelas cuentan con las herramientas suficientes como para dar contención y trabajar sobre estos contextos de violencia?

En las escuelas debería trabajarse a nivel preventivo y no se está haciendo. Primero nos tenemos que preguntar si formamos un alumno para ser pasivo, con miedo, que se esconda y sea introvertidos o que naturalicen algunas situaciones; o para ser activo, un agente de cambio, que reflexione sobre lo que ocurre y que pueda dudar, cuestionar.

Desde la Facultad de Psciología puedo decir que hay proyectos que buscan trabajar en esta cuestión preventiva y la idea es generar información y capacitación para que los docentes tengan estrategias y puedan empatizar con el alumno que sufra situaciones de violencia o el alumno que provoca esa violencia.

Acá no hay buenos o malos. Ese contraste se suele hacer cuando se busca minimizar la situación. Hay que reflexionar sobre lo que le pasa al otro. No hay que encontrar culpables sino complejizar la problemática y desde ahí se puede prevenir, cuando se empiezan a generar espacios de dialogo y reflexión.

– ¿Se perciben contextos más violentos que años anteriores?

– No podría afirmar que hay más violencia que antes, pero lo que sí está claro que se visibiliza mucho más que antes. Hay una autoconfianza de decir las cosas porque uno cree que va a haber una consecuencia si uno lo denuncia. Antes se invisibilizaban muchas situaciones de violencia, y creo que es un momento propicio para trabajar más sobre estos contextos de violencia.

Hay un cambio generacional interesante, los maestros están preparados de otra forma pero hay que visibilizar más y generar estrategias que permitan no posicionarse a favor o en contra sino para que puedan entender la complejidad de la problemática.

 


 

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