25 años sin Piazolla: “Nunca se dio cuenta de que iba a trascender”

La viuda del músico marplatense habló de cómo era Astor fuera del escenario. “Tenía mucho amor para dar y yo tuve la suerte de recibirlo”, afirmó Laura Escalada.

Por Redacción

domingo 24 de septiembre, 2017

En julio de este año se cumplieron 25 años de la muerte del “revolucionaron” del tango, el músico marplatense Astor Piazolla. La viuda del bandoneonista y gran artista habló sobre el hombre detrás de escena, repasó sus recuerdos y contó la intimidad de la convivencia. “Se reía con todo el cuerpo. Era muy divertido”. “Argentina ha sido, con él en vida, muy cruel”, aseguró Laura Escalada.

“Tengo un montón de fotos caseras en las que se está riendo y cuando se reía lo hacía con todo el cuerpo”, así describió al hombre a quien acompañó desde 1976 hasta el día de su muerte, en julio de 1992.

Laura y Astor se conocieron en los estudios del viejo Canal 7 durante la emisión de un programa del que ella formaba parte (es locutora nacional y cantante lírica). “Durante las tandas publicitarias, él venía y hablaba conmigo y yo estaba fascinada. Lo curioso era que conocía mucho lo que yo hacía”, recordó en diálogo con Infobae.

“Tras el programa, me invitó al show que daba esa noche”, contó y confesó que, tímida ante la propuesta, puso como condición ir acompañada de sus compañeros. Ninguno se perdió la velada y llenaron la primera fila del teatro. Luego fueron todos a cenar. “Ya eran como las 4 de la mañana y él me untaba unas tostadas y me las daba. Él alquilaba un departamento cerca de casa, pero como lo estaban arreglando vivía provisoriamente en otro y me pidió que lo alcanzara con el coche. Yo pensé ‘¿Por qué me lo pide a mi?’… Estuvimos hablando hasta las 7 de la mañana. Vine volando a casa porque trabajaba mucho y me tenía que ir. Lo dejé donde tenía que dejarlo y nos despedimos”. La despedida incluyó un intercambio de números de teléfonos de línea. Ese era el comienzo de una historia de amor.

Astor Piazzolla vivía en París, donde su música era muy bien aceptada. No alcanzó a tener una vida holgada, pero vivía de su don. Hacía giras y alquilaba en esa ciudad y en Buenos Aires, donde cada tanto volvía para aprender de su amada Capital Federal y para mostrar a su público los nuevos trabajos. Pero, debía convivir en cada visita con la crítica que tanto le dolía. “En casa era un hombre tranquilo, encantador, muy amoroso, muy dulce; con diferentes edades: a veces tenía 6 años, a veces tenía 18 y a veces su edad cronológica.

Laura contó que la vida al lado de Piazzolla era la “vida normal de una pareja” y que él se sentaba en el piano y trabajaba.”Era como un trabajo de oficina: paraba al mediodía para comer algo y después seguía hasta las 5 de la tarde, a esa hora cerraba el piano. Después veía televisión, partidos de tenis, noticieros y vivíamos una vida normal de pareja, hablábamos mucho”.

Si hay algo que le hizo daño a Piazzolla fue la crítica. La dureza con la que le recriminaban haberse atrevido a sentir el tango de otra manera. “El mismo Astor dijo ‘Se puede cambiar todo en la vida, menos la madre y el tango en la Argentina’. La crítica decía que ‘Piazzolla no se puede bailar…’ ¡Todo el mundo bailó con Piazzolla cuando le hacía los arreglos a (Aníbal) Troilo! Sin querer, toda esa generación bailó con los arreglos de Astor. Cuando ‘Pichuco’ le dijo que no lo podía seguir, le hizo un favor porque él formó su propia orquesta y empezó a destacarse de otra manera, pero le costó mucho. Igual nunca se dio cuenta de que iba a trascender de esta manera porque él escribía y lo único que quería era escuchar lo que había escrito. Argentina ha sido, con él en vida, muy cruel. En otros países lo aceptaron inmediatamente”.

El lamento de Escalada se une a las decepciones que el genio padecía cada vez que llegaba al país que amaba con la intención de no volver a irse. “La parte humana en la Argentina no la conocían o la conocían mal. ¡Cuando él venía, lo llamaban asesino del tango! Iba a tomar un taxi y no lo querían llevar porque decía que había cambiado el tango y el tango es como una cosa sagrada”.

 

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