La fatídica noche del 26 de junio el Estadio José María Minella vivió una de sus mas tristes páginas deportivas. Sí deportivas. Ya que el máximo escenario de la ciudad tiene en su historial secuencias trágicas que lo marcaron en sus casi 40 años de vida. Dos de ellas se  deben al factor climático que convirtió al estadio en una verdadera pileta de natación gigante con su consiguiente perjuicio ulterior debido a lluvias fuera de lo normal.

El frío y la llovizna penetrante conspiraban para que el espectáculo dantesco de lo climático se asociara a lo futbolístico. En ese contexto Aldosivi encaraba un partido clave, vital para su continuidad en la elíte del fútbol nacional. Enfrentar a Olimpo de Bahía Blanca con la consigna de ganar para no caer en el abismo terrenal del fútbol, el tan temido descenso. Circunstancia que rápidamente se fue diluyendo como arena entre los dedos. Caer en la última fecha en la zona roja y no poder torcer la coyuntura en tu propia casa en el partido final, siendo vapuleado en apenas 19 minutos por un elenco bahiense pragmático y duro. Fin de una era, morder el polvo, asumir lo que se viene, aprender de los errores, dar vuelta una historia del jet set futbolero y volver a las fuentes. Barajar y dar de nuevo. La decantación lógica de un torneo sobredimensionado en cantidad de equipos empezaba a tener sus primeras víctimas, luego de ser favorecidos por 10 ascensos en masa.

Aldosivi empezó bien en su vuelta a la mas competitiva divisional de ascenso. Dos victorias y un empate en Tucumán lo ponían en un lugar de privilegio. Pero ocurrió lo que según Perazzo dijo tras el partido ante Almagro, mejor perder ahora y no después. El resultado ya lo dije en la aseveración del ex delantero de San Lorenzo. Aldosivi perdió y feo, dejando muestras acabadas que el veranito futbolístico inicial se encontró con los primeros nubarrones. Dudas en el arco, deficiencias en la marca y en la proyección de los laterales, escasa contención en el medio, pobre  aporte de los volantes creativos y la soledad de Telechea intentando hacer todo. Todo en el marco de un partido ante los “tricolores” de José Ingenieros que edificaron un partido perfecto por falencias del local y méritos propios.

Dos conquistas lapidarias de Almagro y sensaciones encontradas que se gestaban en los rostros atónitos de los plateistas. Expulsión de Pitu Gonzalez, cambios por doquier desde el banco portuense y la solución que no llegaba de adentro, ni del banco, ni desde la grada. Tanto  el Minella como “la Bombonera” no definen un partido, no tienen injerencia a la hora de meter un gol o de jugar mejor. El Minella sí parece tener fantasmas, fantasmas de un triste invierno que aún hoy se recuerda, por el impedimento de no ser mas de aquella categoría que tanto costó conseguir. Un duro golpe que aún muestra sus vengativas secuelas. Aldosivi cayó sin atenuantes mas allá de una rebelión de carácter que hizo descontar por intermedio del balcarceño con pasado de Alvarado. Pero poco para anhelar a tanto.

En el fútbol mucho se habla sobre los fantasmas. River  e Independiente se han visto ridiculizados mediante personas  vestidas con atuendos blancos y una B vergonzante, que penetra con veneno en las profundidades del alma. Aldosivi tiene su fantasma, un fantasma joven que de vez en cuando aparece en la mente de muchos, suele sobrevolar el Minella y el Tattore. Ocasionalmente le recuerda imágenes patéticas de una noche de terror, la noche con Olimpo. Noche donde el silencio y el dolor se confundían entre el frío y la lluvia.

Ojalá que Aldosivi se asocie a la reciente primavera e imponga su espíritu de volver y haga olvidar aquella fatídica noche. La primavera futbolística tuvo su primer brote en Tandil con Santamarina, corroborándolo ante un grande como Chicago la semana posterior a su debut serrano. Luego un empate festejado en La Ciudadela Tucumana.

Seguro que no se ha perdido la memoria. La derrota seguro dejó enseñanzas,  calculo. El examen de carácter continúa partido a partido. Quedan 20 largos peldaños para volver a ser. Que los fantasmas de junio no opaquen las primeras flores de la  primavera futbolística que creímos ver y que aún nos ilusionan.

 


 

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