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Las consecuencias de saltearse el desayuno

Un estudio científico sugiere que tener el hábito de incorporarlo en forma diaria previene comer demás y ayuda a controlar el peso.

Por Gimena Rubolino

lunes 5 de febrero, 2018

Una investigación desarrollada por la Universidad de Bath (Reino Unido) y publicada en la revista Journal of Physiology ha explorado los efectos metabólicos de tomar o de saltarse el desayuno. El estudio, dirigido por Javier González, examina cómo afecta el desayuno al metabolismo y a las células grasas de las personas delgadas y obesas.

Los expertos pidieron a 49 participantes adultos que desayunaran o ayunaran hasta el mediodía, todos los días, durante 6 semanas. De los participantes, 29 se clasificaron como “delgados” y 20 como “obesos”, de acuerdo con su índice de masa corporal (IMC). Los participantes en el grupo de desayuno consumieron 350 kilocalorías dentro de las 2 horas posteriores al despertar, mientras que los del grupo de ayuno no consumieron nada hasta el mediodía.

Hasta ahora el impacto real de hábitos alimenticios irregulares -como saltarse el desayuno- no había sido muy estudiado

Tanto antes como después, el equipo examinó los marcadores de salud cardiometabólica de los voluntarios, sus respuestas al apetito y su distribución de grasa corporal. Además, monitorearon la actividad de 44 genes que regulan proteínas clave, y la capacidad de las células grasas para usar glucosa en respuesta a la insulina.

Los resultados determinaron que, en las personas delgadas, saltarse el desayuno durante 6 semanas aumentó la actividad de los genes que ayudaron a quemar grasa, por lo tanto, mejoró el metabolismo. Sin embargo, este efecto no se observó en los adultos obesos.

Así, en los individuos obesos, las células de grasa no podían tomar tanta glucosa en respuesta a la insulina como lo hicieron las personas delgadas. Este efecto parece ser proporcional a la grasa de todo el cuerpo del individuo.

Los investigadores creen que este es un mecanismo de adaptación en las personas con obesidad, donde su cuerpo está tratando de limitar la cantidad de glucosa que pueden tomar sus células adiposas, por lo que evita almacenar grasa adicional.

Al entender mejor cómo responde la grasa a qué y cuándo comemos, nos puede ayudar a centrarnos más en esos mecanismos. Podemos descubrir nuevas formas de prevenir las consecuencias negativas de tener una gran cantidad de cuerpo graso, incluso si no podemos deshacernos de ella “, explica González.

El estudio, sin embargo, tiene limitaciones, pues los participantes tomaron desayunos con alto contenido de carbohidratos, de ahí que no sea posible extrapolar estos hallazgos a otros tipos de desayunos, especialmente aquellos con alto contenido de proteínas.

“Nuestros estudios futuros también explorarán cómo el desayuno interactúa con otros factores del estilo de vida como el ejercicio“, finaliza González.

Sus beneficios en los niños

Otro estudio realizado por la Universidad de Cardiff publicado en 2015 argumenta que el desayuno mejora el rendimiento de los niños en el colegio.

Cuando los niños omiten esta comida sufren decaimiento, falta de concentración y mal humor. El funcionamiento del cerebro depende directamente del aporte de glucosa extraída de los hidratos de carbono ingeridos en el desayuno.

Estudios relacionados en distintos países han evidenciado aportes significativamente inferiores para el hierro, calcio, magnesio, zinc y vitamina B en los niños que no desayunaban en comparación con los que comían esta ración.

Los investigadores dejan en claro que el desayuno mejora el rendimiento físico y algunas capacidades intelectuales relacionadas con los procesos de aprendizaje.

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