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Peralta Ramos: “A Mar del Plata la llevo en la sangre”

En un nuevo aniversario de Mar del Plata, Pablo Araúz, uno de los tataranietos del fundador de “La Feliz”, reflexionó sobre el legado histórico de su familia y los cambios que sufrió la ciudad, hasta constituirse con su belleza actual. “Hay mucho desarrollo sin planificación”, sostuvo, en un mano a mano con El Marplatense.

Por Redaccion

sábado 10 de febrero, 2018

No le pesan las largas letras de su apellido. Al contrario, a sus 61 años, las sigue portando con una felicidad que no es nueva pero que se sabe renovar y justificar, y con un orgullo que resulta digno de admirar. Es el orgullo de ser un Peralta Ramos, de ser una huella ineludible para la historia de Mar del Plata, de ser una raíz indispensable para sus orígenes.

Pablo Araúz Peralta Ramos llegó a la ciudad con 14 años, con una infancia que se gestó primero en plena zona norte de Buenos Aires. Tuvo que llegar por voluntad de su familia, porque su padre, Guillermo, bautizado por todos como “Willy”, debió tomar las riendas de una propiedad rural que pertenecía a su abuela Celina, hija de Jacinto Peralta Ramos, en lo que hoy se conoce como Santa Celina. El desafío, no era menor para “Willy”: eran 500 hectáreas de campo que ahora confiaban en sus manos. Y tampoco lo era para Pablo.

Desde entonces, aprendió esa costumbre que tiene el sol de ceder el firmamento hacia el final de la tarde, advirtió que las distancias eran inmensas pero poco claras, admiró también la fidelidad de los caballos, y terminó de cultivar su amor por la vida campestre. Pero, ante todo – como él mismo se encarga de aclarar –, en la adolescencia selló su enamoramiento por Mar del Plata. Eso no formó parte del proceso de aprendizaje, según aclara, sino que fue culpa de su papá y del amor “fanático” que sentía por la ciudad y que no pudo evitar contagiarles a sus hijos.

Se cumplen en este 10 de febrero 144 años de la fundación de Mar del Plata, acción histórica que se logró gracias a la impronta de Patricio Peralta Ramos. No es una fecha más para los marplatenses y mucho menos para Pablo Araúz, uno de los pocos tataranietos del fundador que hoy pueden encontrarse en “La Feliz”. En la claridad de sus ojos, sin embargo, no sólo se refleja el recuerdo siempre vivo del latido del mar, sino que se distingue con otro brillo la figura de su padre Guillermo, que a sus 96 años se convirtió en una de las notables pérdidas que sufrió la ciudad el 22 de mayo pasado.

En una jornada atravesada por esos sentimientos, el hijo del bisnieto del hombre que fundó a “La Perla del Atlántico” reflexiona en un mano a mano con El Marplatense sobre el histórico legado de su familia y los cambios que moldearon a Mar del Plata, hasta constituir su belleza actual.

– ¿Cuál es el recuerdo que le queda de su padre?

– Papá fue la cabeza visible de la familia durante muchos años. Yo iba con él de chiquito a la plaza a hacerle el homenaje que correspondía al fundador de Mar del Plata, y después he ido con mis hijos en brazos. Ahora llega este 10 de febrero en el que no va a estar, pero si estuviese, él diría que sigamos para adelante. Siempre fue un crítico constructivo. Hemos estado presentes en cualquier administración municipal. No somos políticos. Queremos ver a la ciudad como se merece. Trabajamos para la ciudad. Hoy mi papá me estaría diciendo que miremos para adelante, y que no nos olvidemos de lo que fuimos ni de lo que somos. Él siempre decía que el que vivía en esta bendita ciudad era un privilegiado.

– ¿Y cómo es su vínculo personal con Mar del Plata?

– Mirá, yo soy algo medio raro y especial. Nunca me fui de Mar del Plata. No tengo ni pasaporte ni lo quiero por ahora. Y realmente lo que más valoro de mi papá es el cariño que nos enseñó a tenerle a esta ciudad. A veces creo que hasta pecamos medio de fanáticos porque siempre le vemos lo positivo. Más allá de que a veces hacemos las críticas que hay que hacerle a la ciudad, como a todo lo que uno quiere, somos muy amantes de Mar del Plata. La disfruto desde muy chico y la sigo disfrutando día a día. Soy muy nostálgico. Siempre digo que a Mar del Plata la debemos llevar en la sangre porque es algo muy especial lo que sentimos.

– ¿Hoy cómo ve a la ciudad?

– Yo diría que la veo en un término medio entre lo que conoció mi padre y lo que es Mar del Plata hoy en día. Mi padre capaz que conoció una Mar del Plata 5 estrellas y yo no; creo que estoy en el término medio. Porque igual conocí una ciudad en la que la calle Paso era de pedregullo, Mario Bravo era de barro, y para ir a Santa Celina el último colectivo llegaba hasta la continuación de la Avenida Independencia y la 39, y de ahí teníamos que ir con infantería hasta casa. Realmente hoy han cambiado muchas cosas.

De derecha a izquierda: Pablo Araúz, su padre Guillermo “Willy Arauz” y su esposa, Marcelia Ofelia Yañez.

Pablo Araúz tiene cuatro hermanos, dos varones y dos mujeres, de los cuales sólo uno de ellos aún reside en Mar del Plata. Y también tiene a Juan Pablo y Juan Segundo, sus hijos, de 24 y 20 años, que constituyen dos de las razones de su vida. Desde hace casi una década desarrolla funciones en el Ente Municipal de Turismo (Emtur), actualmente como Jefe de Inspectores de las Unidades Turísticas Fiscales.

Llegó también a tener una intervención directa en la organización de diversos eventos de trascendencia para la ciudad, como fue la realización de la 33º edición del Rally Dakar que se celebró 2012. Y esa labor en la administración local, lo convierte en una palabra con autoridad como para analizar las políticas de promoción turística que tuvo “La Feliz” a lo largo del tiempo.

– En la forma de hacer turismo también existieron muchísimos cambios. Antes la gente cuando venía a Mar del Plata mandaba a abrir las casas en diciembre y se iban en marzo. Hoy en día eso se achicó bastante y hasta se llegan a quedar sólo por fines de semana, que puede ser también por la cercanía con Capital o la Ruta 2. Hay una cosa que se hizo en este último tiempo que me encantó, y que son los viajes en avión desde distintas provincias. Eso es otro turismo. Me pone muy contento porque es gente que no la teníamos, que antes no podía venir a la ciudad en una hora y media.

Pero en general, lo que yo veo es mucho desarrollo en la ciudad sin planificación, esto lo hemos hablado con mi padre. A veces, eso es peor que no hacer nada. Hacer cosas y no poder controlarlas después, es bravo. En algún momento vi que se pensaba que como ‘somos Mar del Plata, la gente viene igual’, y eso es un error, no es así.

Cuando veníamos de Buenos Aires a Mar del Plata, era Chascomús, Dolores y Mar del Plata, e incluso llegabas en menos tiempo de lo que llegás ahora en auto. Hoy en día salís de Capital Federal y tenés un millón de ofertas turísticas. No podemos dormirnos en que ‘somos Mar del Plata’. Cada día que nos levantamos tenemos que trabajar por la ciudad, que es fundamentalmente turística, más allá de que creció un montón en otros aspectos. Pero Mar del Plata nació turística, y es más turística que otra cosa.

En lo personal, me tocó hacer algunas importantes. Tuve la responsabilidad por parte del Municipio de organizar el Dakar con la llegada de los franceses, junto a Nación y Provincia, y para mí fue un placer. También me hice cargo cuando la presidenta (NdeR: Cristina Fernández de Kirchner) dijo que había que hacerse cargo de los carnavales. Es un placer trabajar para Mar del Plata. Lo hice mucho desde la familia y ahora lo puedo hacer desde el Municipio.

UN BASTÓN, OTRA HISTORIA VIVA

Dentro del tesoro incalculable de recuerdos valiosos, Pablo Araúz conserva en su poder un verdadera reliquia en la historia de “La Feliz”, que se enorgullece en mostrar: se trata de un bastón de madera fina que prácticamente tiene la misma edad de la ciudad.

Según lo que le comentó a este medio, ese objeto, construido con una calidad de materiales que parecen inmunizarlo al desgaste del tiempo ante el estado impecable con el que reluce ante cualquier ojo, tenía dueño, y era, nada más ni nada menos, que Patricio Peralta Ramos.

– Este bastón estaba en Santa Celina y me lo traje. Es muy especial. Lo toco todos los días en algún momento, ya sea cuando me estoy por ir o cuando vuelvo a mi casa. Es de Patricio y es un placer tenerlo y que me acompañe por el resto de mi vida. Tiene más de 140 años.

También hay otro bastón muy similar que corresponde a Jacinto Peralta Ramos, hijo del fundador de la ciudad, y que hoy permanece en el archivo del Museo Histórico Municipal Roberto Barili, que funciona en la reconocida Villa Mitre.

“MAR DEL PLATA, POR SÍ SOLA, SERÍA LA MEJOR CIUDAD DEL MUNDO”

– ¿Cómo se siente llevar el apellido Peralta Ramos con todo lo que implica para la ciudad ?

– Para mí es un doble compromiso. En primer lugar, porque trabajo en el Municipio y gracias a Dios puedo trabajar para tener a la ciudad un poco en orden. Trabajo para que esté siempre de la mejor manera posible. Y después, en lo personal, yo la disfruto mucho a Mar del Plata.

Yo sé que tiene sus inconvenientes, pero el que vive en Mar del Plata es una afortunado durante los 365 días del año, más allá de cualquier dificultad qu pueda existir. En apenas 30 minutos tenés sierras, campo y mar. No hay muchas ciudades así.

– ¿Qué es lo que espera o desea para el futuro?

– Lo que espero que Dios ilumine a los funcionarios para seguir avanzando con todo lo que puede la ciudad. Tenemos cosas en Mar del Plata que son realmente increíbles. Tenemos, por ejemplo, todas las playas del norte que son vírgenes. Los funcionarios de ahora en más no se tienen que equivocar y hacer las cosas que corresponden.

– Es parte de todo ese potencial que tiene Mar de Plata naturalmente…

– Exacto. Yo sostengo que lo único que puede afear a Mar del Plata es el hombre, porque por sí sola, sería la mejor ciudad del mundo sin ninguna duda.

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