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El Colón celebra sus 110 años con una puesta en escena de “Aída”

El emblemático Teatro Colón de Buenos Aires festeja su aniversario con la misma ópera de Verdi que inauguró su primera temporada, que subirá en la producción de Roberto Oswald de 1989.

Por Redaccion

domingo 27 de mayo, 2018

El domingo 27 de mayo, el Teatro Colón celebra sus 110 años con la misma ópera de Verdi que inauguró su primera temporada, Aída, que subirá en la producción de Roberto Oswald de 1989. La reposición será de Aníbal Lápiz, egresado del Instituto Superior de Arte del Colón como vestuarista y escenógrafo y colaborador de Oswald de toda la vida, que ahora tendrá a su cargo la totalidad de la régie.

-¿Es una reposición literal?

-No, es una reposición con cosas nuevas. Si uno pudiese ver una y después ve la otra, te resultarían familiares, pero de pronto hay muchas cosas que cambian, porque cada uno tiene una personalidad. Y lo mismo pasa con los artistas, los internacionales y los locales. Cada uno tiene una manera de moverse, de cantar, de expresarse. Tienen que acatar lo que yo marco, pero hay una serie de cuestiones corporales que cada uno siente de manera diferente. Además, han pasado 30 años. La vida cambió, las puestas cambiaron. Si tengo que establecer una diferencia con el trabajo de Oswald, me parece que yo manejo a los artistas desde otro lugar. No es ni mejor ni peor, es diferente. Miro mucho el acento de los gestos de los cantantes. No me gustan los grandes gestos, las exageraciones. Hoy le señalaba a alguien, no importa a quién: “Ojo que esto se lo estás diciendo a Aída, no al público.” ¿Me explico?

Entre el original y la mirada propia. Lápiz asume el compromiso respetando la concepción primaria de la puesta de Roberto Oswald, pero le añade su propio condimento. (Foto: Ariel Grinberg)
Entre el original y la mirada propia. Lápiz asume el compromiso respetando la concepción primaria de la puesta de Roberto Oswald, pero le añade su propio condimento. (Foto: Ariel Grinberg)

-Sí, perfectamente. ¿La escenografía es la de Oswald?

-Sí y no. Es el mismo diseño, sobre los mismos bocetos, pero fue hecha a nuevo por Christian Prego, que también trabajó con Oswald muchos años. El vestuario sí es el mismo, ya que se conservó en perfecto estado por treinta años.

-Calculo que en una ópera como Aída el vestuario debe ser tan importante como el escenario, ¿no?

-Absolutamente. La escenografía está ahí, mejor o peor, pero está quieta. El vestuario va con la persona. No hay nada peor que te pongan algo que no te sienta, o que te haga sentir incómodo. Tengo que hacer un poco de psicólogo de los cantantes y convencerlos.

-¿El hecho de haber hecho mucho vestuario acerca a los personajes más naturalmente?

-Sin duda. Además los quiero mucho, y ellos se dan cuenta. Entiendo que su actividad es difícil. Casi siempre cantan en un idioma que no es el propio y se tienen que aprender todo de memoria, porque ahora prácticamente ya no hay apuntadores. Aprenderse un texto completo en alemán cuando no sos alemán… Y actuar, y usar la ropa; entonces, uno tiene que oírlos, porque eso es lo quieren. Vienen de lejos, están solos, necesitan una palabra amiga que les diga “me gusta” o “no me gusta lo que estás haciendo”.

La importancia de un buen vestuario. Lápiz destaca la comodidad que deben sentir los cantantes -en la foto, Enrique Folguer y Mónica Ferracani- con lo que “les “pongan”. (Foto: Teatro Colón/Máximo Parpagnoli)
La importancia de un buen vestuario. Lápiz destaca la comodidad que deben sentir los cantantes -en la foto, Enrique Folger y Mónica Ferracani- con lo que “les “pongan”. (Foto: Teatro Colón/Máximo Parpagnoli)

-¿Cómo habrá sido aquella Aída de 1908?

-Todo telón pintado, facilísimo. Hoy ya no va más. A no ser que tengas una gran idea, como la tuvo Oswald cuando hizo en el Colón esa Tosca que era todo pintado. Pero para eso hay que saber. Yo lo vi trabajar. Tiraban los hilos para hacer la perspectiva. Y vos estabas en el escenario y te preguntabas dónde estaba la escenografía. ¿Entendés lo que quiero decir? Todo estaba pintado, en falsa perspectiva. Ahora te hacen todo con filmaciones en el fondo. Un practicable, unas filmaciones y ya está. En esta Aída todo es muy corpóreo, y además yo quiero hacer todo en un solo entreacto. Porque hoy hacés más de un entreacto y la gente se quiere ir. La vida cambió, ¿no?

-Sí, pero también supongo que la continuidad es un interesante desafío para el régisseur, incluso desde el punto de vista estético.

-Desde luego, pero los primeros días es fatal, hasta que se encuentra el rompecabezas. Porque esta escenografía es un rompecabezas. Oswald la ideó de manera genial. En una escena vos tenés dos esfinges maravillosas, después las cubrís, las ensamblas y queda un templo. Porque esto no es el Metropolitan, que tiene un escenario en cruz y encima podés hacer llegar una escenografía entera desde abajo o desde atrás. En el Colón lo único que tenemos es un disco giratorio.

-¿Cómo era trabajar con Oswald?

-Era bravo, pero muy buena persona. Siempre dije que si hubiera veinte tipos como Oswald, la Argentina no sería como es. Era un tipo anticoima. El tenía que licitar las compras. Una vez le trajeron una corte de tela para hacerse un traje. Lo mandó de vuelta. “Los trajes me los compro yo”, dijo. Era muy severo, pero muy considerado con el trabajador. Por eso lo querían. En cuanto al trabajo nuestro, no dejábamos de marcarnos los defectos…

-¿Oswald dibujaba mucho?

-Todo el tiempo. Estabamos comiendo y hablábamos de Parsifal, ponele, y se podía a dibujar en la servilleta del restaurante. Tenía una línea muy nerviosa. Yo soy mucho más vago en eso.

-Pero usted también dibuja, y encima se llama Lápiz. Parece un apellido de fantasía.

-Pero no lo es. Mi familia originalmente era Lafitz, pero fue cambiando y quedó en Lápiz. Casualidad o predestinación, me dediqué a esto. Yo trabajo mucho en mi estudio; dibujo y dibujo, y por lo general no me gusta nada, hasta que de pronto sale una idea y es un disparador. Ahí ya no paro. Entonces le mostraba los pre-bocetos a Oswald y ahí nos poníamos a hablar del color. Porque a mí siempre me gustó el color.

Del papel al escenario. Así abocetó Roberto Oswald la “Aída” que sube a escena el 27 de mayo en el Colón. (Gentileza Teatro Colón)
Del papel al escenario. Así abocetó Roberto Oswald la “Aída” que sube a escena el 27 de mayo en el Colón. (Gentileza Teatro Colón)

-¿Cuál es el secreto del color?

-Está en tu cabeza. Hay que tener una idea de cómo mezclar los tonos. Yo también hice muchas obras monocromáticas, pero el color hay que saber usarlo. Y no todo el mundo lo sabe usar. Por eso mucha gente no se juega y es todo gris o blanco. Al mismo tiempo, muchas veces te sentís condicionado en el sentido de que la gente está esperando tal cosa de vos. Esta Aída, por ejemplo, es monumental. La gente quiere ver eso.

-¿No se le ocurre la posibilidad de una Aída más minimalista?

-Absolutamente, si por minimalismo entendemos que haya menos elementos, menos cosas en la escena… Por lo pronto, una Aída con esfinges transparentes. Pero tendría que hacerla toda de nuevo. Y a mí me llamaron para hacer ésta.

 

Radiografía de una ópera inaugural por excelencia

Fastuosa y exotista, Aída es la ópera inaugural por excelencia. Verdi la escribió a pedido del gobierno egipcio para ser estrenada en la Ópera de El Cairo entre los festejos por la inauguración del Canal de Suez. El Canal estuvo listo en 1869 y la ópera demoró dos años más, entre otros motivos porque los decorados y el vestuario habían sido encargados a talleres de París y la guerra franco-prusiana de 1870-1871 retrasó la entrega de las confecciones. Finalmente se estrenó el 24 de diciembre de 1871 con gran éxito, pero sin la presencia de Verdi, a quien no consiguieron convencer de un viaje por mar. De todas formas, el compositor se embolsó el contrato seguramente mejor remunerado de la historia de la ópera: 150.000 francos oro.

Así era el poster con el cual se promocionó la inauguración del actual edificio del Teatro Colón, en 1908. (Gentileza Teatro Colón)
Así era el poster con el cual se promocionó la inauguración del actual edificio del Teatro Colón, en 1908. (Gentileza Teatro Colón)

El 25 de mayo de 1908 Aída fue elegida para inaugurar el actual edificio del Teatro Colón. Los fastos no deben haber sido los de El Cairo. Excepto por su imponente arquitectura, el Colón no era lo que es hoy. Todavía no existían los cuerpos estables y la sala era explotada por concesionarios privados, con supervisión municipal. El estreno estuvo a cargo de una compañía italiana, la Gran Compañía Lírica del director Luigi Mancinelli, con escenografía de César Ferro y un reparto encabezado por la soprano Lucia Crestanim, el tenor Amadeo Bassi, la mezzo María Verger y el barítono Giuseppe Bellantoni. Parece que no fue la gran fiesta que se esperaba. Como apuntó Gabriel Senanes en el primer volumen de “El Gran Libro del Teatro Colón”, que publicó Clarín en 2010, “los diarios dedicaron amplio espacio a los problemas del tránsito, la congestión de carruajes, autos y tranvías, la falta de accesos y estacionamientos, las rabietas de quienes por esos motivos llegaron tarde y a que los embotellamientos posteriores fueron tan insoportables como los previos”. Tampoco se salvó la hoy milagrosa acústica, que se juzgó inconvenientemente “seca”.

Aquella primera temporada fue completada con otros 16 títulos (también por esto el Colón hoy no es lo que era), entre ellos la ópera patriótica que el Gobierno le había encomendado a Héctor Panizza, Aurora, que se cantó en italiano, al igual que las wagnerianas Sigfrido y Tristán e Isolda.

Siete funciones, tres repartos

Aída subirá con dirección musical de Carlos Vieu, en un total de siete funciones: domingos 27 de mayo y 3 de junio a las 17, y 29, 30 y 31 de mayo, 2 y 5 de junio a las 20. Hay tres repartos. Latonia Moore como Aída, Nadia Krasteva como Amneris, Ricardo Massi como Radamés (29, 31, 3 y 5) y Mark Rucker como Amonasro (29, 31, 3 y 5) ; Mónica Ferracani, Guadalupe Barrientos, Enrique Folger (27 y 2) y Leonardo López Linares (27, 30 y 2); Haydée Dabusti, María Luján Mirabeli y Fernando Chalabe (30). El Coro será dirigido por Miguel Martínez, la coreografía es de Alejandro Cervera y las luces son de Rubén Conde.

Ensayo abierto y streaming

Hoy, a las 20, será el ensayo general, con entrada gratuita, previo retiro de localidades en la boletería (Tucumán 1171). La función del domingo a las 17 se verá por streaming a través de www.teatrocolon.org.ar, y en pantalla gigante en la Plaza Vaticano (Viamonte y Libertad), y en los teatros San Rafael de Aguiar (San Nicolás), 25 de mayo (Sgo. del Estero), Vera (Corrientes), Tronador (Mar del Plata), Mitre (Jujuy), Municipal (Bahía Blanca), Municipal de Pinamar, Constantino (Bragado), en la Municipalidad de Esquel, en el Centro Cultural de Yerba Buena (Tucumán), y también el teatro Municipal de San Pablo (Brasil).

María Victoria Alcaraz (Directora general del Teatro Colón)

El desafío de atraer nuevos públicos y apostar a los artistas locales

“Como directora me siento en la obligación y el compromiso de brindarle a los vecinos de la ciudad la posibilidad de celebrar los 110 años del Colón lo más cerca posible del Teatro que cada uno quiera estar. El desafío no es convencer a la gente que vive en Buenos Aires o en el resto del país de que el Colón es una joya de todos los argentinos, porque lo saben aún quienes nunca entraron al teatro. El gran desafío es cómo hacemos para que cada vez más vecinos sepan que puedan venir, quieran hacerlo, y deseen volver. Para eso hay programas para escuelas, jóvenes y familias, nuevos abonos, una comunicación ágil y transmisiones por streaming. Y en línea con ese mensaje que el teatro quiere dar, decidimos que la primera función fuera con uno de los repartos locales. Nos pareció interesante y valioso apostar a los artistas argentinos.”

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