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Tecnoestrés: un trastorno 2.0

Este concepto está directamente relacionado con los efectos psicosociales negativos del uso de las TIC. Fue acuñado por primera vez por un psiquiatra norteamericano en 1984.

Por Gimena Rubolino

martes 12 de junio, 2018

Craid Bod en su libro “Technostress: The Human Cost of the Computer Revolution define a esta adicción como: “una enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías del ordenador de manera saludable“.

Hace referencia a los problemas de adaptación a las nuevas herramientas y sistemas tecnológicos. Además, se entiende el tecnoestrés como “una enfermedad” y lo más relevante: causada por una falta de habilidad o incompetencia de los usuarios.

El tecnoestrés es un trastorno -por desgracia, cada día más frecuente-, en el que el individuo siente la necesidad de estar conectado en todo momento; esta necesidad lleva a una sensación de ansiedad, estrés, nerviosismo y frustración que puede provocarnos consecuencias nefastas en nuestra vida si no sabemos gestionarlo adecuadamente.

Los jóvenes son los más afectados por ese tipo de adicción, manifestado sobre todo por la pasión por los videojuegos o el uso continuado de los smartphones conectados a internet.

La licenciada en Psicología Adriana Martínez, Coordinadora del Centro de asistencia psicológica “Fundación Tiempo” afirma que “existen nuevas conductas moldeadas por la gran presencia de lo tecnológico, y particularmente de lo virtual asociado a los dispositivos, que tienen que ver con una tendencia al consumo problemático. Dicho de otro modo, la cantidad de tiempo que se le dedica, la imposibilidad de desconectarse, la abstinencia que sienten algunas personas cuando pasan tiempo sin utilizar los dispositivos, son conductas asimilables a las adicciones”.

Esto de por sí, genera momentos de estrés y ansiedad, así como angustia ante el vacío que se materializa cuando la tecnología no obtura ni distrae al sujeto. Por ende, no es que lo tecnológico en sí genere ese malestar, sino el uso problemático de ello” agrega.

Como toda adicción representa un consumo compulsivo de algo. Lo que podría ser la comida, el juego, una droga, el cigarrillo, en este caso la persona que lo padece pasa a estar preocupada por lo virtual: “y cada vez hay más casos en los que esa compulsión se presenta en las consultas” detalla la licenciada.

Según el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el trabajo de España existen distintos tipos de tecnoestrés:

Tecnoansiedad: es el tipo de tecnoestrés más habitual. La persona que lo padece suele experimentar niveles altos de activación fisiológica que le produce malestar. La tensión y la sensación no placentera es un rasgo característico por el uso presente y futuro de las nuevas tecnologías.

Algunos individuos desarrollan un miedo irracional hacia las nuevas tecnologías, lo que se conoce como tecnofobia. Los síntomas de la tecnofobia son: evitar la tecnología (incluso evitar hablar sobre ella), ansiedad ante la presencia de la tecnología y pensamientos hostiles y agresivos hacia ésta.

Tecnofatiga: es parecida al síndrome del quemado (o burnout), pues está caracterizada por sentimientos negativos como la fatiga, el cansancio mental o el agotamiento cognitivo por el uso continuado de las nuevas tecnologías. También puede manifestarse con actitudes escépticas y creencias de ineficacia ante el uso de las TIC.

Tecnoadicción: se caracteriza por el deseo incontrolable de estar conectado a las TIC a todas horas. Este comportamiento causa malestar y un deterioro en la vida del individuo.

Las redes sociales, un arma de doble filo

Parecen ser el canal de un mundo ideal donde la mayoría de las personas muestran “lo mejor”, “viajes hermosos”, “el nacimiento de un bebé”, “el amor”, “una boda”, y ¿qué pasa con los aspectos negativos? la mayoría de las personas no muestran las frustraciones propias de la vida en estas redes.

La licenciada Martínez explica que esto sucede porque “las redes sociales sirven para exponer a través de la imagen fundamentalmente los aspectos exitosos y triunfantes de la vida de cada uno”.

Se muestra todo sin fallas, sin hilachas, sin frustraciones. Lo cual es sólo posible en la virtualidad… Quedar capturado por eso puede provocar sentimientos de envidia, enojo o resentimiento en aquellos que no pueden tener frente a la imagen una posición crítica, humorística, relativizante de tanta perfección”.

Por último, ¿qué podemos hacer para lograr una relación sana con la tecnología y qué no nos invadan sentimientos negativos? la licenciada Martínez sostiene que “cada uno podrá tener con lo virtual una relación determinada, según le represente una cosa u otra. Eso depende más de qué sucede en la vida real de alguien, que del uso que haga de la tecnología, que no es más que un instrumento”.

Utilizar la tecnología como una herramienta de trabajo ya sea para buscar empleo, una dirección, el mapa de un lugar, investigar referencias sobre algo determinado, efectuar una compra o hasta comunicarse con un ser querido pueden ser algunos ejemplos de un  buen uso de la misma. Pero reducirla a un reflejo de la vida real no hace más que generar frustración y dependencia: “Entender que si no se puede vivir sin estar conectado es que hay un problema (como con cualquier compulsión) y es el primer paso para preguntarse si no hay ahí algo a modificar”, agrega la licenciada, es decir, un disparador para revisar cuestiones personales que probablemente estén requiriendo ser atendidas en un espacio terapéutico.

 

 

 

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