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Por Manuel Straccia

El vaivén emocional, dentro y fuera de la cancha

El Mundial fue un sube y baja para los corazones, en el que estuvimos más abajo que arriba. Análisis de una Selección que nos llevó de la ilusión a la desesperanza, ida y vuelta.

Por Redacción

domingo 1 de julio, 2018

Por Manuel Straccia

De la ilusión a la desesperanza. Una y otra vez. Incluso en el último segundo nos imaginamos un empate. No había fundamentos para creernos los mejores, pero somos argentinos y nuestro orgullo futbolístico nos impedía darnos por vencido aún con todas las adversidades que se presentaron.

Los flojos y equívocos planteos llegaron desde las eliminatorias y se acrecentaron en la fase de grupos. Rojo apareció para salvarnos contra Nigeria en el final. Para tapar con el codo lo que el entrenador escribió con su mano temblorosa.

Empezamos el Mundial motivados en el partido contra Islandia. Un gol del Kun nos permitió arrancar con el pie derecho, contentos a pesar de las críticas a Sampaoli (constantes, fundamentadas). Luego, llegó el empate y los islandeses se cerraron. La mayor desilusión fue el penal errado por Messi.

Croacia fue un golpe fuerte. El error de Caballero provocó la rabia e impotencia de la gente, los dos goles después ennegrecieron el panorama. Entre toda esa desilusión, algunos medios hablaron de un “Golpe de Estado” de los jugadores contra el técnico.

Con ese panorama, Messi nos devolvió a la vida con su gol y creímos que desde allí empezaba su mundial. Pero otra vez el vaivén, un gol de penal y a sufrir de nuevo hasta la entrada goleadora de Rojo.

Quizás el sube y baja más notorio en los corazones se vivió en el partido contra Francia. Empezamos abajo, lo empatamos y lo dimos vuelta. Para luego ser arrollados por un Mbappé que hizo brotar lágrimas de los ojos de muchos argentinos.

Ahora estamos ¿enojados?, ¿desilusionados?, ¿indiferentes? El fútbol nunca es una ciencia exacta y todo lo que nos genera es parte de su magia. Pero se llegó a un punto de inflexión. La desorganización se paga caro y es el momento de una reestructuración.

Nos faltó rock. Pero ya vamos a brillar. A brillar, mi amor.

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