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Lauría y su esperado regreso a Peñarol: “Yo soy un hijo del club”

Nico dialogó mano a mano con El Marplatense. Contó sus sensaciones por volver a su casa y la importancia de la familia, el motor que impulsó esta decisión.

Por Redacción

domingo 15 de julio, 2018

La familia, la pelota, los hijos, el sentimiento… Palabras que ayudan a resumir lo que piensa Nicolás Lauría y contó en una extensa entrevista mano a mano con El Marplatense. A básquet y corazón abierto, la historia de un niño que conoció las entrañas de Peñarol y vuelve, más sabio, a sus 30 años.

La pequeña bola naranja en su mano lo resume todo: la infancia que vivió en Peñarol, alejado de su padre Zachary Cooper (ex jugador extranjero del “Milrayita”) a quien conoció años después, y su actualidad donde hizo todo lo posible para estar en Mar del Plata junto a sus hijos

“Yo soy un hijo del club”, se autodefinió. Tras jugar años en el TNA su propósito era volver a la ciudad donde nació para estar con la familia. Las posibilidades también eran Unión o, incluso, Quilmes. Pero no, el destino tenía que ser su casa y así se dio. Nico llega con mucho para aportar aunque sabe que arrancará desde atrás, pero las ganas de demostrar son muchas.

-Estás de nuevo en tu casa, donde querías vos…

Fue especial… Me había costado mucho estar en Córdoba el año pasado. El nacimiento de mi hijo tiraba mucho venir. Se habían cruzado varias oportunidades, pero yo quería estar en Peñarol. Se dio medio de un día para otro, no me lo esperaba porque buscaban a Guaita y Ale Diez y no iba a tener lugar porque quería jugar de 4. El año pasado quedé afuera y pensé que este año iba a ser lo mismo. Se acercó un dirigente a preguntarme qué quería hacer. Quería que el acuerdo sea sin representante, sin casa, sin comida. Tratar de achicarle los gastos al club lo mejor posible cosa de tener la oportunidad más latente, lo pensé todo el año pasado.

– ¿Con Leo cuándo hablaste?

Hablé antes de arreglar para ver si me iban a tener en cuenta. Me dijo que estaba en carpeta, pero la prioridad la tenían otros jugadores. Ahí pensé que iba a tener que salir a buscar otras opciones. Por eso apareció la chance de Unión y, si no, Quilmes también. No porque yo quería ir a Quilmes por despecho ni mucho menos, quería estar en casa. Fue jugársela. Volver a Peñarol tiene su cuota de presión, porque la gente lo esperaba hace mucho igual que yo. Quiero estar a la altura. Ya quiero entrenar para dar lo mejor posible, se que mi rol será de pocos minutos al principio. Me los tendré que ir ganando, pero no me quita el sueño, aportaré mi granito de arena para ayudar al equipo a ganar.

– En esto del equipo, ¿cómo ves el armado?

Lo veo bien balanceado. Tiene mucha experiencia en jugadores grandes, también en jóvenes que venimos de ser protagonistas en otras categorías. Va a tener mucha hambre por sobre todo. Los que venimos de la segunda categoría tenemos ganas de demostrar que podemos estar acá, a pesar de que la brecha entre el TNA y la Liga se ha hecho más grande. Tendremos que tratar de agarrar química rápido e ir para adelante. El tipo de persona de cada uno tendrá que ver, conozco a todos y estamos bien en ese sentido, para armar un buen grupo.

-Dijiste que la brecha entre la Liga Argentina y la Liga Nacional es amplia. ¿Qué creés que tenés vos para dar el salto? ¿Qué ganaste y podés ofrecer ahora a Peñarol?

Me parece que la continuidad. Es muy difícil mantener el nivel en el TNA. Año tras año, al ser tan volátil la categoría, cambian los clubes, cambian los jugadores, los entrenadores como si nada. Arranqué en Monte Hermoso, perdimos una semifinal ahí contra Ferro, y a partir de ahí me tocó estar en equipos que pelean para arriba. Y Barrio Parque, que no era un equipo para estar arriba, llegamos. Es así, no se sabe quien va a pelear. Esa continuidad de tantos partidos jugados, buenos y malos momentos pasados, las responsabilidades adquiridas y que me haya ido bien es lo que me catapulta hoy de nuevo al club. Fueron cuatro años, donde arrancaba como goleador y tuve que ir mutando mi juego para hacer ganar a mis equipos. No quería ser solo goleador y no ganar. Entendía que por más que yo anote puntos, no iba a subir a la Liga. Tenía que llevar a mi equipo. También hay cuestiones que no son deportivas, hay muchos factores. Yo mi parte la hice bien, ahora depende que los otros me vean y me quieran. Hoy llegó porque me moví mucho sólo. Yo pensaba, ¿cómo puede ser que de veinte equipos de la Liga no pueda estar en ninguno?

– No es por ahí el mejor contexto de la Liga Nacional, ¿vos como lo analizas?

Por todas las situaciones del país bajó un poco el nivel. Igual la Liga siempre es dura, se juega a otro ritmo. Me parece que hay dos facetas, los que son súper equipos y el Gobierno ayuda, y tiene a los mejores jugadores por puesto. Y después los equipos más de barrio, que hicieron la Liga desde el principio y tratan de competir. Por ahí es difícil estar a la altura, con dos jugadores por puesto al haber tantos partidos, por más que hagas el mejor esfuerzo no ganas los partidos.

-Es un poco lo que le pasa a Peñarol y Quilmes. Peñarol supo cerrar las fichas mayores rápido, Quilmes está en veremos… Pero a los dos les queda un poco lejos los presupuestos de otros clubes.

Si, esa es la clave. Todos sabemos que el club no está en su mejor momento económico y decidió bajar un poco el presupuesto en algunos puestos. Me parece que está perfecto, si tenes una deuda muy grande y no la podes pagar es al pedo. Nosotros aparte de ser jugadores tenemos que vivir y no podemos estar cinco o seis meses sin cobrar, es muy duro eso. Tiene que ver con sentarse a hacer las cosas bien, armar el equipo hasta donde se pueda pagar. Estudiantes de Concordia lo ha hecho muy bien estos últimos años. El nivel hoy va a estar entre los equipos del norte, San Lorenzo obviamente, Gimnasia de Comodoro capaz también por lo que llevó. Por la plata también, se manejan números irrisorios que por ahí no están en sintonía con la realidad del país.

-En lo basquetbolístico decías que no querías ser goleador y que tu equipo no ganara. Ahí empezó un cambio en tu juego. ¿Te costó?

No. Fui entendiendo que para ganar necesitaba a mis compañeros también. Cuando vos bajás de la Liga al TNA, muchas responsabilidades caen en vos. Fue mutando mi juego. Dije: voy a tratar de hacer mejor a mis compañeros. Había partidos que por ahí hacia 20 o 30 puntos, pero perdíamos, o mis compañeros podían hacer cosas y yo forzaba. No quiere decir que era egoísta, si no que era otra visión que tenía del básquet. A medida de los años me fui dando cuenta que en equipo se solucionan muchas cosas. La defensa que por ahí era mi eslabón más débil en la categoría, me ayudaron mis compañeros, en ataque es lo mismo. Ahí me convierto en otro tipo de jugador o de líder que por ahí me gané esos halagos y ser referente de la categoría. No es fácil estar en tres finales consecutivas del TNA.

-Entonces, ¿como jugador, cuánto crees que cambiaste desde que te fuiste hasta ahora?

Muchísimo. La maduración de todos los jugadores es grande con los años. Me fui con 24 y ahora tengo 30. Va cambiando la cabeza, el físico también. Empezás a ver las cosas distintas. Estoy más maduro en el juego, no voy como loco a atacar el aro, si me toca, me toca, si no se busca otra forma. Siempre pensando lo mejor para el equipo. A veces al principio me costaba entenderlo, traté de manejar los egos. Primero el mío y después de los demás. Necesitamos que todo estemos bien. Es manejo de grupo que vas viendo a través de los años.

-Eso refleja que también creciste mucho en lo personal

Ni hablar. Es otra cosa. Son experiencias que no sólo te dan a cancha, si no afuera. El hecho de encontrar a mi papá también me cambió la cabeza y un montón de cuestiones que cuando me fui de acá yo me comía el mundo, me llevaba todo por delante. Y no es así. No debería haber sido así, pero las cosas van pasando. Estás arriba de la ola y cuando bajas te das cuenta: qué boludo que fui.

-Y ahora la familia es lo que más te tira.

Si, más que todo. Desde mi hija Alina, que tiene cuatro años, yo me separé de la madre cuando tenía uno. Me perdí tres años del día a día de ella, de ver cómo crece. Entonces dije, basta. Me necesita. Entonces me quería quedar acá e hice todo lo posible. Gracias a Dios se dio lo de Peñarol que fue la frutilla del postre. Nada mejor que volver a la Liga y en mi club.

-¿Cómo fue la experiencia de encontrarte con tu papá?

Fue increíble. Tremendo. No sólo emocionalmente, si no también psicológicamente. De un día para otro me fui de acá. Hablé con mi abuela y mi papá que querían que vaya, pero dije que no porque me parecía muy rápido. Al otro día fui y me compré el pasaje. Fui abierto a ver qué pasaba, sin pensar ni nada bueno ni malo, si no como me sorprendía la vida. Y fue de la mejor manera que te puedas imaginar. Es difícil explicarlo. Me sentí como en mi casa desde el primer momento que llegue. Todos intentaban conocerme un poco, mis tías, mis primos, tenía sobrinitos dando vueltas. Yo nunca había pisado Estados Unidos, y vi lo que era estar en una ciudad normal, de barrio, no en Miami o Nueva York.

-Tu historia familiar también es parte de por qué la gente de Peñarol te tiene mucho cariño, que también te vieron crecer en cierto modo.

Exactamente. Desde los siete años que juego en el club. Desde los siete años que yo andaba dando vueltas y el Club era otra cosa, podías estar tirando al aro a cualquier hora. Vivía en el club, después limpiaba la transpiración de los jugadores, me quería meter en el vestuario. Cuando era más grande, iba a ver los entrenamientos, por ahí comíamos asados con el equipo. Y yo quería vivir eso. Estaba muy adentro. Me parece que estar en todos lados sirvió para que me tomen cariño. Y después por todas las cosas, buenas y malas, que me pasaron en el club. Lesiones, lo de mi viejo, montón… Cosas que me hacen pensar que yo soy el hijo del club. Tengo 30 y creo que soy el único hoy que nació en el club, con “Pitu” Belza. Los dos de chiquitos que estamos ahí adentro. Un chico formado en el club así de chico no hay, si los reclutados que está muy bien. Pero que mame los momentos que mame yo, los buenos, de ganar todo, y los no tan buenos, como el resurgir de Peñarol, y los malos, de pelear el descenso. Todo eso lo viví. Sé realmente lo que es ser de Peñarol, y es difícil sacarte el hincha de adentro. Es eso lo que la gente sabe y me lo hace saber. Estoy recontra contento por cómo me han recibido, lo esperaba yo y también ellos. Estoy con ganas de saltar a la cancha ya.

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