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Manos Misioneras y Sporting, unidos en un trabajo solidario

Durante dos noches, el plantel superior de hockey de Sporting recibió una delegación de 31 personas provenientes del monte misionero.

Por Redacción

miércoles 3 de octubre, 2018

Una delegación de 31 personas proveniente del monte misionero pasó varios días en Mar del Plata y durmió en la Villa Marista, además de conocer el mar y disfrutar de nuestra ciudad. Durante dos noches, el plantel superior de hockey de Sporting recibió al grupo en el quincho y les preparó la cena.

“El vínculo con Sporting se dio por intermedio de ´Tete´ (Angélica Tiribelli), a quien conocemos desde la primera vez que vinimos, hace cinco años. Desde hace dos nos ofreció que la Primera de hockey nos cocinara y nos agasajara. Y este año se sumaron las Mamis, así que nos recibieron dos veces. Es increíble y fantástico”, contó Francisco Vigo, el presidente de la Fundación Manos Misioneras, organización que lleva a cabo un trabajo social muy importante desde hace un largo tiempo.

Agustina Ezcurdia, jugadora de la Primera y una de las principales organizadoras de la “movida”, dijo que “también está bueno que nos vean entrenar. La idea es ayudar a los que lo necesitan y que se sientan cómodos dentro del club, que disfruten las instalaciones y de nuestra compañía”.

En Mar del Plata, este año, disfrutaron 19 chicos y 12 adultos. Niños que están en séptimo grado y mujeres de un taller de costura. Para muchos fue su primera salida del monte y obviamente su contacto inicial con el mar. “Es impresionante contemplar sus caras cuando ven la inmensidad. Y no solo le pasa a los chicos”, contó Vigo.

Sobre la finalidad de este proyecto, el referente de Manos Misioneras explicó: “es para premiar y estimular a los chicos que estudian en contextos complejos. Los motivamos para que terminen y como premio los hacemos viajar a conocer el mar, la ciudad y también pasar unos días en Buenos Aires. Lo mejor que se genera es que a la vuelta, cuando cuentan todo lo que vivieron, el resto de la familia se ilusiona y se motiva para venir”.

Al sostenerse en el tiempo, el viaje a “La Feliz” “ya es una tradición familiar, de la escuela y de toda la comunidad. Hasta hacen empanadas y venden rifas para poder comprarse un buzo de Mar del Plata y ponerle su nombre. Todos están comprometidos con el evento”, contó Vigo.

“Pancho”, quien hace 24 años que viaja ininterrumpidamente desde Buenos Aires a Misiones, describió además la historia del proyecto: “todo arrancó como una misión religiosa, pero nos quedamos muy enganchados con varios amigos entonces seguimos yendo, cuatro o cinco veces por año a llevar donaciones. En 2001 me quedé sin trabajo y me fui al monte. Ahí vi que ellos estaban mucho peor, entonces había que hacer algo más sostenido en el tiempo, acompañar en el proceso. Empecé a trabajar con una escuela en Colonia Taranco, donde prioritariamente se necesitaba calzado porque los chicos caminaban 20 kilómetros para ir a estudiar”.

El periodista, principal referente de Manos Misioneras, contó luego que “todo fue creciendo y hoy tenemos cuatro escuelas y apadrinamos a 400 chicos. Se trabaja todo en la escuela porque creemos que el cambio viene por ahí. Desde ahí llegamos a la familia”.

Además, dijo que a los chicos “les damos calzado y comida, para que mínimamente puedan tener un plato de comida bueno durante el día. A veces es desayuno y almuerzo y a veces les damos almuerzo y merienda. En dos de las escuelas pusimos un transporte y ahora solamente caminan tres kilómetros”.

Según el testimonio de Vigo, el trabajo social no solamente se hace con los pequeños, ya que además “hay capacitaciones a las docentes y un taller de costura, que tiene 25 mujeres y nació hace tres años por la problemática de la violencia de género. Logramos que esas mujeres, que no sabían lo que era la dignidad, se acerquen y se sientan útiles. Hoy cosen, trabajan con máquinas, hacen uniformes para un colegio de Buenos Aires. También es importante el ejemplo que le dan a sus hijas y a todas las mujeres del monte. Es un proyecto a largo plazo, orientado para dentro de 10 años porque la sociedad machista dentro del monte es muy grande. Hay que trabajar con mucho cuidado lo cultural sin lanzar un cambio y después dejarlas descolocadas”.

Vigo, luego, agregó que “la modista va todos los miércoles y les da el curso durante ocho horas, dentro de la escuela. Entonces la directora y las docentes pueden entender mejor las problemáticas de los alumnos. Si el chico es violento es porque lo vive en la casa, o si se duerme te cuentan que come un plato cada dos días. Vamos articulando también con psicólogos y psiquiatras”.

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