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El secreto de la Alimentación Consciente

Conocer, comprar, cocinar y comer son los cuatro pasos a seguir para obtener una nutrición de buena calidad.

Por Gimena Rubolino

martes 9 de octubre, 2018

El Centro de Desarrollo Saludable del Gobierno afirma que la forma en la que nos alimentamos influye en nuestra calidad de vida. Un consumo responsable favorece la salud, genera un menor impacto ambiental y promueve el comercio justo. Conocer el origen de los alimentos que ingerimos, su estacionalidad y la forma en que se producen es clave. En este sentido, es importante incorporar cuatro instancias para una alimentación saludable: conocer, comprar, cocinar y comer.

En primer lugar, es importante conocer los atributos de los alimentos, su origen, producción, propiedades nutricionales, estacionalidad, conservación. Conocer el origen de los alimentos permite, por ejemplo, elegir aquellos que provengan de zonas cercanas. Esto genera un menor impacto en el ambiente al reducir las emanaciones de dióxido de carbono de los medios de transporte. También, conocer cómo leer adecuadamente los rótulos de los alimentos permite elegir aquellos que sean más seguros al momento de la compra.

Conocer en qué época del año se encuentran más disponibles los alimentos (estacionalidad de frutas y verduras, épocas de mayor pesca, tiempos de cosechas de cereales) permite a su vez elegir alimentos “más frescos” y a un mejor precio debido a la mayor oferta del mercado. En algunos casos, la estacionalidad impacta positivamente en el mayor sabor de los alimentos, como es el caso de las frutas y las verduras. 

La hora de comprar es muy importante para una alimentación saludable y la planificación del menú semanal es una pieza fundamental. Esto permite realizar una compra más eficiente y consciente de los alimentos y reducir los desperdicios. Además, organiza una dieta balanceada si se incorporan todos los grupos de alimentos.

El acto de cocinar es parte de nuestra identidad cultural. La comida casera contribuye a una alimentación más saludable del grupo familiar y sirve como espacio de encuentro. De esta forma se consumen alimentos más sanos y menos procesados que además mantienen y transmiten valores culturales de la comunidad a la que pertenecen. Involucrar a los más chicos en la cocina les genera hábitos saludables que perdurarán hacia la edad adulta.

La comensalidad o práctica de comer en familia constituye un espacio en el cual los padres transmiten a los hijo/as sus hábitos alimentarios, entonces es fundamental que, a pesar del intenso ritmo de vida actual, las personas tomen conciencia de la importancia de hacerse un tiempo para compartir la mesa.

En este sentido, se comprobó que algunas características de las comidas familiares, como la frecuencia, el lugar, la presencia de los padres, se relacionan con una alimentación de mejor calidad. Por el contrario, mirar TV durante las comidas puede dificultar el registro de los sabores y de la sensación de saciedad, lo que se traduce en un mayor consumo de alimentos, factor relacionado con el incremento del sobrepeso y la obesidad.

Por todo lo mencionado, se recomienda aprovechar y planificar los momentos de comida para fomentar el diálogo y promover la adquisición de hábitos alimentarios saludables, esto se traducirá en beneficios para la salud física y emocional de todos los integrantes del hogar.

 

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