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Cuando el deseo no es fiel al amor

La licenciada en Psicología María Noel Lucano afirma que la fidelidad es una elección y que de acuerdo a las internas de cada pareja puede no ser algo tan relevante para el funcionamiento del vínculo.

Por Gimena Rubolino

jueves 6 de diciembre, 2018

En torno a este tema, podemos observar que existen diferentes tipos de miradas y posturas: la social y cultural que construye paradigmas, modelos de pensamiento, ideologías y en consecuencia conductas y maneras de accionar; y la mirada subjetiva y personal, que tal vez en algunos casos se corre de lo convencional y de lo esperable socialmente hablando  y responde exclusivamente  a deseos individuales.

A diferencia de lo que algunas personas piensan, no es algo natural, es resultado  de una elección, que conlleva un trabajo personal, un esfuerzo, ya que la decisión de ser fiel coloca a la persona frente a la fuerza de sus propios deseos, que no siempre van necesariamente de la mano del amor.

Podemos amar a alguien y desearlo así como también podemos amar a alguien y desear a su vez a otra persona.

Amar a alguien no es condición sine qua non de fidelidad. En todo caso, es importante poder observar la historia particular de cada sujeto, su manera de vivir, sus elecciones, en definitiva su individualidad.

El deseo no siempre queda necesariamente “encadenado” o del lado del amor y aunque uno puede estar muy enamorado de otra persona, el deseo puede continuar un recorrido diferente que habilita la aparición de otras personas en la vida de un sujeto.

La concepción  de que “si se ama no se engaña” ha echado raíces en la sociedad sosteniendo “ilusoriamente” y hasta me aventuraría a mencionar “infantil”, esta ideología de que el amor así como el deseo es algo natural. No hay nada natural en el ser humano: los seres humanos somos seres atravesados por la cultura, cultura que nos permite realizar construcciones en las que estamos inmersos, que nos influyen y de alguna manera nos condicionan.

Comportamiento de un infiel

Sin generalizar podríamos referirnos a ciertos patrones:

  • Hay personas que lo viven con culpa, motivo que los impulsa “inconscientemente” ser descubiertos en algún momento por  ciertos “descuidos”.
  • Otros, viven la infidelidad como algo natural, como un modus operandi y por ende con placer y disfrute.
  • Están aquellos que viven la infidelidad como un comportamiento que les permite acercarse a lo prohibido, la trasgresión, lo oculto, aquello que genera adrenalina y vértigo.
  • Algunas personas “utilizan” la infidelidad como una experiencia que les habilita sentir que se puede tener todo, que no hay nada que se tenga que ceder ni perder: se puede tener una pareja estable y la vez un amante. .
  • Para determinadas personas la infidelidad implica seducción y permanente conquista, manteniendo presente todo el tiempo esa etapa de los primeros meses de una relación en la cual todo es maravilloso, porque justamente todo es ilusorio.

Lo importante en cada situación es poder tener claro cuál es el contrato que implícita o explícitamente se establecen en las relaciones que entablamos.

Lo fundamental es que en cada pareja ambas partes estén de acuerdo en las reglas o contratos que se establezcan, que no se hagan daño, que cada uno tenga voz y voto, que ninguno de los dos quede anulado en función del deseo del otro.

No hay garantías

La persona que ha sido traicionada pasa por una suma de emociones y sensaciones diversas, enojo, angustia, desesperación, ira, estados similares, en algún punto, a los que se atraviesan en un duelo ya que sentirse engañado implica la pérdida o la “muerte” de una ilusión, de reglas o códigos que se suponía estaban pautados.

Aparece una profunda herida al narcicismo en el momento de registrar que uno ya no es todo para ese otro ser amado, y más aún cuando la pareja es vivida como si dos fueran a ser solamente  uno, por el hecho de amarse. Esta ilusión se rompe, se quiebra.

El amor por sí solo no da garantías de fidelidad. La fidelidad es una elección de alguien que en todo caso decide “trabajar”, batallar o enfrentar sus propias tentaciones en pos de algo o de alguien  que considera mejor en este momento para sí mismo.

Terapia de pareja

Es aconsejable hacer terapia si ambos están de acuerdo a pasar por el proceso que implica reflexionar, repensar y tomar nuevas decisiones. La aceptación de lo que se perdió o se quebró y el deseo de volver a construir, entre otras cosas, la confianza.

Iniciar un proceso terapéutico para sostener la queja, el reproche, la “pasada de facturas” constante o la posición culposa de victimario y de victima solo  generan permanecer en un miso lugar y justamente de esa forma no hay proceso que pueda ser realizado con éxito. Todo proceso conlleva un trabajo, un recorrido y por supuesto un esfuerzo para poder responsabilizarse del lugar que cada uno ocupa en esa relación y el lugar que cada uno quiere ocupar, a partir de ese momento de quiebre.

Los procesos de terapia de pareja son tan recomendables como los individuales ya que las cosas a trabajar serán no solo de la apareja sino de la individualidad de cada uno. La terapia, tanto de pareja como individual será efectiva si permite sanar, tomar decisiones y hacerse responsable de las mismas. Registrando con honestidad y libertad donde esta uno parado y hacia donde desea dirigirse.

Como cualquier pérdida o dolor profundo, se requiere de un tiempo de duelo, de elaboración y de aceptación para poder continuar, claramente desde un lugar diferente, con otra mirada, con otros recursos y herramientas.

 

 

 

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