“La meditación permite escuchar nuestro espacio interior”

La Astróloga Mónika Correira Nobre detalla los fundamentos de llevar esta práctica a la vida cotidiana como una forma de obtener salud emocional y psíquica, de estar en armonía con nuestros propios pensamientos, para poder entonces disfrutar entre otras cosas, de la salud física.

Por Gimena Rubolino

martes 18 de diciembre, 2018

Cuando hablamos de meditar lo primero que viene a la mente es el acto de analizar o razonar, pensamos en la reflexión intelectual o cognitiva que utilizamos para comprender analizar y memorizar el mundo que nos rodea. Gracias al uso activo de la inteligencia los humanos hemos avanzado de manera increíble por sobre el resto de las criaturas con las que compartimos el planeta.

Pero además de esta práctica mental natural existen otras que también se dan de forma espontánea y que se pueden entrenar de la misma manera en que entrenamos nuestra capacidad cognitiva.

La meditación es en cierta forma una manera de exploración de la propia mente que nos lleva a percibir su verdadera naturaleza, el resultado es un viaje apasionante hacia el interior de nosotros mismos, que nos posibilita además el encuentro con una herramienta pre-existente que es la capacidad que tiene la mente de moldearse a sí misma, cambiar el pensamiento, cambiar la forma de verse a uno mismo, al mundo y a sus relaciones y entonces transformando la percepción que tenemos de la vida y el mundo, abrir la mente y encarar la vida desde una perspectiva completamente renovada.

Cada uno de nosotros en forma sistemática desde nuestro nacimiento registramos grandes cantidades de información proveniente del mundo externo: referencias a nosotros mismos, patrones de comportamiento y un intenso “deber ser” que nos estimula a seguir adelante en una dirección ordenada. La educación formal colabora y nos presenta sistemas de validación que permanentemente nos remiten al afuera. La meditación como entrenamiento mental es una gran ausente en la educación actual.

Entonces, como aprendemos desde el afuera, construimos mentalmente miles de propósitos y circunstancias que continúan a lo largo de la vida delimitando y delineando nuestra experimentación del mundo, de nuestra propia conciencia y de la personalidad desde una referencia exterior.

Apegada a observar cosas conocidas, habitualmente y sin darnos cuenta, nuestra conciencia establece rutinas de observación y se alegra en la seguridad de ese mundo conocido, preciso, ya explorado miles de veces, libre de sorpresas: una novela que no avanza, la misma serie de televisión, los mismos recorridos...fuertes hábitos casi rituales que nos llevan de manera mecánica a una vida sin sentido de trascendencia.

Lenta pero constante, las más variadas cuestiones que tiene que ver con el Ser se toman sin reflexionar como reales, directamente así como vienen del afuera!. Mientras tanto el interior del Ser queda olvidado y relegado.

Meditar es el reconocimiento de esos espacios internos a menudo olvidados, y es a través de la práctica de la meditación que comienza a ocurrir un proceso de liberación ya que con el entrenamiento la mente puede conocerse a sí misma y transformarse, moldeando y calibrando, poniendo orden y claridad ahí donde solo habitaba la confusión.

El logro de la armonía mental es una búsqueda primordial anterior al logro de la armonía física, ya que aunque tengamos nuestro cuerpo en excelente estado y una salud maravillosa no vamos a poder disfrutarlo con una mente estresada, llena de pensamientos indeseados y sufriendo tortura mental. Sin embargo, cuando poseemos una mente saludable, clara y en armonía y surge algún problema corporal o de vínculos o en el ambiente donde estamos podemos encararlo desde un lugar completamente distinto y lograr soluciones más efectivas.

La diferencia es simple y es que  mantener la mente en un estado pacífico y en atención plena nos permite reaccionar con mayor sabiduría. Una mente entrenada en meditación no sufre de la misma manera las influencias de las emociones negativas, ni bien aparecen las observa y vuelve al estado de armonía antes de actuar.

Cuando comenzamos a hacer meditación descubrimos que la sola observación de un punto es algo que se pone difícil ya que estamos inundados por pensamientos que hacen lo que quieren  y podemos sentirnos atascados como en una autopista en hora pico. Anclar la conciencia en una sola dirección libre de pensamiento puede llevarnos algún tiempo, sin embargo con entrenamiento y utilizando las diferentes técnicas podemos crear un entorno que permita alcanzar ese deseado estado de armonía mental.

Gracias a la práctica de la meditación desarrollamos lo que se llama “el observador”, que es la parte de nuestra conciencia que nos permite ver e identificar los pensamientos, las emociones, el cuerpo y el mundo. Por ejemplo, a partir de la observación de los pensamientos logramos mejorar la calidad de los mismos, eliminar los ciclos de pensamientos indeseados o repetitivos tipo disco rayado y bajar el tráfico mental, con eso mejoramos la capacidad de concentración, aumentamos la lucidez mental y el bienestar general personal.

La meditación es el arte de escuchar dentro del propio espacio interior. Esa escucha profunda permite liberarnos de todo lo que no es real para el Yo, como por ejemplo liberarnos de todas las programaciones impuestas desde afuera. Escucharnos a nosotros mismos es el inicio de un proceso de liberación de falsos yo es,  ya que dentro del  espacio interno nos encontramos con el Yo real, libre de todos los condicionamientos, libre de afecciones y de apegos. El encuentro con este verdadero Yo es siempre emocionante y saber que está ahí en el interior de nosotros mismos da mucha tranquilidad, de pronto podemos reconocernos como Seres  divinos y eternos y surge un sentimiento de conexión con el Todo que nos permite enfrentar la vida sin temores y en forma total. Logramos darle un propósito a nuestra vida centrado en la realidad de lo que somos, con un sentido de trascendencia liberador.

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