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Los trastornos de alimentación 2.0

A la anorexia y bulimia se le sumó la dependencia al fitness y la obsesión por comer alimentos sanos. En términos generales, se trata de tener autoestima para poder estar bien con nuestro cuerpo.

Por Gimena Rubolino

miércoles 20 de febrero, 2019

Vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase, que desprecia el contenido” es una de las frases más populares del escritor Eduardo Galeano y muy representativa del mundo de exposición que ha dejado el desarrollo de internet, medios audiovisuales y redes sociales.

Dentro de este contexto, el cuerpo pasó a ocupar un valor de suma importancia, al punto que contar calorías, pasar largas horas en el gimnasio y tener un cuerpo fitness se volvió un atributo que hay que tratar de obtener a cualquier precio.

La licenciada en Nutrición, Agustina Murcho especializada en trastornos alimenticios y autora de los libros “Podemos comer de todo” y “Podemos querernos más” sostiene que “lo que se puede ver en redes sociales es la obsesión por la alimentación 100% saludable (ortorexia) y la obsesión por generar masa muscular constantemente (vigorexia)”

En consultorio se ven muchos casos de trastorno por atracón, de bulimia y trastornos alimentarios no especificados (no son conductas de un solo trastorno sino de varios)”.

Hay un límite muy fino entre lo que es sano y no sano. Cuando la obsesión se va de las manos, es muy posible desarrollar un trastorno de alimentación. Si la comida y el ejercicio condicionan la vida y la salud de la persona se puede estar frente a un problema” agrega la licenciada.

Por su parte, la licenciada en nutrición, Estefanía Beltrami, autora del libro “Basta de dietas” también comparte la idea de que “la alimentación saludable tiene que ser flexible, tenemos que comer a conciencia priorizando los alimentos sanos pero no excluyendo para siempre los que no lo son, sino que pueden comerse en menores cantidades”.

El valor de la autoestima

El mensaje que dan los aficionados al fitness puede ser contradictorio. Por un lado estamos frente a la idea que estar bien físicamente aumenta la autoestima y nos ayuda a sentirnos mejor con nosotros mismos pero por el otro lado, ser dependiente del ejercicio físico y desarrollar sentimientos de culpa si no cumplimos con nuestra rutina no hace pensar que estamos frente a una persona con una autoestima alta.

Agustina afirma que para llegar a la comunidad ya escribió dos libros: el primero, “Podemos comer de todo” aborda los mitos alimentarios, los trastornos, la importancia de los hábitos saludables y explica por qué las dietas no funcionan.

En el segundo, “Podemos querernos más” se trata la autoestima, ¿por qué muchas personas quieren parecerse a otras?, lo que nos muestra la sociedad y lo que nos quieren vender, las dietas universales y de famosos y el peligro que se corre al querer conseguir el cuerpo de otro.

Encontrar un especialista de alimentación que comprenda al paciente no es una tarea fácil, muchas personas reconocen no haber tenido buenas experiencias porque “les dan dietas genéricas o demasiado restrictivas”, o “un sólo día para un permitido” lo cual resulta difícil de cumplir y se aleja de la idea de flexibilidad alimentaria: “Mis teorias son varias; falta de ganas de explicarle al paciente como comer, cosa que no es fácil, o prometerle que va a bajar mucho en poco tiempo para que la persona vuelva a la consulta. Me extraña mucho porque cuando uno estudia no aprende que hay que restringir alimentos y nos dejan muy en claro que cada persona es un mundo” afirma Agustina.

Un buen profesional es el que escucha al paciente, que lo trata como un ser humano y no como un robot que tiene que seguir una dieta y morirse de hambre. Un buen profesional es aquel que no te priva de nada sino que te enseña a comer (salvo que haya patología donde haya que restringir), y es aquel que además de tomar en cuenta la salud física, toma en cuenta la salud mental”.

El especialista tiene que apoyar al paciente, preocuparse por su estado de ánimo, y no atosigarlo con el número de la balanza, sino que aprenda a quererse como es y a sentir su evolución sin estar tan pendiente del número, sino por cómo se siente” concluye la licenciada.

 

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