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Las hepatitis virales en Argentina

El Ministerio de Salud de la Nación desarrolló un plan estratégico de de prevención, tratamiento y abordaje de esta enfermedad para brindar herramientas de información a la comunidad y lograr avances en la atención a nivel general.

Por Gimena Rubolino

martes 26 de febrero, 2019

La hepatitis es un proceso inflamatorio que afecta al hígado y puede ser causada por agentes infecciosos -mayormente virus-, como así también por tóxicos como el alcohol o los fármacos, o por reacciones autoinmunes. Los virus causantes de las hepatitis A y E son transmitidos principalmente por vía fecal-oral a través de agua y alimentos contaminados y por el sexo oral-anal.

Los agentes causantes de las hepatitis B, C y D son transmitidos por contacto sanguíneo, sexual y vertical (madre-hijo). La prevalencia está asociada a determinadas prácticas que favorecen su transmisión, como el uso de material intravenoso contaminado para la inyección de drogas, las prácticas sexuales no protegidas y las transfusiones de sangre no controlada, así como otras formas de transmisión dentro de los centros de salud y establecimientos que utilizan elementos corto punzantes.

Actualmente se dispone de vacunación efectiva y ampliamente distribuida para los virus causantes de las hepatitis A y B. En el caso de la hepatitis A, a partir de la incorporación de la vacuna en el Calendario Nacional de Vacunación en el año 2005 con una dosis única al año de edad, la cobertura de vacunación fue incrementándose paulatinamente, con picos de cobertura del 100% y manteniéndose por encima del 90% desde el año 2006.

La vacuna contra la hepatitis B es obligatoria en el país desde el año 1992 para los trabajadores de la salud y a partir de 2000 para los recién nacidos; desde 2003 para niños y niñas de 11 años; desde 2008 se recomienda la vacunación a grupos específicos y en el año 2012 se implementó la vacunación universal. La cobertura delas tres dosis se ha incrementado pero sin llegar todavía al cumplimiento de la meta del 95%.

7 recomendaciones de la OMS para su diagnóstico y tratamiento:

  1. Incorporar las pruebas de detección de hepatitis virales en políticas y directrices nacionales contra las hepatitis que definan, entre otras cosas, los grupos de población prioritarios y los lugares donde se realizan las pruebas, los métodos de prueba y las estrategias.
  2. Fortalecer el sistema nacional de laboratorios para realizar un buen diagnóstico de las hepatitis agudas y crónicas, con informes oportunos de los resultados, y asegurar el suministro fiable de medios de diagnóstico de calidad garantizada (precalificados por la OMS).
  3. Establecer vínculos clave entre los servicios de pruebas de detección y otros servicios a fin de mejorar la derivación de casos y el acceso a tratamientos de calidad garantizada y otros servicios de apoyo.
  4. Otorgar prioridad al tratamiento de las hepatitis mediante la inclusión del acceso a tratamientos antivirales para las personas que padecen infección crónica por los virus de la hepatitis B y la hepatitis C como componente central de la estrategia y planes nacionales contra la hepatitis.
  5. Establecer directrices, planes y protocolos nacionales para el cuidado y el tratamiento de la hepatitis sobre la base de las directrices de la OMS para el tratamiento y el cuidado de esta enfermedad.
  6. Brindar tratamiento de calidad que garantice la atención normalizada de las personas con hepatitis crónica, incluida la adecuada determinación del estadio de la enfermedad, el inicio oportuno del tratamiento, el seguimiento de los pacientes y de la toxicidad de los fármacos, y el tratamiento de la cirrosis hepática, el carcinoma hepatocelular y la insuficiencia hepática.
  7. Abordar las afecciones comórbidas, entre ellas la infección por el VIH, y los factores de riesgo que pueden acelerar la progresión de las hepatopatías, como el consumo de alcohol, y ofrecer cuidados paliativos y atención a los enfermos terminales, incluido el acceso a analgesia adecuada.

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