¿Carne roja o blanca?

Un estudio reveló que ambas podrían tener los mismos efectos en el colesterol.

Por Gimena Rubolino

miércoles 26 de junio, 2019

Desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) asegurara que la carne roja es “probablemente carcinógena”, el consumo de este tipo de carne ha disminuido.

La excesiva ingesta de este producto está relacionada con efectos adversos en el colesterol y enfermedades como cáncer, hipertensión, obesidad y diabetes tipo 2, mientras que las carnes blancas han conseguido mantener el visto bueno, siendo considerada “una aliada para la alimentación saludable”, según la Fundación Española del Corazón. Sin embargo, un reciente estudio realizado por el Children’s Hospital Oakland Research Institute (CHORI) y de la Universidad de California en San Francisco desmiente esta idea y asegura que el pollo o el pavo es igual de dañina para los niveles de colesterol en la sangre que la carne roja.

Los propios investigadores se sorprendieron de los resultados obtenidos tras el riguroso análisis, que determinó que un alto consumo de carne roja o aves blancas se traducía en niveles más altos de colesterol en la sangre.

Cuando planeamos este estudio, esperábamos que la carne roja tuviera un efecto más adverso sobre los niveles de colesterol en la sangre que la carne blanca, pero nos sorprendió que este no fuera el caso: sus efectos sobre el colesterol son idénticos cuando los niveles de grasa saturada son equivalentes“, señala el autor principal del estudio, Ronald Krauss.

La Fundación Española de la Nutrición recomienda consumir alrededor de 0,8 g/kg de proteínas, lo que representa aproximadamente el 12% de la ingesta total de energía. Esta sustancia forma una parte imprescindible en la dieta de la población en general, y no solo en la de los deportistas de élite.

Según el presidente de la Fundación Española de la Nutrición, Gregorio Varela-Moreiras, la ingesta media de proteínas de la población está muy por encima de los límites superiores recomendados. En concreto, un 30% por encima a la cantidad aconsejable. Es decir, podríamos vivir sin menos proteína y con una alimentación en la que la carne no tuviera tanta presencia.

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