A 50 años del alunizaje

La historia del ingeniero argentino que diseñó tanques para el Apolo XI

A 50 años de la misión que llevó al hombre a la luna y marcó un hito en la historia de la humanidad, César Sciammarella recordó en diálogo con Radio Mitre detalles de su participación en el diseño de los tanques de combustible de la nave.

Por Redacción

sábado 20 de julio, 2019

César Sciammarella tiene 95 años. Hace 50, formó parte de un proyecto que cambiaría para siempre la historia de la humanidad: diseñó los tanques de combustible del Apolo XI, la nave que llevó a tres hombres a la superficie lunar.

“El sentimiento que tengo es haber contribuido en un evento importante de la humanidad, lo cual es una oportunidad única”, comenzó César, en diálogo con el programa “Hoy es mejor”. Para él, “las circunstancias y el tiempo” lo pusieron en lugar y el momento indicado, justo cuando se produciría un evento “trascendente de la especie humana”, tal como la llegada a un astro fuera de la Tierra.

En ese momento, César tenía 38 años de edad. Era profesor en la universidad de Florida y se encontraba cerca de Redstone, lugar donde se trabajaba en el diseño del cohete. Fue invitado a presentar un proyecto de investigación para el diseño de los tanques que se usarían en el Apolo. “Me dieron un plazo de tres años para desarrollar el diseño de la tercer etapa del satélite, etapa que lo llevo a la órbita lunar y después lo trajo a la tierra”, contó.

No era fácil. Los riesgos eran muchos y las ganancias parecían lejanas, tan lejanas como la distancia entre la Tierra y la luna. Se tenía que hacer algo que nadie nunca antes había hecho, algo que muy pocos visionarios habían soñado. Fallar tenía un precio muy alto, no sólo por las inversiones millonarias y exorbitantes para la época, sino también por las vidas humanas que se perderían. “Todos los componentes tienen que estar diseñados con una garantía total, se debían generar todas las formas de tensionar la estructura de la nave espacial para ver qué cosas podían pasar, qué cosas podían contribuir a que algo fallara”, recordó.

Los investigadores no tenían muchos parámetros con los cuales comparar lo que podría ocurrir. “Uno usaba su imaginación y su juicio para ver qué cosas podían conducir a la falla”, manifestó el ingeniero. Una vez descubiertas, se tenía que recurrir a la tecnología disponible en ese entonces.

Todo salió bien. Después del cohete, César hizo contribuciones al transbordador espacial, desarrollando una turbina que daba el poder eléctrico para facilitar el descenso de la nave. También investigó el combustible sólido que propulsa a los cohetes y participó en el desarrollo de otro transbordador con materiales tales que pudieran resistir las altas temperaturas.

Por último, César eligió reír ante las teorías conspirativas de que el hombre, en realidad, jamás llegó a la luna. “Es un proyecto en el que han trabajado miles de personas y al cual se le ha hecho una inversión millonaria” dijo, y concluyó: “El espíritu humano es incomprensible y ciertas personas tienen la envidia o la imaginación de hacer todas esas historias ridículas”.

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