Llegar a Cielo atravesando infiernos

Soledad Beneitez necesita 25 mil pesos para no interrumpir la rehabilitación de su hija Cielo, que padece cataratas congénitas bilaterales, y pueda ser operada nuevamente dentro de algunos años. La historia de ellas, en la que padecieron bullying, violencia y sobre todo ausencias.

Por Redacción

jueves 8 de agosto, 2019

Por Germán Ronchi

En el límite de Villa Primera y Nueva Pompeya, zona de casas bajas. Un pasillo largo de un PH. Sale Soledad atravesando puertas, detrás la pequeña Cielo, a los gritos, tomando las llaves. En la última puerta, un candado muy chico. Ahí, el desafío para la niña: embocar la llavecita y poder abrir el cerrojo. No lo logra e interviene mamá.

Menudita, “piscueta”, charlatana y una sonrisa grande; tanto como la sensación que dan sus lentes delante de sus ojos. Parecen lupas, las mismas que indican cuán grande es su dificultad para ver.

Cielo tiene 3 años. Nació con cataratas congénitas bilaterales.  Antes de conocer absolutamente nada del mundo al que llegó, fue operada, para luego realizar un tratamiento de rehabilitación hasta los 10 años de edad, cuando podrá ser intervenida nuevamente para colocarle los lentes.

Bullying, ausencias, violencia de género. Un escape hacia Mar del Plata, con promesas, sin futuro y tiempo en la calle. En ese contexto, Soledad se enteró que estaba embarazada de Cielo.

Pasó. Nació, fue operada y hoy está en una nueva etapa de rehabilitación, en la que debe renovar los lentes aéreos, de contacto y uno especial, de pupila negra para enderezar uno de sus ojos. Estos últimos ejercen una nueva complicación: “tengo que ir intercalando uno y otro porque sufre un montón cuando le toco los ojos”, le contó Soledad a El Marplatense.

“Le puedo poner parches normales, pero se los saca. Y no podemos esperar hasta que ella tenga ganas de usarlos. Entonces averigüé en miles de laboratorios y conseguí que le hagan los parches en lentes y no se los saca. Entonces tiene un ojo negro y empieza a ver del otro, del cual está perdiendo la visión”, explicó la mamá, al tiempo que aclaró que Cielo no llega al 50% de capacidad visual.

La operación pactada para los 10 años de edad no puede adelantarse, hasta tanto no cumpla con los pasos de rehabilitación, la cual consiste en el uso de estos lentes con la graduación adecuada y ejercicios, como los que realiza en Umasdeca, a donde asiste “una vez por semana y le enseñan a manejar su poca visión, más allá de los lentes. De hecho, por la noche no se maneja bien, aun con lentes. Todavía se choca las cosas, le da miedo”.

Pero el inconveniente es claro: “Si no hago lo que debo, Cielo va a ir perdiendo cada vez más la visión. Hace cuatro meses tendría que estar usando los lentes nuevos. En ella gasto lo que no tengo, pero no alcanzo a juntar los 25 mil pesos. No llego. Porque cuando junto una moneda viene la luz, o el gas, o el alquiler, la comida”. Y agregó: “sufrí y sufro mucho el tema de la visión y el bullying, y los nenes son crueles cuando hay otro diferente por el solo hecho de usar lentes. No quiero que pase por eso porque es re traumante. Entonces hago todo lo posible para que parezca una nena normal, que lo es, pero la sociedad…”.

LA VIDA DE CIELO

– ¿Cómo fue empezar a caminar con esta dificultad?

– Costó un montón. Además ella tuvo problemas de crecimiento y ahora se está acomodando. Le costaba, pero, además de consultar a todos los médicos posibles, me ocupaba de sentarla y ponerle delante objetos brillantes para estimular la visión y su movilidad. A ella le sirve todo lo que tenga luces, pero todos los juguetes son pesados, difíciles de manipular para niños chiquitos, y muy caros. De hecho, tengo un proyecto de realizar juguetes para nenes no videntes, con luces y empecé a fabricárselos. Le sirvieron a ella pero el proyecto quedó siempre en una nebulosa porque hay que tener plata para hacerlo.

– ¿Cómo se desenvuelve durante el día? ¿Es consciente de lo que padece?

– Es consciente de lo que le pasa, pero lo toma con naturalidad. Me pide que le devuelva los lentes rápido cuando se los limpio, “porque no veo”, me dice y a mí se me parte el alma.

– ¿Y un día en su vida? 

­– Se levanta re temprano, toma teta todavía porque está muy pegada a mí, supongo porque somos solas. Después jugamos mucho con los juguetes para estimular la visión, le gusta mucho la música, es muy compañera.

“SOMOS SOLAS”

Siempre, o casi, hay una familia detrás, una contención. No es el caso de Soledad. Y Cielo tiene un papá. Pero tampoco está, según relata.

El padre tiene una restricción, más de 30 denuncias y cinco causas penales. Una de ellas porque nos quiso matar a mí, a la nena y a mi otro hijo, cerrándonos la llave de gas desde afuera. Me pegaba delante del nene, la pasé mal, pero me costaba separarme. Cuando lo logré, empezó otro infierno. Nunca lo alejé de la nena, pero con esa excusa nos cruzábamos y volvían los episodios de violencia y manipulación.  Por suerte está desaparecido, según me dijo su mamá y el hermano, con quien Cielo sí tiene contacto”, confiesa Soledad. Y vuelve al tema: “Viví años de violencia por parte de su papá y el último año se encargó de arruinarme la vida, desde ensuciarme como persona, hasta no dejarme trabajar. De hecho tengo laburos en temporada que me permiten ahorrar para manejarme durante el año en los gastos de alquiler, luz, gas y, sobre todo, los de la nena. Pero él me prometió mil veces ayudar y a último momento, me lo negaba y por confiar en él, perdió empezar el jardín. A partir de ahora sé que depende sólo de mí y ya está”, dice y suspira.

LOS COSTOS DIARIOS, LA REHABILITACIÓN: MALABARES

Como tantas personas, Soledad está en una endeble situación económica. Pero la nena implica más gastos que los habituales. Y tal cual afirma ante El Marplatense, “hago como puedo. Hago artesanías, canto también, pero más que nada en verano. Busco laburo todos los días, pero lo que me han ofrecido son trabajos de muchas horas, poco sueldo y la mitad se me va en contratar a alguien que cuide de la nena. Nunca había tenido problemas económicos, pero desde que nació Cielo con todas estas necesidades y los problemas de violencia, no pude reponerme en ningún sentido porque quedé con mucho miedo y me cuesta salir de la casa”.

Con una promesa de trabajo llegó a Mar del Plata. “Viví dos años en la calle porque me mintieron. Pude salir adelante, conseguí alquilar y es lo que me preocupa pagar todos los meses, para no tener que volver a la calle.

LA SOLUCIÓN

Para Cielo: “Sé que con 25 mil pesos voy los compro y los tengo a los lentes, pero mientras tanto busco precios, algún descuento para poder hacerme cargo con lo que tengo”, dice firme Soledad, pero sin convicción; porque lo que quiere es “tener trabajo para no pedirle más ayuda a nadie. No lo consigo, no es que me quedo esperando sentada que me caiga un laburo. De lo que sea, por lo menos para pagarme el techo, de lo demás yo me las arreglo como hice siempre. Estoy cansada de decir necesito esto o lo otro. No me gusta estar en esa posición. Hoy nos hace falta de todo, a veces no tenemos para comer porque primero quiero pagar el alquiler y no tener que ir a la calle con ella. Trato de que no le falte nada. Esto de los anteojos es mucha plata de golpe. Imposible en mi situación”.

ROCK SOLIDARIO

Para colaborar con la compra de las prótesis que necesita Cielo, se organizó un festival en el recinto de España 2051, para este sábado a las 21. Allí, tocarán As de Reinas, Naranja Büm y Tierras Frías, y las entradas tienen un valor de $100. Lo recaudado será íntegramente a beneficio de la necesidad de Cielo. “Espero poder dar la seña, mientras aguardo unas contestaciones de precio”, dijo Soledad en relación al evento.

Otra opción para colaborar es a través del Banco Nación a la cuenta de Soledad Beneitez (cuil 27-33486374-9) Nº 924514460347/CBU: 0110146730014614603479.

COMO UN JUEGO

Cielo se sube a la mesa, habla y muestra las “cajitas” donde guardan los lentes de contacto. Las sacude, suenan. Muestra sus uñas recién pintadas. Se ríe. Todo el tiempo.

Otra vez a caminar por el largo pasillo. Esquiva unas macetas en medio del paso. Le saca las llaves a Soledad y corre hasta la última reja. La llavecita, el candado. “Apurate que se tienen que ir”, regaña mamá; “esperá, ya está” contesta, a la vez que logra abrir el cerrojo. Y sonríe satisfecha.

Comentarios