Adopción en Mar del Plata: la historia del nene y el perro que buscan una familia

Lo llaman José para no revelar su verdadero nombre. Con ocho años, dormía en una casa con su mascota como única compañía. Su vida cambió cuando fue institucionalizado en un hogar para niños. Hoy, la jueza titular del Juzgado de Familia Nº5 Clara Obligado cuenta la historia para retratar la realidad de los jóvenes sin familia.

Por Redacción

viernes 16 de agosto, 2019

José, lo vamos a llamar así para no revelar su verdadera identidad porque es menor de edad, tiene ocho años, un perro fiel y una familia ausente. Vivía en un casa abandonada, sin cuidados, con su mascota como única compañía en los días y en las noches.

En los días y en las noches, la madre de José era adicta a las drogas. Sus hermanos también andaban en cosas semejantes. No lo podían cuidar. Entonces el nene iba y venía, iba y venía, y su perro lo seguía. A José también lo seguían sus vecinos. Fueron ellos quienes dieron aviso a la policía. La denuncia llegó al juzgado de familia y, desde allí, se dictó la institucionalización del menor.

La institucionalización de José fue como irse de vacaciones, cuenta la jueza titular del Juzgado de Familia Nº5, Clara Obligado. Por primera vez empezó a tener la felicidad y la alegría de ir todos los días a un colegio, de usar ropa limpia, de tener a quien le preparara la comida, de tener un lugar cálido en donde dormir. Por primera vez, probó la rutina estable de un hogar.

Un hogar. Un hogar era lo que José buscaba y lo que, en primer momento, encontró en el instituto de menores. Sin embargo, la vida en el instituto es como un hotel, dice la jueza. Es como vacaciones, como un periodo de luna de miel en el que todo es bueno, todo es nuevo. Y, como en las vacaciones, en determinado momento se quiere volver.

Volver es lo que quería José. No volver a su casa ausente ni a la soledad, sino volver al hogar que debería haber tenido, a esa atención individual que tienen la mayor parte de los niños. Volver al hogar que debería haber tenido, con una madre y hermanos, con calor y cuidados. Volver a un un hogar que no conocía, en el que no había estado y que no iba a encontrar en su familia.

Otros cientos de chicos esperan encontrar su hogar más allá de sus familias. Viven en los institutos de menores, donde los cuidan y los ayudan, pero quieren más, quieren algo que las alrededor de 900 familias anotadas para adoptar no pueden darles, porque se concentran, en su mayoría, en menores de 2 años, dejando fuera a niños como José.

La historia de José es una de tantas. Él espera a su familia adoptiva y, mientras tanto, sigue preocupado por su mascota, sigue pidiendo recuperar a su perro. Es la historia de ambos, después de todo.

 

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