Día del Maestro

Educación, respeto, inclusión: cómo es dar clases a los reclusos de Batán

Las unidades carcelarias representan un mundo desconocido para la mayor parte de la población. Contra todos los prejuicios, Emilce Vuyovich las visita todos los jueves para enseñar. Cómo es el trabajo de cambiar una historia para siempre, en primera persona.

Por Redacción

miércoles 11 de septiembre, 2019

“La vida es una lugar complicado, difícil para todos”, dice Emilce Vuyovich cuando cuenta cómo es dar clases en las unidades penales de Batán. Como maestra, trabaja en el “Batancito” y en la Unidad Penal 50 enseñándoles historia a los reclusos en distintos niveles.  Lleva ejerciendo esa labor desde 2013 y no piensa cambiarla por nada.

“Para algunos la vida es muy diferente, problemática”, sigue. Dice que se formó cuando ya era adulta, por distintos inconvenientes que tuvo. Dice que toda la carrera, desde primaria hasta la universidad, la hizo a parir de los 29 años. Hoy tiene alrededor de 50 y, en algún momento de sus estudios, entendió. Entendió que debía devolverle a la sociedad aquello que le habían dado. “Me protegió y me dio educación”, expresa a El Marplatense.

Devolverle a la sociedad todo lo que ella había recibido no parecería ser algo simple, pero Emilce encontró la respuesta en los jóvenes en contexto de encierro de los penales de Batán. Cuando habla de sus alumnos, el aprecio rebalsa sus palabras. “Son muy valiosos, trabajan, prestan atención, están comprometidos y les gusta el estudio”, comenta.

Como toda maestra, hablar con ella deja enseñanzas que van más allá de fechas importantes en el calendario y datos históricos. “La privación de la libertad hace eso, que estén privados de su libertad, no que no puedan presentarse como individuos plenos el día de mañana”, manifiesta, con convicción.

Como en distintos ámbitos, educar no significa únicamente impartir conocimiento. Significa comprender al otro, en sus necesidades y capacidades, como persona individual y no como sólo un recipiente de información. En Batán, esa necesidad resalta, se vuelve vital. “El trabajo que hacemos como maestros debe potenciar lo valioso, debe construir a la persona”, expresa.

“Siempre es grato ver como van desarrollando saberes, interés y cómo van transformándose”, dice, y agrega: “Algunos días de visita, ellos pueden trasladarle los conocimientos que aprendieron a sus hijos y pensarse a sí mismos desde otro lugar, lo que a mí me llena de orgullo”. La sonrisa se oye en su voz.

La unidad carcelaria de Batán tiene otras cuatro unidades dentro: la 15, la 50, la 44 y el centro cerrado. En todas ellas, los presos pueden recibir educación primaria y secundaria. Una escuela dentro de una cárcel puede ser una idea que conlleva demasiados prejuicios, demasiado desconocimiento. Para Emilce, es algo completamente diferente: “A la gente le diría que pensemos en una oportunidad para todos, con inclusión, tratando de romper con los prejuicios que podamos traer“.

“Nosotros con esto acercamos una idea nueva, una forma de que ellos se piensen a futuro desde otro lugar, porque la educación es una herramienta que posibilita futuro, crea consciencia, genera espacio, saberes, inclusión social, es algo que puede cambiar una historia para siempre“, concluye.

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