Mar del Plata tecnicolor: el arte de “revivir” fotos en blanco y negro

Por medio de la utilización de un software en desarrollo que se encuentra tomando cada vez más popularidad en Estados Unidos, Fernando se encarga de colorear viejas imágenes del ayer. Enamorado de Mar del Plata, busca que su trabajo ayude a tomar consciencia sobre el patrimonio histórico y arquitectónico que la ciudad ofrece. La historia.

Por Redacción

domingo 29 de septiembre, 2019

Por Stephanie Barrientos 

No, dice que no es fotógrafo, que tampoco es un profesional en edición audiovisual y que su trabajo nada tiene que ver con su hobby. Dice que tiene 29 años, que es ingeniero industrial y que es empleado en una empresa marplatense, pero que en sus tiempos libres le gusta adentrarse en el mundo de la manipulación digital de imágenes.

Se llama Fernando Furundarena y últimamente se encuentra desarrollando una página de Facebook bajo el nombre de “Argentina Antigua en color”. Allí, recopila imágenes, en principio, de las viejos chalets y paseos marplatenses, en sus tiempos dorados. Busca expandir su proyecto a antiguas fotos de Buenos Aires y el resto del país.

“Mi interés por la historia de Mar del Plata y de la Argentina se debe a que siento que hay mucho para aprender de nuestro país”, cuenta. Dice que le gusta el siglo XIX y principios del XX. El mundo se mueve, apurado, hacia los dos mil veinte, sin mirar atrás, pero él sigue firme en su interés. Las nuevas tecnologías siempre han estado asociadas al progreso, al futuro, a la muerte de todo lo anterior, pero en el caso de Fernando lo ayudan a mantener vivo el pasado.

La foto, antes de la edición

Lo que más le gusta, comenta, es la identidad y el patrimonio cultural y arquitectónico que caracterizaba a la ciudad en esa época. Consumía lo que podía, lo que encontraba, hasta que decidió que debía aportar algo. Entonces empezó. “Me puse a investigar y a buscar cómo trabajar en ese hobby, cómo poder contribuir, y entonces me encontré con un proyecto colaborativo de  Estados Unidos en el cual gente trabaja escribiendo códigos de programación para desarrollar un sistema que permite agregar color a fotos en blanco y negro”, recuerda.

Para Fernando, “es muy básico”. Explica que el programa tiene una base enorme de datos, de imágenes que utiliza para aprender patrones determinados que luego plasmará en una imagen sin color para crear una tonalidad. Por más tecnológica que la propuesta sea, todavía se encuentra en desarrollo, por lo que “hay mucho por mejorar”. “A las fotos que obtengo por este sistema les hago un trabajo adicional y el resultado viene siendo muy bueno”, considera.

“Las fotos en blanco y negro no reflejan lo que era en ese momento, mientras que las coloreadas a mano y con otro método suelen tener algunos errores que le sacan nitidez, por lo que no hay nada mejor que aplicar tecnología para reducir esos errores y que la foto quede, no como era en esa época porque estamos lejos de recrearlo, más cerca de la realidad”, agrega.

Cuando habla de Mar del Plata, cierta emoción cubre su voz. “A mí Mar del Plata como es hoy me encanta”, dice y se oye la sonrisa en sus palabras. “He tenido la posibilidad de viajar por varias ciudades de Europa y América y me cuesta mucho encontrar una ciudad la nuestra”, manifiesta. SI tuviera que elegir, le gusta la zona que ocupa ahora el Casino Central, donde a principios del siglo XX se encontraba el Paseo General Paz. “Cuando miro fotos de la rambla afrancesada a veces me emociono”, confiesa.

“Creo que hoy si hubiésemos conservado ese patrimonio arquitectónico seriamos envidia de otros destinos turísticos y podríamos darle un valor agregado al turismo internacional, algo que todavía podríamos hacer”, comenta Fernando. Siente que no se respetó el patrimonio arquitectónico de la mejor manera posible, porque “no hubo un buen diseño urbanístico”. “No podríamos haber conservado toda la ciudad de principios del siglo xx, pero podríamos haber conservado un centro histórico con restaurants y otros atractivos, ahí fallamos como sociedad”, expresa.

Fernando

El interés por el pasado es algo que lo une a su padre, quien con su drone se encarga de tomar videos desde el aire de Chalets que todavía siguen en pie, para mostrarlos de una perspectiva que no puede apreciarse con el ir y venir diario por las calles. Él hace su aporte, con las fotos coloreadas.

“Tal vez pueda lograr que más gente se interese por nuestra historia e identidad y por ahí podemos atraer gente joven, que no está acostumbrada a la foto en blanco y negro”, concluye.

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