Contenedores: la nueva modalidad de casas en los barrios del sur de Mar del Plata

En la periferia de la ciudad se pueden observar enormes cajas metálicas transformadas en garajes y hogares. Un nuevo estilo de viviendas más económicas y de rápida habitabilidad.

Por Redacción

domingo 6 de octubre, 2019

Por Germán Ronchi

No es lo mismo decir “vivo en una caja de metal”, a “vivo en una casa sustentable”. Pero ninguna de las dos formas es errónea. En los barrios del sur de Mar del Plata, empezaron a marcar tendencia la construcción de viviendas en base a contenedores. Una tendencia que se instaló con fuerza en otros continentes y comienza a aparecer en América. Brasil y Colombia se encuentran a la vanguardia de esta moda a la que poco a poco se va sumando nuestro país y la ciudad.

Hoy un contenedor marítimo le da una gran fortaleza a la estructura principal del espacio a habitar, remodelaciones en seco, sin mano de obra especializada y con un bajo mantenimiento. Además de ser una manera de ayudar a proteger el medio ambiente reduciendo residuos.

En Argentina, la legislación y las ordenanzas en torno a esta variedad de construcción aún no se encuentran tipificadas, por lo cual los arquitectos se aproximan a las casas fabricadas con contenedores con un poco más de cautela. Por ello, El Marplatense debió apelar a una entrevista con Nicolás Bianchi para conocer un poco más sobre esta modalidad de viviendas, ya que él mismo transformó un contenedor en su hogar.

 

Las medidas de los contenedores son estandarizadas. Las exteriores son: 6.06 m de largo por 2.44 m de ancho y 2.59 m de altura. El interior mide 5.9 m de largo, 2.35 m de ancho y 2.39 m de altura. El daño que dejan en los terrenos es inferior a las casas de construcción tradicional, pero sí que necesitan cimentación.

Esto no es más ni menos que “pilotes” con profundidad en el terreno y elevación de aproximadamente un metro de hormigón, donde se apoyan las cajas de acero. Lo ideal son seis (tres por lado), para generar un mejor sustento.

“Venía buscando distintas alternativas de construcción. Tampoco me daba maña para absolutamente nada, tenía poca plata y quería hacer algo sustentable. Además, no tenía demasiado tiempo”, le cuenta a El Marplatense Nicolás Bianchi, que vive en el barrio San Carlos.

“Averigüé por internet y me pareció muy interesante esto de los containers, reciclar un tremendo espacio y que lo podía hacer todo yo porque es muy simple la construcción. Investigué y es muy sencillo porque es construcción en seco, así que metí mano con amigos y YouTube”, comenta sobre su llegada a esta modalidad.

En cuanto a la adquisición de los contenedores, confió que “lo compré en Dock Sud. Hay varios lugares. Es que vienen de China y como es costoso devolverlos, quedan abandonados y los venden. Compré, los mandé a buscar con un camión (compré dos) y cuando llegaron acá coordiné con una grúa para apoyarlo sobre unos pilotes de hormigón que previamente dispuse sobre el terreno”.

El metal por ser un material de conducción rápida de temperatura, provoca que los días de mucho frío, el interior también lo esté y de igual manera, con el calor. Por tal razón es imprescindible aislar el interior. “Puse lana de vidrio entre la chapa y el revestimiento de durlock en techo y paredes. Ahora me hice una estufa a leña y el próximo paso es el “techo verde” que te protege del rocío, el frío y el sol para que quede perfectamente aislado el interior de la casa”, destacó Nicolás. Mientras que el piso (de madera), “en la habitación puse flotante y en el resto de la casa, coloqué primero una manta (aluminizada) aislante que se usa habitualmente en techos, una madera finita arriba y le pegué un plotter decorativo”, explicó el vecino del barrio San Carlos.

En cuanto a las aberturas y su “poca maña” para la construcción, expuso que “agarré la amoladora, recorté y puse las ventanas de aluminio. En algunos sectores hice primero una estructura de hierro y en otros directamente la ventana y tornillos al container. Poliuretano expandido y quedó fijado”.

En cuanto a la diferencia económica, en relación a una construcción tradicional, Nicolás destacó que “la gran diferencia la hice sencillamente porque la mano de obra fue mía. Si bien los materiales son caros, son los mismos que se utilizan en una construcción tradicional. Ganás un montón porque no compras ladrillos, ni cemento, ni losa. Y ganás tiempo también. Una vez que lo coloqué en los pilotes, me puse a laburarlo y en un mes ya estaba viviendo ahí”.

Asimismo, en cuanto a los desagotes y conexiones “al quedar elevado del suelo por los pilotes, todas la luz y los caños de agua se hacen por abajo. No hay que picar, se hace un agujero y ya”, dijo.

 

Una particularidad que tienen los contenedores marítimos, es el peso de las enormes puertas. Las cuales, Nicolás desistió de darle utilidad. “Las bloqueé, soldé y les hice ventanas. Pensaba usarlas como postigos de ventana, pero son imposibles, muy pesadas para abrir y cerrar”, confesó este joven que, con dos contenedores y el uso de un par de herramientas, encontró una alternativa de vivienda más económica, sustentable y de rápida habitabilidad.

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