Entre papeles y asesores, los candidatos a intendente se preparan para el debate

Transmitido y organizado por Canal 10 de Mar del Plata, el evento reúne a cinco de los candidatos votados por la población marplatense. La estructura estará delimitada en bloques temáticos y el formato permitirá preguntas cruzadas entre ellos.

Por Redacción

miércoles 16 de octubre, 2019

Cinco de los candidatos a intendente para el partido de General Pueyrredon encabezarán esta noche el primer debate televisivo, de cara a las elecciones generales del 27 de octubre. Con una estructura que se dividirá en bloques temáticos, se espera que cada fuerza presente sus propuestas para una posible gestión y que, además, puedan cruzarse entre ellos a la hora de realizar preguntas.

El evento contará con la participación de Guillermo Montenegro por Juntos por el cambio, Fernanda Raverta del Frente de Todos, Gustavo Pulti de Acción Marplatense, Carlos Fernando Arroyo por Agrupación Atlántica y Santiago Bonifatti por Consenso Federal.

La previa del debate puede resumirse en pocas palabras: papeles, asesores, ires y venires. Por los pasillos que llevan al estudio principal corren organizadores, miembros del staff de cada candidato y hasta periodistas. Los relojes se controlan prácticamente a cada minuto. Faltan diez, siete, cinco, cuatro, tres minutos, y así.

Cada segundo cuenta. Los detalles que cambian todo se ultiman en ese tiempo. Los asesores cargan hojas impresas con datos pequeños y apretados, a veces haciéndole alguna modificación con lapicera al margen. En el camerino, los últimos en prepararse son Bonifatti y Pulti. En el fondo, siempre se oye el murmullo de voces, de gritos que van de aquí para allá anunciando algún cambio de último momento.

En la sala que luego servirá para seguir el debate por medio de dos pantallas de televisión, el equipo de cada político está reunido. Montenegro, Arroyo y Raverta se quedan allí para dialogar un poco con sus allegados antes de dirigirse al estudio principal y ocupar sus lugares. Adentro, los operadores y directores les muestran la escenografía, les explican qué cámara apuntará a quién y a qué pantalla deben estar atentos. Durante esos momentos, los asesores se alejan, esperan a los costados, aprietan los papeles en sus manos.

El equipo de Arroyo no se despega de su lado, ni siquiera en el estudio principal. Mientras Montenegro, Bonifatti y Raverta dialogan un poco con el resto de las personas que se apilan a su alrededor, Arroyo sigue concentrado en su mundo, repasa unas páginas con los datos que luego expondrá. Pulti es el último en aparecer en el estudio, más relajado, poco antes de que sea la hora oficial que dará comienzo al debate.

Cuando el momento decisivo se acerca, el estudio principal comienza a vaciarse. Sólo pueden quedar personal autorizado y, por esos momentos, el murmullo se intensifica hasta desaparecer por el pasillo. 

Cuando las puertas del estudio secundario, aquel que reúne al equipo de cada político, se cierran, la expectativa parece bullir con cada segundo que pasa. Se hace el silencio, por primera vez en mucho tiempo. Ese silencio sólo será roto cuando llegue la pausa y cada asesor pueda reencontrarse con su candidato. Hasta entonces, calma.

 

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