DÍA DE LA MADRE

El desafío de caminar ocho cuadras con cuatrillizas, en primera persona

Parece fácil, pero no lo es, dice Celeste, su madre. Las cuatro nenas que sorprendieron a Mar del Plata en el 2011 ya cumplieron ocho años, pero siguen causando conmoción en la sociedad actual. Entre risas y alegría, Celeste las califica como "extrovertidas y charlatanas". La historia de una mamá, por cuatro. 

Por Redacción

domingo 20 de octubre, 2019

Por Stephanie Barrientos

Son ocho cuadras.

Son ocho cuadras las que separan a Celeste y las nenas del colegio. Ya van a primaria, a segundo grado. Sus maestras y compañeros muestran por ellas un gran cariño, porque son nenas alegres, simpáticas, llenas de risas. Lucen iguales en su físico, pero no tienen los mismos gustos y todas tienen colores favoritos distintos.

Son ocho las cuadras que Celeste y las nenas tienen que caminar. Un tiempo razonable indicaría una caminata de diez minutos, pero tardan veinticinco. “Saludan a todo el mundo, todos les hacen preguntas”, dice la madre.

Qué si son cuatrillizas, que cómo se llaman, que “mirá vos, son cuatro” y demás. Entre miradas sorprendidas, charlas entre extraños y comentarios de aprecio, las nenas van al colegio rodeadas de la misma atención que trajeron aquel 2011, cuando la noticia de su pronto nacimiento se difundió por los medios locales.

“Son unas charlatanas, son muy simpáticas entre ellas y también son muy compañeras”, explica Celeste, entre risas cortas. Sabe que sus nenas son un caso en miles de otros y que, por eso, siempre llaman la atención. “No podés pasar desapercibida”, resalta.

“Las cuatri”, como su madre las llama con cariño, tienen ya ocho años. Los cumplieron el 4 de julio pasado. Un día como ese, pero en 2011, nacieron en el Hospital Materno Infantil. El embarazo de Celeste, catalogado como de alto riesgo, llevó a que no pudieran atenderla en el Hospital Privado de la Comunidad, lo que comenzó una campaña por los medios de comunicación para mantenerla en la ciudad. Si no conseguían un lugar en Mar del Plata, ella iba a tener que viajar a otro centro de atención en Buenos Aires, lo cual no era una opción.

Los pedidos fueron respondidos por las autoridades de ese entonces y por los médicos del Materno, quienes decidieron hacerse cargo del parto y los cuidados. La población en general colaboró con los recursos que pudo aportar y con mensajes de cariño a la futura madre de cuatro nenas. “Fue difícil, los primeros meses fueron los más difíciles y todavía no sé cómo hicimos, pero recibí la ayuda de mucha gente que se preocupó, que me llamó y que habló conmigo” recuerda.

Celeste salió del hospital con dos cochecitos dobles. De cierta forma, es fácil imaginarla tratando de empujarlos por las veredas, o verla intentar acomodar a sus hijas en cuatro sillitas de bebé en el auto, ver las cuatro cunas en el cuarto o pensar qué tan grandes deben haber sido los bolsos llenos de pañales y ropita color rosa.

“Tuve que adaptarme a ellas, todos nos adaptamos a lo que ellas necesitaban”, menciona. La adaptación fue exitosa y hoy, junto a sus otros dos hijos (una nena y un nene), Celeste vive tranquila, a la espera de pasar otro día de la madre con la mejor compañía.

“Ellas estás bien, mis seis hijos están bien, les va bien en la escuela, tienen su salud y son felices y yo estoy agradecida a la vida por ser la mamá de tantos hijos, porque mi caso es uno entre 600 mil y este es el regalo más lindo que pude tener”, dice. Sus hijos la llenarán de cartitas, dibujos, besos y abrazos, comenta entre risas, con el cariño abrigando las palabras como una manta.

“Mi mensaje para todas las mamás es que hay que agradecer cada día por nuestros hijos, a veces nos afecta no poder darles todos los gustos, no poder darles lo que quieren o llevarlos de viaje o a pasear, pero eso no es todo”, reflexiona, para luego agregar: “Lo más lindo es tenerlos con nosotras, poder darles el amor que tan importante es en la familia”.

Son ocho cuadras las que separan a las nenas del colegio. Ocho cuadras en las que ellas se encargan de devolver un poco el amor que reciben. Ocho cuadras en las que, las cuatro juntas, disfrutan de sus ocho años y esperan los que vendrán. Mientras tanto, su madre disfruta de poder acompañarlas, como si fuera el primer día.

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