Parador Ariston: del abandono total al sueño concreto de restauración

Vanessa Bell es una periodista anglo argentina especializada en curaciones arquitectónicas. Hace poco días, confirmó en sus redes sociales que obtuvo un contrato de exclusividad para restaurar el mítico edificio. No te pierdas este mano a mano de El Marplatense con quien tiene un sueño multitudinario en sus manos.

Por Redacción

lunes 4 de noviembre, 2019

Por Javier Novoa

Vanessa Bell es periodista y curadora especializada en arquitectura. Días atrás, a través de sus redes sociales confirmaba el comienzo del sueño de muchos. La posible restauración del icónico Parador Ariston. 

El edificio, desde que fue cerrado en 1993 se encuentra en un estado deplorable y de total abandono. Luego de la iniciativa de distintos arquitectos y de la Facultad de Arquitectura de Mar del Plata para recuperar el edificio, se conoció que Bell consiguió de parte de los dueños un contrato de exclusividad para refaccionar Ariston. La única clausula es que en el plazo de 6 meses tiene que conseguir USD 300.000. 

"Hay tres etapas, primero conseguir los fondos para adquirirlo, luego hay una segunda etapa que sería la restaurativa y finalmente asegurar el futuro a largo plazo", detalló Vanessa Bell a El Marplatense. "No es un negocio comercial, yo solo soy el vehículo para que se pueda recuperar y restaurar", agregó.

"Tiene un valor inmenso, incalculable. Hace muchísimo que me encanta Mar del Plata, pero con mis raíces inglesas, y viendo el legado arquitectónico quise hacer algo que levante a la ciudad. Quiero tomar esto al hombro, Mar del Plata perdió un poco su brillo y con esta restauración se puede levantar. No hay dudas de que su restauración tendrá un impacto a nivel mundial", expresó visiblemente emocionada la periodista que buscará llevar adelante esta restauración.

Para conseguir el dinero, se llevará a cabo un evento auspiciado por la Embajada Argentina, donde vendrán personas destacadas de Inglaterra. Allí se presentará el proyecto y se irán delineando los aportantes del dinero. "No tengo dudas de que vamos a juntar los fondos. Seguro habrá un grueso aportado por pocas personas ni bien abramos el proyecto y luego iremos recolectando el faltante", aseguró Vanessa firmemente decidida del éxito del proyecto que lleva a cabo.

"Soy muy curiosa, siempre buscando la vuelta, tocando tiembre, puertas, el no, no existe para mí. Un amigo me llevó a verlo y cuando lo vi me cayó la ficha. Había que ver como llegaba a los dueños y les hacía una propuesta", explicó sobre el momento en el que consiguió dar con los dueños del Parador.

"La semana que viene me presentaré con la Unviersidad de Mar del Plata y con la gente que estuvo haciendo estudios para empezar a trabajar con ellos", adelantó sobre lo que sucederá.

"Esto lo hago por amor, por perseverancia, por mostrarle a la gente que más allá de la crisis, de los problemas y de la situación del país, si uno quiere puede lograr lo que sea", cerró Vanessa sobre el sueño que busca llevar a cabo y que representa a más de uno en la ciudad.

Vanessa Bell recorriendo el Paradon Ariston

La estructura

 

El “Parador Ariston” es una losa sostenida por cuatro columnas de hormigón armado, con una planta elevada que, vista desde arriba, asemejan un trébol. Fue diseñado para funcionar como espacio gastronómico y salón de fiestas, pero también funcionaron allí otros emprendimientos, cafetería, discoteca y parrilla, hasta su cierre definitivo en 1993, fecha señalada como el inicio de su deterioro.

El edifico, construido en 1948, fue diseñado por el arquitecto modernista Marcel Breuer, y los arquitectos argentinos Carlos Coire y Eduardo Catalano. Breuer es mundialmente reconocido por haber sido miembro de la escuela Bauhaus en Weimar, Alemania, y el Parador Ariston es la única obra del arquitecto húngaro en Latinoamérica, por lo que su conservación es muy valiosa, no sólo para la ciudad de Mar del Plata.

Para diseñar esta confitería el arquitecto, utilizó el criterio que había acuñado dos años atrás, el de vivienda binuclear. Hizo una estructura en forma de trébol, con sus superficies curvas para permitir el máximo acristalamiento. Utilizó un volumen de hormigón armado. Su construcción fue muy rápida y fue financiada por la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires (UBA) donde Breuer había venido a realizar un curso. Los aires del movimiento moderno llegaban a la Costa Atlántica.

 

 

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