El “apóstol” Hurtado dijo ser inocente y que “la única familia dividida” es la suya

El hombre que dirigía una secta en Mar del Plata y captaba a sus fieles a través de mensajes de fe está acusado de los delitos de trata de personas con fines de explotación laboral y abuso sexual. También prestó testimonio una psicóloga del Programa de Rescate quien explicó que para las víctimas de esta organización “autonomía era elegir siempre lo mismo, lo que mandaba el pastor, o Dios”.

Por Redacción

jueves 14 de noviembre, 2019

En la última audiencia de incorporación de prueba en juicio, declaró Isaías Néstor Hurtado, el apóstol que está acusado (junto a su ex pareja Patricia Soledad Padilla Coronado) de haber captado con mensajes religiosos a “fieles” para que se congregaran en el Ministerio que dirigían en Mar del Plata, sacando provecho de la situación de vulnerabilidad económica y emocional que atravesaban, para reducirlos a la servidumbre, explotarlos laboralmente y desapoderarlos de sus bienes. El hombre además llega a juicio por haber utilizado tal discurso para abusar sexualmente de mujeres que allí concurrían. A la causa donde se investigó el delito de trata de personas se le sumó otra para Hurtado, por amenazas coactivas reiteradas presuntamente cometidas telefónicamente desde la unidad penitenciaria de Ezeiza, donde cumple arresto

Hurtado se sentó frente a los jueces del Tribunal, Roberto Falcone, Mario Portela y Alfredo Ruiz Paz, e hizo uso a su derecho de prestar declaración. Empezó pidiendo perdón, “al señor Jesucristo”, a quien fuera su esposa por ocho años, y a sus ocho hijos. “Quiero aprovechar todos estos minutos para poder salvar el nombre de Jesucristo, creo se ha puesto en juego el evangelio del señor Jesucristo”, planteó más adelante y fue interrumpido por el presidente del TOF, quien le aclaró que debía circunscribirse a los hechos imputados: “No es pertinente la invocación a Dios, ni siquiera en este acto, esto es una cuestión terrenal”.

El acusado hizo un recorrido de sus últimos años, cómo llegó a Argentina desde Chile y dio cuenta de las ciudades en las que vivió hasta llegar a Mar del Plata a fines de 2004. Un pastor amigo de Estados Unidos dijo que le dio el dinero para comprar los equipamientos de la radio e hizo mención al “respaldo” del extranjero para comprar luego el terreno donde se montó el templo.

“La gente nos escuchaba en la radio y empezó a llamar para ser parte”, sostuvo y desechó cualquier tipo de captación con finalidad de explotación económica. “No hacían nada para querer irse de mi lado”, mencionó en un pasaje de su relato.

Una gran parte de su exposición (que se extendió por más de una hora y no admitía preguntas de jueces, fiscal ni querellas) estuvo destinada a desestimar los abusos sexuales al referir que fueron relaciones supuestamente consentidas. “Yo sembré mentiras y estoy cosechando mentiras”, apuntó en relación al ocultamiento de estas situaciones a su grupo familiar (“cometí un error humano”, refirió) y a los relatos de las víctimas. Incluso deslizó que podía tratarse de una cuestión de “despecho” alguna acusación en su contra.

Sobre el final de su declaración, Hurtado marcó varias veces que “la única familia dividida es la mía”, en relación a la separación de hecho con su coimputada, y a una de sus hijas que se fue del país.

“VIDA TOMADA”

En el inicio de la audiencia prestó testimonio la psicóloga Daniela Iozza del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a personas damnificadas por el delito de trata de personas del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, quien intervino -junto a una trabajadora social- al momento de los allanamientos de julio de 2016. En primer lugar, brindó detalles de los lugares donde se realizaron los operativos -la vivienda de Hurtado, el terreno donde se alzaba el Templo que contaba con una vivienda precaria y otra vivienda ubicada enfrente- y de las entrevistas que mantuvieron con las personas halladas en cada sitio.

Por otro lado, refirió que notó un discurso “inquebrantable” por parte de los jóvenes entrevistados, cuyos relatos estaban atravesados por citas religiosas, códigos y hasta un lenguaje determinado, como por ejemplo al hablar de dinero mencionaban el término sembrar. Mencionó también que los vínculos de intimidad / familiares que se forjaron no eran casuales: “convivir con las personas promueve un mayor control”. Y como contrapunto, apuntó que había un aislamiento de los y las “fieles” de sus grupos familiares.

A su vez, sostuvo que las personas que llegaban al lugar estaban atravesadas por distintas problemáticas, como pérdidas afectivas muy importantes, consumo problemático de alguna droga o conflictos con la ley penal.

Cuando el fiscal general Juan Manuel Pettigiani le preguntó si las personas entrevistadas tenían autonomía, la profesional explicó que “por el relato, ellos decían que elegían, pero creemos que estas prácticas tomaban todas las áreas de sus vidas”. “Autonomía era elegir siempre lo mismo, lo que mandaba el pastor, o Dios”, añadió. Y en este sentido marcó el lazo de poder que regía hacia el interior de la organización: “generar esperanza, que es una necesidad humana muy importante y generar confianza, puede ser usado con fines no tan buenos”. Y fue a un punto más concreto aún: había una pareja dentro de la “congregación” que no podía casarse hasta que Hurtado no lo determine: “había un control sobre sus vidas y hasta sobre su sexualidad”.

Las prácticas que las personas entrevistadas refirieron hablan de tener que participar de la radio y concurrir a las reuniones religiosas. “Se invocaban pasajes sagrados, donde se obligaba o exigía hacer determinadas cosas. Era una práctica instituida que después era un ritual, y después se hacía natural”, sostuvo Iozza, quien refirió que primero se “inculcan formas de pensar o de creer” y después “toda tu vida está tomada”.

Al momento de las preguntas de las defensas, se centraron en la trayectoria de la profesional y en cuestiones que hacen a la libertad ambulatoria de las víctimas, como si había candados en las habitaciones, si contaban con su DNI, si tenían posibilidad de ir y venir a su trabajo. ¿Ha visto explotados con esta libertad?, le preguntó un abogado de la defensa oficial. La respuesta fue que sí, y explicó: “Los mecanismos que funcionan en el sometimiento no solo se ejercen con un candado, las puertas cerradas con llave o restricciones físicas, hay mecanismos más sutiles, más sofisticados, para que las personas accedan a hacer lo que otro dice. Es más efectivo en el tiempo”, sostuvo.

“La coerción es una forma de restringir, de condicionar, las formas de actuar. Al invocar la palabra o un mandato sagrado, cierra perfecto”, apuntó más adelante ante la consulta del Tribunal.

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