"Para tu papá": el retorno a la Base Naval de los hijos que dejó el ARA San Juan

El acto en conmemoración de los tripulantes del submarino trajo consigo una mezcla de tristeza, orgullo y emoción. Los familiares se movilizaron hasta la base como tantas veces habían hecho para encontrarse con sus padres, hijos o hermanos. Algunos todavía los buscan entre los uniformes blancos que desfilan por la plaza central. La historia.

Por Redacción

viernes 15 de noviembre, 2019

Por Stephanie Barrientos 

“Ahí viene tu papá”.

Toda la acción comienza así. Es estacionar el auto en la puerta de la base naval, esperar al sol o bajo la lluvia a que aparezca una figura con uniforme blanco militar u overol azul a lo largo del camino que lleva hasta el muelle del submarino. Es divisar esa figura a lo lejos.

Todo es calma por esos momentos, es el mar con sus olas y las gaviotas hasta que esa frase lo cambia todo.

“Ahí viene tu papá”.

Las palabras desencadenan la acción. Son niños que salen corriendo del auto, niños que se agachan y cruzan por la barrera baja de la base, con la sonrisa cómplice del guardia de turno. Es correr al tope de lo que dan las piernas para cubrir las distancia que los separan, lo más rápido posible.

“Ahí viene tu papá”.

En algún punto de carrera, el padre baja el bolso que tiene colgado al hombro y se agacha, abre los brazos para recibir a su hijo o a su hija, lo abraza y lo alza en las alturas para darle vueltas por los aires. De fondo, está el submarino, negro contra el concreto gris, meciéndose constantemente.

La base naval, para los chicos, es reencuentro, es orgullo, es visita. Es pasar algún acto especial bajo el sol, viendo con curiosidad como los oficiales desfilan con uniformes blancos. Para los chicos, es hacer sonar la bocina de los submarinos durante navidad o año nuevo, es correr entre los hijos de otros submarinistas, es probarse las gorras y boinas de oficiales, que todavía quedan demasiado grandes en sus cabezas.

Hoy, la base naval es reencuentro, pero también es un adiós. El acto aniversario del segundo año de la desaparición del ARA San Juan es una combinación extraña entre alegría y dolor. Es como el cielo, en el cual cada tanto el sol desaparece tapado por las subes que arrastra el viento costero.

A pesar de la tragedia, el acto militar es casi el mismo que se ha hecho en otras ocasiones, como las fechas patrias. Es la misma formación de oficiales, la misma banda entonando el himno nacional, la misma organización de las sillas, los mismos uniformes blancos, pero también es diferente.

Así lo sabe Alejandra Sánchez, hermana del oficial principal Alberto Sánchez. “Es horrible, es venir a la Base y ver tantos uniformes blancos hoy, buscarlo, saber que él estaría acá, es sentir el viento y pensar que deben andar por acá”, dice, con emoción.

“Hay que entender que todo termina o todo comienza ahora”, explicó a El Marplatense. “Nos pone mal pensar que hace dos años, un día como hoy ellos estaban navegando, y que en unas horas se venía la verdadera tormenta”, sigue.

Para Alejandra, lo primordial es que no se los olvide. “Esperamos verdad, justicia, que sepamos lo que pasó y encontremos a alguien que nos escuche y ayude realmente, que la vida de ellos no haya sido en vano, eso queremos”, concluye.

De forma similar se expresó Héctor, yerno del suboficial segundo Daniel Fernández.Esto se siente como una reunión, se puede sentir la presencia de todos ellos”, asegura. Para su familia, el acto significa una forma de recordar al submarinista. “Ellos hicieron lo que tenían que hacer, mi yerno siempre decía que si le pasaba algo, ahí tenía que quedar, en el mar”, expresa.

Las condecoraciones al honor militar se entregan una por una. La mayor parte de los receptores son mujeres, madres, hermanas y esposas del dolor. Pero hay algunas excepciones. Algunas de esas mujeres están acompañadas por sus hijos, por niñas y niños pequeños que reciben las medallas.

“Es para tu papá”, les dicen, mientras los saludan con alguna palmada en la cabeza, y los chicos abrazan la insignia contra el pecho, con orgullo, con lágrimas en los ojos. Al salir, recorrerán a la inversa el mismo camino que hacían para encontrarse en el abrazo de su padre o su madre, pero esta vez, en su lugar, abrazarán una caja con una condecoración.

"Es para tu papá", les dicen y, por momentos, es un reencuentro.

 

Comentarios