Invitó a comer a un chico que vendía en la calle y comenzó una cadena de solidaridad

Kevin es invisible. Espera en las calles todos los días y ve a la gente pasar, les ofrece pañuelos de papel que vende para pagar un cuarto de hotel. Kevin es de Buenos Aires, tiene 17 años, una historia llena de momentos difíciles y "un re futuro" que podría haber alcanzado si no hubiera dejado el rugby cuando era chico. Juan Manuel lo invitó a compartir una tarde con él en un café de Alem y despertó la empatía de la sociedad marplatense. La historia.

Por Redacción

jueves 5 de diciembre, 2019

El camino de los invisibles no es sencillo. Van por las calles, esperan en las esquinas, sentados sobre el cordón o en algún escalón de un comercio. Pasan desapercibidos, se mezclan con los edificios y la gente que camina apurada sobre la vereda.

Lo único que los identifica es lo que traen en las manos o en algún pequeño bolso. Pañuelos de papel, cartitas, elementos de limpieza, lapiceras, lo que sea que puedan conseguir para vender. A cada persona que pasa les ofrecen esos elementos, a veces con alguna palabra queda, con algún discurso preparado o con un simple gesto, pero no todos responden. Les dedican alguna sacudida de cabeza, algún asentimiento, no más. Sus ojos nunca se cruzan.

Eso le pasó a Juan Manuel Mendez. Salía a caminar por Alem cuando se encontró con un adolescente que le ofreció pañuelos de papel. “Con esa capacidad burguesa de mirar para el costado le dije ‘No puedo’ y seguí caminando, el chico me agradeció, no de forma socarrona ni irónica, sino muy respetuosamente”, contó, por medio de una publicación en las redes sociales.

El intercambio de palabras hizo que Juan Manuel viera a Kevin por primera vez, le quitó el manto de invisibilidad que lo cubría hasta entonces. “Sentí que mi actitud con él no había sido buena o al menos la ideal, así que decidí llamarlo, cuando se acercó le pregunté si quería comer algo y me dijo que si, le pregunté qué era lo que le gustaba y me contestó ‘Lo que usted diga jefe’".

Pidieron un tostado. Kevin esperó en su lugar usual, lejos de la mesa, lejos de la gente. Juan Manuel lo invitó a la mesa y él aceptó. Les dijo que tenía 17 años, que jugaba al rugby de chico pero lo tuvo que dejar y que se perdió “un re futuro ahí”, que le pasaron cosas, cosas bastante feas que quizás lo hubieran llevado a la cárcel o al cajón. “Nos contó que es de Buenos Aires y que es el menor de 8 hermanos, que vino caminando hasta Mar del Plata, buscando por un lado una oportunidad que le permita trabajar y por otro lado escapando de una realidad dura, porque sus hermanos que andaban en cosas feas”, continuó.

Entre charla y charla descubrieron que Kevin vende pañuelos para pagar una habitación del hotel, que apenas consigue algo para comer, que cuando llegó a mediados de septiembre dormía en la calle con otros compañeros y que en uno de esos primeros días le robaron el bolso con ropa, los pañuelos que tenía para vender, su DNI y partida de nacimiento. Nadie lo atendió cuando fue a hacer la denuncia, afirmó Juan Martín. Después pasó dos días en minoridad, un lugar a donde ya no quiere volver.

El tostado que Kevin pidió quedó a medio comer. “Para más tarde”, no dijo Kevin, pero Juan Manuel lo supo, lo supo en la forma en la que lo dosificaba y lo guardaba en una bolsa de papel que la camarera le alcanzó. El adolescente se despidió luego, con un apretón de manos y una promesa de que consideraría volver a ese café la semana próxima, para encontrarse con Juan Manuel.

“Le dijimos que solemos ir al café y que su lugar en la mesa está asegurado”, escribió en el post. Una silla, unos minutos, una comida caliente y una conversación. Los elementos que bastaron para sacar al adolescente del limbo diario de la marginalidad, de la invisibilidad. La publicación de Juan Manuel bastó para comenzar una cadena de favores, de ofrecimientos, de interés y de ganas de ayudar.

La empatía del pueblo marplatense resurgió con un simple gesto, con un tostado a medio comer, una historia de vida y un post en Facebook. Empatía hacia los invisibles, hacia aquellos que recorren las calles y que nadie parece ver.

"No soy un héroe"

 

"No soy un héroe", le dijo Juan Manuel a Radio Mitre Mar del Plata. "No quiero que esto parezca algo que solo los héroes pueden hacer", agregó.

"Mi compromiso es acompañarlo, que la ayuda no quede solo en este hecho, sino que siga y que si alguien se anima encuentre otro Kevin y lo acompañe también", continuó. Actualmente, la ayuda se enfoca en buscarle ropa y en regularizar su situación de papeles, sobre todo el DNI. 

"Los que quieran ayudar pueden buscar la publicación en Facebook, me agregan, me mandan mensaje por privado y yo voy respondiendo. Trato de conseguir un lugar donde guardar las cosas, porque mi idea es tratar de que todo esto no lo abrume", concluyó. Kevin mediría alrededor de 1,75, calzaría entre 41 y 42 y es de contextura delgada.

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